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Un ex miembro del personal del Partido Demócrata que ahora trabaja para Facebook admitió haber difundido la historia supuestamente exponía los lazos ucranianos del candidato presidencial demócrata Joe Biden y ha alentado a los "verificadores de hechos" a destruirla.

Como la historia del New York Post afirmaba que el vástago de Biden, Hunter, había presentado a su padre a un ejecutivo energético ucraniano menos de un año antes de que el entonces vicepresidente presionara a Kiev para que despidiera al principal fiscal del país, se extendió por las redes sociales el miércoles por la mañana, el ejecutivo de comunicaciones de Facebook Andy Stone anunció que el gigante de las redes sociales estaba “ bloqueando la distribución [de la noticia] en nuestra plataforma. "

La censura fue solo “una medida temporal” hasta que " socios externos de verificación de hechos de Facebook " pudieran sellar su “aprobación en la historia”, aclaró Stone en un tweet posterior, confirmando que había marcado preventivamente la historia como desinformación. Stone promociona abiertamente al Partido Demócrata en su perfil de Twitter, que muestra que trabajó con el Comité de Acción Política de la Mayoría de la Cámara, la senadora demócrata de California Barbara Boxer, el Comité de Campaña del Congreso Demócrata y el representante demócrata de California Jerry McNerney.

El anuncio de Stone llamó la atención del comisionado federal de Comunicaciones, Brendan Carr.

La historia de la " bomba " que Stone estaba tan ansioso por ocultar en Facebook es que el joven Biden había presentado a su padre al ejecutivo energético ucraniano Vadim Pozharskyi, un alto empleado de Burisma Holdings, menos de un año antes de que el vicepresidente de Kiev obligara a Kiev a despedir a un fiscal. que estaba investigando Burisma. A Hunter Biden se le pagó infamemente $ 83,000 al mes por sentarse en el directorio de Burisma, a pesar de no tener experiencia ni con Ucrania ni con el sector energético.

La historia del Post se basa en correos electrónicos recuperados de una computadora perteneciente a Hunter Biden por un reparador al que se le dio la computadora portátil para que la arreglara en abril pasado. En otro correo electrónico, Pozharskyi supuestamente le pregunta a Hunter cómo podría " usar su influencia " en nombre de Burisma con la administración Obama. Tanto la computadora como su disco duro fueron confiscados en diciembre por el FBI después de que el técnico se puso en contacto con la agencia, pero el técnico afirmó haber hecho copias del material incriminatorio.

Después de que la historia ya hubiera circulado en las redes sociales, la campaña de Biden intervino para negar que hubiera tenido lugar cualquier reunión entre Biden y Pozharskyi, aunque no comentó sobre ninguno de los aspectos más lascivos de las historias del Post, incluidas fotos y videos que parecen mostrar al hijo del candidato fumando crack y teniendo relaciones sexuales.

Aparentemente, preparándose para el impacto del verificador de hechos, el Post informó que el informante que había filtrado los correos electrónicos estaba trabajando con el Comité de Asuntos Gubernamentales y Seguridad Nacional del Senado para verificar la información. Afirmó haberse comunicado con el comité en septiembre después de que publicara un informe sobre los aparentes conflictos de intereses de Biden, que incluía un pago de $ 3,5 millones de la esposa de un exalcalde de Moscú a una empresa cofundada por Hunter Biden.

Los incondicionales de Blue-checks y #Resistance se unieron a la defensa de Stone (y Biden) en Twitter, advirtiendo que la historia del Post se basaba en una "enorme falsedad", a saber, que Biden había obligado al gobierno ucraniano a despedir al fiscal que estaba investigando Burisma. Esto era falso, argumentaron, porque “otros también querían que se despidiera al fiscal”.

Sin embargo, otros observaron que el partidismo flagrante de Stone constituiría un escándalo en circunstancias normales. “ Ustedes están interfiriendo en las elecciones ,” apuntó un usuario indicado .

