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Alfredo Zaiat. En Argentina nuevamente irrumpe el debate sobre la dolarización de la economía. Un diputado de ultraderecha autodenominado "libertario", Javier Milei, y otro de la fuerza política de derecha Juntos por el Cambio del expresidente Mauricio Macri (2015-2019), Alejandro Cacace, proponen eliminar la moneda nacional (peso) para reemplazarla por el dólar.

Los proyectos de dolarización de economías latinoamericanas tuvieron mucha fuerza en la década del 90, años posteriores de profundas crisis de deuda y de elevadísima inflación, alcanzando la hiperinflación en varios países, entre ellos Argentina y Brasil.

En esa década, además, es el período donde EEUU aparece como potencia dominante en un mundo unipolar a partir de la caída del Muro de Berlín y la desintegración del bloque político, económico y territorial soviético.

Hoy el escenario internacional es otro muy diferente, lo que convierte en anacrónica la dolarización de una economía periférica.

Antecedentes de dolarización

Tres países latinoamericanos oficialmente tienen dolarizada su economía: Ecuador, El Salvador y Panamá. Cada uno tomó esta drástica decisión en materia monetaria en contextos muy diferentes entre ellos.

Panamá adoptó el dólar como moneda oficial junto al balboa, su moneda nacional, en 1904, poco después de constituirse como Estado independiente y bajo la influencia directa de EEUU que, en aquel entonces, asumió el control del Canal de Panamá. Por este sendero de pérdida de la soberanía monetaria y de dependencia económica de EE.UU, Panamá se convirtió en un paraíso fiscal.

Ecuador atravesaba una crisis tan profunda que la dolarización fue concebida como la última carta ante una inflación que llegó al 96% anual y la moneda nacional, el sucre, registraba un proceso acelerado de devaluación. El 9 de enero de 2000 el presidente Jamil Mahuad dolarizó la economía en medio de un clima de polarización política que provocó su salida del gobierno.

Al siguiente año, el presidente de El Salvador, Francisco Flores, anunció que el país utilizará dos monedas: el colón y el dólar. El impacto fue una extensa crisis social que se tradujo en una persistente inmigración. De este modo, hoy el Salvador vive principalmente de las remesas que envían los inmigrantes desde el exterior.

Otros países fuera de América Latina que también tienen al dólar estadounidense como moneda oficial son Islas Marshall, Micronesia, Palaos, Timor Oriental y Zimbabue.

El dólar también es la moneda de Puerto Rico desde la invasión de EEUU a la isla el 25 de julio de 1898. Antes, la moneda nacional fue el peso puertorriqueño y fue utilizada entre 1812 y 1917. Puerto Rico tiene un estatus diferente al resto porque es un estado libre asociado de EEUU.

Si bien no tienen economías dolarizadas, Venezuela y Argentina están transitando desde hace bastantes años un proceso que se conoce como "economía bimonetaria". Esta situación consiste en que además de la moneda nacional, el dólar ocupa un lugar relevante en el funcionamiento de sus respectivas economías.

El caso argentino

En los años de agobio colectivo por la elevada inflación que derivó en hiperinflación en los gobiernos de Raúl Alfonsín (1983-1989) y Carlos Menem (1989-1999), la convertibilidad del peso/dólar en una paridad 1 a 1 actúo como un transitorio alivio en 1991.

Ahora, con una situación de mucha tensión por las subas constantes de los precios, grupos políticos conservadores quieren imitar ese ciclo económico-político y proponen la dolarización. El aspecto que no mencionan es que las consecuencias serán todavía peores en términos económicos, sociales, productivos y laborales que la fijación de la paridad cambiaria 1 a 1 durante diez años. (1991-2001)

Es la primera vez que se presenta en el Congreso argentino un proyecto de ley que renuncia a la soberanía monetaria. Si se aprobara, pulverizaría el salario y las jubilaciones porque implicaría previamente una fortísima devaluación y shock inflacionario.

Quienes proponen la dolarización están vendiendo espejitos de colores a una sociedad agobiada por la suba persistente de precios. Esta medida implicaría la desaparición del peso argentino, con lo cual se terminaría con la capacidad soberana de tener una política monetaria.

El proyecto de ley establece que el tipo de cambio de conversión entre el peso y el dólar de los Estados Unidos sería el "cociente entre los pasivos monetarios y no monetarios del Banco Central de la República Argentina y las Reservas Internacionales".

Un informe del Centro RA, de la Universidad de Buenos Aires, calculó que con la paridad de dinero circulante y de pasivos del Banco Central, dolarizar la economía con el nivel actual de reservas netas implicaría un tipo de cambio de 4.300 pesos por dólar. El actual es de 110 pesos.

Esto implicaría una hiperinflación con el consiguiente conflicto social, económico y político.

El proyecto de ley dice que todas las operaciones financieras, como depósitos, créditos, emisión de títulos y registros contables del sistema financiero se expresarán en dólares. Como el Banco Central no tiene dólares suficientes, quienes quieran rescatar sus colocaciones no tendrían posibilidad de hacerse de esos dólares físicos, lo que significa una inmensa confiscación de depósitos.

