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El presidente de Bielorrusia asegura que su país defenderá a Rusia en caso de que los países occidentales lancen una agresión contra este país.

“Si alguien intenta llevar a cabo un acto de agresión contra Rusia a través de Bielorrusia o cerca de Bielorrusia, nuestro Ejército de 60 000 a 65 000 efectivos irá a la guerra”, dijo el presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, en una entrevista con medios rusos transmitida el miércoles.

Lukashenko subrayó que “el Occidente es la zona de responsabilidad” de Bielorrusia, según estipulan el Tratado de Seguridad Colectiva (1992) y el Tratado de la Unión (1999) de Rusia y Bielorrusia, que incluyen, efectivamente, cláusulas sobre la prestación de ayuda mutua.

El mandatario bielorruso afirmó que “si algo así sucede en dirección occidental”, su país “se apresurará a defender a Rusia”.

Enseguida, Lukashenko también destacó la disposición de Rusia para unirse a Bielorrusia “para repeler una agresión desde el occidente” contra este país.

La crisis social desatada desde el 9 de agosto por las multitudinarias protestas contra el resultado de las elecciones presidenciales bielorrusas —de las que Lukashenko salió victorioso— ha sido un nuevo pulso entre Rusia y el Occidente. Los gobiernos de Minsk y Moscú ven detrás de la situación caótica en el país, los elementos de injerencia de los países que cuestionan la legitimidad de la reelección de Lukashenko, denunciando un fraude en los comicios.

En medio de dichas tensiones, Lukashenko ordenó al Ministerio de Defensa de Bielorrusia que supervisara de cerca el movimiento de las tropas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Polonia y Lituania y trasladar una brigada de asalto aéreo a la frontera occidental del país.

Posteriormente, las fuerzas bielorrusas realizaron unas maniobras militares en la región de Grodno, en el extremo occidental del país, y la zona fronteriza con Polonia y Lituania, utilizando carros de combate, transportes blindados, paracaidistas, artillería, etc.

Por su parte, Rusia ha asegurado que no está interesado en una nueva carrera armamentista, si bien ha dejado en claro que “se ve obligado” a perfeccionar sus capacidades combativas ante la OTAN, pues la Alianza Atlántica no deja sus movimientos provocativos, a la hora de realizar vuelos espías y ejercicios militares cerca de las fronteras rusas.

Las sanciones contra Bielorrusia no prosperan

La Unión Europea quiere imponer sanciones contra Bielorrusia en el contexto de las protestas que se desataron en el país tras sus elecciones de hace un mes. Pero para eso, primero tiene que poner orden en su propio espacio y conseguir el consenso de los 27 miembros, algo que la voz discordante de Chipre impide. Hablamos con un experto al respecto.

Cuando se trata de política exterior, la UE exige consenso absoluto. Chipre lo sabe y, en el contexto de las tensiones que se están produciendo en el Mediterráneo oriental con Turquía, su Gobierno ha dejado claro que lo que ocurre a pocos kilómetros de sus costas es prioritario ante las medidas contra Lukashenko.

Chipre, que en junio ya propuso añadir siete entidades turcas más a la lista de sancionados por la UE, ha declarado que hasta que la Unión no tome medidas sancionatorias contra Turquía, su Gobierno no dará luz verde a las sanciones contra el Gobierno del país exsoviético. Y Bruselas no tiene interés en aumentar las ya existentes fricciones con Ankara.

Hablamos con el director del Instituto de la Unión Económica Euroasiática, Vladímir Lepejin. El mandatario de este bloque económico que integra a Rusia, Bielorrusia Armenia, Kazajistán y Kirguistán cree que Europa está dividida y que la falta de consenso en torno a la cuestión bielorrusa lo demuestra.

"Vemos que dos grandes países europeos, Francia y Alemania, cambiaron su posición hace tiempo y que ya no están interesados en anunciar sanciones económicas. Es decir, Europa está dividida", opina Lepejin.

El politólogo ruso cree que es posible que detrás de todo lo que está ocurriendo en Bielorrusia estén países como Polonia y Lituania, supuestamente interesados en desestabilizar a su país vecino con la ayuda de Reino Unido y de diferentes fundaciones estadounidenses, como la del controvertido filántropo George Soros.

"Quienes intervienen en Bielorrusia presionan con sanciones tanto a Rusia como a Bielorrusia, pero ya no tienen el apoyo total. Hay un juego en marcha, y ya no existe la unidad y el deseo de antes de imponer más sanciones", continúa el interlocutor de Sputnik.

En este sentido, Lepejin ve claro que las protestas de Bielorrusia no durarán mucho.

"Los desbocados partidarios del derrocamiento de Lukashenko, y más concretamente, los políticos polacos y lituanos, ya no tienen el apoyo de muchos otros países de Europa. La revolución se está sofocando, el intento de pasar a la fuerza no resulta y Rusia ha prometido apoyar a Bielorrusia. En Occidente son conscientes de todo esto", manifiesta Vladímir Lepejin.

Las protestas comenzaron en Bielorrusia tras las elecciones del 9 de agosto, en las que Lukashenko obtuvo la victoria por el 80% de los votos. Parte de la sociedad civil no se creyó esos resultados y la Unión Europea no los reconoció, aduciendo falta de credibilidad y falsificación de los comicios.

La UE ya acordó imponer sanciones individuales a Minsk en respuesta a la violencia de la Policía bielorrusa contra los ciudadanos, y países como Estonia, Letonia y Lituania ya han vetado la entrada a 30 funcionarios bielorrusos.

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