El feed de Stone en Twitter se ensalza con alardes sobre la supresión de contenido en Facebook, incluidas las afirmaciones de que la plataforma " mostró advertencias en más de 150 millones de piezas de contenido " que habían sido " desacreditadas por uno de nuestros verificadores de datos externos ", eliminado " más de 120.000 piezas de contenido de Facebook e Instagram ”por violar su política de EE. UU. sobre interferencia en los votantes, y “ rechazó los envíos de anuncios antes de que pudieran publicarse aproximadamente 2,2 millones de veces. "

Sin embargo, Facebook está lejos de ser la única plataforma de redes sociales que atrae a los apparatchiks demócratas. El ejecutivo de comunicaciones de Twitter, Nick Pacilio, trabajó anteriormente como secretario de prensa de la candidata demócrata a la vicepresidencia Kamala Harris, mientras que el jefe editorial de la plataforma para Europa, Medio Oriente y África, Gordon MacMillan, es miembro de la infame unidad de guerra de información de la Brigada 77 del ejército del Reino Unido.

Twitter aplicó una pantalla de advertencia a la historia del Post a última hora de la tarde del miércoles, presentando a los usuarios que hicieron clic en el enlace con una alerta de que "el enlace puede no ser seguro" para asustar y que los usuarios no entraran a leer la noticia.

Twitter, citada en el Senado de EEUU por censura e interferencia electoral

Alfredo Jalife-Rahme

Twitter es puesto en la picota por censurar en forma obscena los correos de Hunter Biden en sus tratativas mafiosas con Ucrania y China que fueron reveladas por New York Post. Independientemente que el afectado sea el Partido Republicano, es altamente peligroso para la democracia su favoritismo flagrante hacia uno de los candidatos presidenciales.

Internet, un invento del Pentágono en su modalidad DARPA, se convirtió geopolíticamente en un vector de la hegemonía de EEUU.

En forma paradójica, tal vector hegemónico que es exhibido por los gigantes de Silicon Valley —Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft y Twitter que sostienen la prosperidad de Wall Street— no solamente controlan el deambular y la intimidad de los ciudadanos valetudinarios, quienes se encuentran impotentes y encerrados en la jaula cibernética del siglo XXI, sino que también con su enorme poder tecnológico jamás visto en la historia de la humanidad han creado lo que he acuñado como una cibercracia que no se atreve a decir su nombre y que en realidad rebasa los alcances de la plutocracia imperante en EEUU donde la democracia es solo un recurso publicitario vacío de todo contenido.

Suena inédito que, en una plutocracia, falsamente definida como democracia, una empresa como Twitter se atreva siquiera a censurar sin pena ni gloria —siendo una plataforma y no un vehículo de información editorial—, los tóxicos correos de Hunter Biden, hijo del candidato presidencial y exvicepresidente Joe Biden quien va a la cabeza de las preferencias electorales, de acuerdo con las encuestas que suelen ser muy sesgadas cuando no fallidas en EEUU.

Dejo de lado, para beneficio del análisis casto y puro, a persecución que me infligió Twitter a demanda expresa del polémico expresidente Felipe Calderón y su aliado Enrique Krauze Kleinbort (vinculado a George Soros), lo cual, visto en retrospectiva, me benefició ante la opinión pública.

Justamente en mi análisis forense exhibí los poderes que controlan Twitter que hoy favorecen una presidencia de Joe Biden, quien cuenta con el apoyo confeso no solamente de los gigantes de Silicon Valley, sino también de la banca de Wall Street, de Hollywood y hasta de la NBA. Con tanto apoyo era innecesaria la censura de los "correos de Hunter Biden" expuestos por el New York Post, al menos que sea vulnerable y muy artificial la cantada delantera de Joe Biden en las encuestas...

Más que la identidad del próximo presidente de EEUU, la intolerable censura de Twitter ha expuesto la invisible, para la mayoría de la población, cibercracia que controla de facto a la supuesta plutocracia de Wall Street que es lo más antidemocrático que pueda existir. De ahí la importancia del citatorio a Twitter por el Comité Judicial del Senado de EEUU debido a su "interferencia electoral" al haber censurado los radioactivos correos de Hunter Biden desnudados por el New York Post.

Ya en la elección anterior de 2016, los correos de Hillary Clinton habían sido motivo de un fuerte debate, en especial, del entonces candidato Donald Trump, quien los había traído a colación. Tales correos se quedaron solo en efímeras fogatas mediáticas, donde quedaba expuesta la personalidad macabra de su autora, pero nunca pusieron en riesgo la fluidez del proceso electoral.

