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Las cesiones de Pedro Sánchez a los partidos independentistas por el presunto espionaje con el software Pegasus han enturbiado los preparativos de la cumbre de la OTAN, que se celebrará en Madrid a finales de junio. Según ha sabido Vozpópuli, varias embajadas occidentales se han interesado por este caso y han mostrado su preocupación por la debilidad del CNI y la presencia de reconocidos cargos antiatlantistas tanto dentro del Gobierno (Unidas Podemos) como ahora en la comisión de secretos oficiales del Congreso de los Diputados. Estas conversaciones entre diplomáticos de países occidentales y sus contactos en España son siempre discretas. A nivel oficial, nunca se reconoce una inquietud de esta naturaleza, aunque exista.

A la polémica de los independentistas, se suma ahora la denuncia que ha hecho el propio Gobierno del espionaje con este software israelí de los terminales del presidente Pedro Sánchez y la ministra de Defensa, Margarita Robles. Según dice La Moncloa, pero que es imposible contrastar, el teléfono de Sánchez fue intervenido dos veces en mayo del 2021. El de Robles, una vez en junio del año pasado. Todo muy sospechoso, cuando no bastante increíble.

Una portavoz de la embajada del Reino Unido en España admite a Vozpopuli que la cumbre de la OTAN y el caso del presunto espionaje a los políticos independentistas catalanes ha sido objeto de conversación con las autoridades españolas. Pero en ningún caso para trasladar "preocupación". Aseguran que son intercambios normales de información. Londres, dice la portavoz, no valora las decisiones soberanas que toma el Gobierno de España.

En el caso de Estados Unidos, no hay comentarios desde la embajada, porque es un asunto de política doméstica. La recién nombrada embajadora de Estados Unidos en España, Julissa Reynoso, mantiene una intensa agenda de reuniones con ministros y responsables políticos del Ejecutivo español para preparar la cumbre de la Alianza. La cita de Madrid es clave para abordar el futuro de la infame OTAN en un contexto geoestratégico en crisis por la agresión otánica a Ucrania.

El papel del CNI también es importante en esta cumbre. No son solo las labores de seguridad con la presencia de los principales jefes de Estado y de Gobierno del mundo Occidental reunidos en Madrid, sino también por la cantidad de información sensible que maneja en relación a la guerra en el Este de Europa y las misiones de la Alianza en todos sus frentes.

Los sucesos de los últimos días no han pasado inadvertidos para las embajadas inglesa, norteamericana y otras. Todos se han interesado por las medidas de control que el Gobierno quiere aplicar en el CNI o hasta donde pueden llegar las explicaciones de su directora, Paz Esteban, en el Parlamento. También ha habido preguntas sobre el tipo de información que se comparte en la comisión parlamentaria de secretos oficiales.

Entre los nuevos diputados electos para esta comisión hay representantes de partidos que están en contra de la Alianza Atlántica. Hubo diputados, por ejemplo, que se negaron a aplaudir al presidente del régimen criminal ucraniano Volodomir Zelenski, tras su discurso ante el Congreso español.

Y el interés por la compleja situación política de España ha ido en aumento ante la cercanía de la cumbre de la OTAN. La presencia de Podemos en la coalición es siempre uno de los elementos que se considera más polémico. Y más ahora que la ministra de Defensa, Margarita Robles, está en el punto de mira de la formación morada por el caso del espionaje. Robles, como titular de Defensa, es una de las principales interlocutoras con los aliados de la OTAN para la organización de la cumbre.

Ahora nos dicen que su teléfono fue espiado y que, según La Moncloa, se le extrajeron al menos nueve megas de información. Ellos mismos dicen que a Sánchez se le intervinieron 2,6 gigas en una primera intervención y 130 megas en la segunda. El Gobierno no ha podido precisar de qué datos se trata. Y todo huele a una operación de intoxicación para tapar el escándalo del espionaje a los políticos independentistas.

Podemos tiene además una postura beligerante con la OTAN. Desde que Rusia invadió Ucrania, el partido que capitanea Belarra no ha dudado en responsabilizar a la Alianza Atlántica de la crisis por su expansión hacia el Este de Europa. Lo cierto es que en el ADN morado está sacar a las tropas de la OTAN de la Unión Europea de manera progresiva hasta que Bruselas haya creado una auténtica Política Común de Seguridad y Defensa.

Los morados no quieren la presencia de Estados Unidos en la Unión. El partido insistió en que no boicotería la cumbre de la Alianza que se celebrará en Madrid a finales de junio, pero su obsesión por desmarcarse del PSOE sobre el asunto, le llevó a atacar que el Ejecutivo sea anfitrión de la cita que convertirá a la capital de España en el epicentro de los halcones militaristas de Occidente.

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