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Nasser Kandil. Tras la cumbre virtual de los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, de Irán, Hassan Rohani y de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, surgió una atmósfera positiva con respecto a la posibilidad de un cambio de actitud por parte de los turcos en el noroeste de Siria, en relación al destino de los grupos armados presentes allí.

Muchos han establecido un vínculo entre esta postura y el interés de los turcos en la actual confrontación en Libia, especialmente después de la posición adoptada por Egipto y las perspectivas de una posible intervención militar de este país que probablemente dificulte la posición de los turcos sin su retirada de Siria, para la cual necesitaría un apoyo ruso-iraní más extenso.

Algunos análisis hablan de una oferta turca hecha por el presidente Erdogan a Rusia e Irán.

La oferta turca se basa en dos fundamentos, el primero es la confirmación por parte de Turquía de un conflicto declarado con Arabia Saudí por el liderazgo del mundo musulmán sunní.

La solicitud de apoyo ruso-iraní por parte de Turquía se basa en un inventario presentado por Erdogan sobre el fracaso de los esfuerzos de Moscú y Teherán para acercarse a Riad, que les es hostil y que ejecuta exclusivamente las políticas estadounidenses, al contrario de Turquía, que sí tiene en cuenta los intereses rusos e iraníes, incluso si eso implica un distanciamiento con respecto a las políticas estadounidenses y conlleva consecuencias.

El segundo es que Turquía estaría lista para desmarcarse aún más en sus relaciones con los estadounidenses, teniendo en cuenta las limitaciones que le imponen sus vínculos con rusos e iraníes. Entre otras cosas, se trata de no vincular su presencia en Siria con la de EEUU y, al mismo tiempo, adoptar una actitud más firme en contra de las intenciones de anexión de Cisjordania por parte del régimen israelí y en favor de cooperar con Irán, con la ayuda de Qatar, para apoyar a Hamas y fortalecer a la resistencia de la Franja de Gaza ante las presiones “israelíes”.

La oferta de Erdogan aboga también por una mayor cooperación turco-siria-iraní-rusa para poner fin al pequeño estado de los grupos armados kurdos en el noreste de Siria.

Turquía está pidiendo la ayuda de Rusia e Irán en los espacios en los que estos dos países tienen el poder de influir para favorecer el dominio de la autoridad turca sobre el entorno sunní, que había estado controlado por Arabia Saudí, pero donde ahora se aprecia una caída de la influencia saudí. Hay que mencionar en concreto a la organización de los Hermanos Musulmanes, a los que Turquía apoya y a los que se oponen Arabia Saudí y los EAU, y que están presentes en varios países árabes.

Según esta oferta, Erdogan dice que está listo para garantizar que estos grupos no excedan límites específicos en cada países. Según los análisis, el presidente ruso, que se había comprometido a organizar reuniones sirio-turcas con el apoyo de Irán, expresó cierta prudencia. Esta actitud es compartida por el presidente iraní, con respecto a la posibilidad de cualquier papel para los Hermanos Musulmanes en Siria, debido a la posición categórica siria de rechazo a este tema.

Además, el presidente Putin ha sido cauteloso con respecto a una participación en el conflicto egipcio-turco ya que Moscú desea desempeñar un papel de mediador y no de parte interesada.

El problema, según los análisis mencionados, es que las políticas saudíes, y hasta cierto punto las posturas egipcias, refuerzan la oferta de Erdogan.

Arabia Saudí, que se ajusta a las posiciones estadounidenses e israelíes, es relativamente hostil a Rusia e Irán, y ofrece su territorio, su petróleo y sus medios de comunicación como instrumentos de estas políticas.

Y Egipto está comprometido con la entidad sionista en la construcción de un gasoducto hacia Europa para competir con el gas ruso. Sin embargo, Turquía y Rusia son socios en el oleoducto europeo, y la intervención turca en Libia tiene el efecto de bloquear el oleoducto egipcio-israelí. Turquía mantiene también buenas relaciones con Irán, pese a sus diferencias en el tema sirio.

Según estos análisis, los obstáculos a la propuesta turca podrían perder su importancia si aumenta el nivel de escalada en la región, y si Arabia Saudí se ve cada vez más involucrada en políticas hostiles, especialmente porque las ofertas turcas incluyen el uso de las capacidades financieras de Qatar, el único aliado de Turquía, para ayudar a resolver ciertas crisis financieras en el Líbano, Iraq, Palestina y Siria.