Las principales promesas de la dolarización

Hacia fines de los 90, los países latinoamericanos recibieron recomendaciones de centros académicos de EEUU y locales, y de los organismos financieros internacionales, para dolarizar plenamente sus economías.

En 1999, el entonces presidente de Argentina, Carlos Menem, anunció que estudiaba la posibilidad de dolarizar, y, en relación a esta propuesta, en el Congreso de EEUU se discutió la sanción de una ley, que no logró suficientes votos favorables.

La investigadora Noemí Brenta escribió Las propuestas de dolarización en América Latina: rol del FMI, EEUU y los think tanks en los años 90, donde señala que ese plan se consolida cuando existen crisis de deuda pública, desgaste gubernamental derivado de shocks externos, muy elevada inflación y ascenso al poder de sectores ligados a la ortodoxia económica y el consiguiente conflicto social por el plan de ajuste fiscal que instrumentan.

"En síntesis: el desencadenamiento de una situación percibida como de emergencia que justifique la adopción de medidas inaceptables en condiciones normales, abriría un renovado paso al programa de dolarización", afirma Brenta. Este escenario puede construirse hoy en las actuales condiciones de la economía argentina.

Brenta agrega que quienes propician la dolarización la muestran, alternativamente, como:

  • Ancla antiinflacionaria.
  • Garantía de disciplina fiscal.
  • Estímulo al crecimiento.
  • Para mejorar la confianza de los inversores internacionales.

Diferentes niveles de dolarización

En Dolarización y desdolarización financiera en el nuevo milenio, preparado para el Fondo Latinoamericano de Reservas por el economista Eduardo Levy Yeyati, se detallan diferentes tipos de pérdida de la soberanía monetaria:

  1. La dolarización financiera (de ahorros), que limita la capacidad de endeudamiento y explica el exceso de volatilidad cambiaria de países sin ahorros ni mercado de capitales en moneda doméstica.
  2. La dolarización real (de transacciones, precios y salarios), que eleva el traslado a precios de variaciones cambiarias, induce un miedo a flotar el tipo de cambio y, al alterar la demanda de dinero, reduce severamente la capacidad del banco central de conducir una política monetaria autónoma.
  3. La dolarización oficial (la adopción de la moneda extranjera), que elimina el riesgo cambiario junto con el tipo de cambio, perdiendo un instrumento crucial para estabilizar el ciclo en economías abiertas.

Concluye que esta última instancia, "muchas veces propuesta como solución para países con intentos frustrados de desdolarización o economías frustradas con la dolarización de facto, tiene escasos beneficios, salvo los de frenar en seco una corrida cambiaria, y fuertes contraindicaciones reales".

Los dos impactos principales de la dolarización son los siguientes: por un lado, un efecto inmediato de estabilidad de precios, y por otro, la destrucción de la industria local y del empleo.

Los países dolarizados se convirtieron en economías importadoras de productos, básicamente porque se desindustrializaron.

¿Abrazarse al dólar justo ahora?

Los países que deciden la dolarización de sus economías tienen muy pocas herramientas para defenderse de shock externos, como la pandemia o el conflicto Rusia-Ucrania, porque no pueden ajustar el tipo de cambio para suavizar el impacto de los ciclos económicos.

El economista Michael Roberts escribió en ¿El fin del dominio del dólar? que en las últimas décadas se ha dado un proceso dedisminución del dominio del dólar estadounidense en el comercio, los flujos de capital y como moneda de reserva.

Aclara que el dólar estadounidense seguirá siendo la moneda mundial dominante en un futuro cercano, pero se encuentra en declive relativo en comparación con otras monedas, precisamente porque la hegemonía estadounidense ha estado en declive relativo en comparación con otras economías-potencias. La pandemia y el conflicto Rusia-Ucrania están acelerado ese proceso.

Según el FMI, la parte de las reservas en dólares estadounidenses de los bancos centrales se ha reducido en 12 puntos porcentuales desde el cambio de siglo, del 71% en 1999 al 59% en 2021.

Roberts sostiene que el cambio en la fortaleza de la moneda internacional después del conflicto bélico en Ucrania no se traducirá en un bloque Oeste-Este, como argumenta la mayoría de los analistas, sino en una fragmentación de las reservas de divisas.

En ese sentido, el informe del FMI dice: "Si el dominio del dólar llega a su fin (un escenario, no una predicción), entonces el dólar podría ser derribado no por los principales rivales del dólar, sino por un amplio grupo de monedas alternativas".

En el actual momento del ciclo mundial de reordenamiento geopolítico y de distribución del poder económico global, abrazarse al dólar por parte de economías de América Latina, cuando la economía de EEUU está transitando un período de elevada inflación y debilitamiento de su moneda, sería para el país que lo decidiera un suicidio económico, social, productivo y político.

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