Hasta la fecha los "correos de Hillary" se han quedado en las calendas griegas y no han tenido mayor efecto judicial, no se diga electoral.

Cuando el otrora legendario New York Times, que ahora se ha vuelto un vulgar vehículo de propaganda controlado por George Soros, expuso las privadas cuentas fiscales del hoy presidente Trump y su presunta evasión tributaria —que constituyó un verdadero golpe mediático y que en caso de su derrota pudiera significar el golpe clave de la campaña—, las controvertidas redes sociales de EEUU, en particular, el hoy tan vilipendiado Twitter, dejaron fluir la noticia sin contratiempos ni bloqueos, lo que demuestra las dos pesas y las dos medidas que practican las redes sociales de acuerdo a sus singulares intereses.

Es tal el ultraje que provocó la censura e "interferencia electoral" de Twitter que opacó las audiencias de Amy Coney Barrett, nominada por Trump a suplir la vacante de la Suprema Corte que será determinante en las querellas postelectorales del 3 de noviembre.

En caso de que Twitter y otras redes sociales no hubieran censurado el contenido mafioso de los radioactivos correos de Hunter Biden, ¿habrían cambiado las preferencias electorales? Este no es el punto, sino el flagrante favoritismo de Twitter, cuya exacción beneficia notablemente al exvicepresidente Joe Biden, quien ya de por sí cuenta con el apoyo apabullante de los principales multimedia de EEUU desde New York Times —controlado por los Clinton, los Obama y George Soros— hasta Washington Post, cuyo dueño es el multimillonario Jeff Bezos, mandamás de Amazon y acérrimo enemigo de Trump.

Por lo pronto, el Comité Judicial del Senado celebrará el martes 20 una audiencia para citar a Jack Dorsey, mandamás de Twitter, con el fin de testificar sobre la censura del ya histórico reportaje seriado del New York Post sobre las tratativas mafiosas de Hunter Biden en Ucrania y China, uyos correos se encontraban en el disco duro de una laptop que dejó Hunter en la tienda Mac de Delaware y que no recogió. Dejo de lado la misteriosa manera en la que el disco duro llegó a manos de Rudolph Giuliani, exalcalde de Nueva York y abogado privado de Trump.

​El feroz senador cubano-canadiense-texano Ted Cruz, del Partido Republicano, fulminó que se trata de una "interferencia electoral" a 19 días de la elección, lo cual "no tiene precedente en la historia de la democracia".

El mismo Jack Dorsey, mandamás de Twitter admitió que el bloqueo del New York Post era "inaceptable".

Lo que más ha enfurecido a los republicanos son los antecedentes históricos del New York Post, un periódico fundado por el icónico Alexander Hamilton, lo cual expone la vulnerabilidad de la "libertad de expresión" sometida a los intereses metaconstitucionales de la invisible cibercracia.

Más aún: senadores ultrajados del Partido Republicano han requerido una investigación de la Comisión Federal Electoral cuando el senador Josh Hawley arremetió contra "los más poderosos monopolios en la historia de EEUU" que "intentan controlar las noticias e interferir en la elección federal".

El influyente republicano Lindsey Graham, que preside el Comité Judicial del Senado, opinó que "estas plataformas de redes sociales tienen dominio en nuestras vidas. Son periódicos, son estaciones de televisión, son radiodifusoras, son editoras" y abundó que "nunca bloquearon todos los alegatos sobre la colusión rusa y Trump".

El alegato que esgrimió Twitter fue que el material censurado del New York Post era producto de un hackeo, lo cual fue rotundamente falaz.

Un arma muy importante que tienen los legisladores —se ignora si los demócratas, más allá de sus entendibles intereses, se incorporarán cuando han mostrado una justificada dureza contra los monopolios tecnológicos de Silicon Valley— radica en reformar la sección 230 de la Enmienda de Decencia en las Comunicaciones: un escudo para la recepción del contenido de terceros y que, en realidad, protege a la cibercracia de sus felonías.

Las redes sociales deben decidirse si son plataformas neutrales u operan como cualquier editor, lo cual les haría perder su patente de corso que les otorga la polémica sección 230 que se ha vuelto un pilar de la cibercracia.

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