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Las fuerzas armadas de los países europeos están en retirada mientras que Asia y América Latina se rearman. En la Unión Europea, la crisis económica está obligando a recortar fondos en todos los ámbitos de la política nacional, y la de Defensa no es una excepción. En el caso español, su presupuesto para este año ha sufrido un tijeretazo del 8%. Pero, si se contemplan los datos de años atrás, el recorte a lo largo de los últimos cuatro ejercicios asciende a un 25%. En 2012 el Ministerio de Defensa dispondrá de 6.316 millones de euros, lo que supone un 0,59% del Producto Interior Bruto español. Un porcentaje que se sitúa muy por debajo de lo destinado en otros países del entorno europeo a sus fuerzas armadas. En Reino Unido supone un 2,6% del PIB y en Francia el 1,9%, por ejemplo.

Sobre la mesa del ministro Pedro Morenés se encuentra un informe del jefe del Estado Mayor de la Defensa, almirante general Fernando García Sánchez, en el que se propone la supresión hasta 2025 de 15.000 puestos entre los militares y 5.000 más entre el personal civil de los cerca de 152.000 efectivos con los que cuentan las fuerzas armadas.

La situación es muy delicada, admiten los propios responsables militares. El nuevo jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, general Jaime Domínguez Buj, reconoció nada más asumir el cargo que la mitad de los vehículos bajo su mando se encuentran parados por falta de fondos para su mantenimiento. En la Armada, el portaaviones Príncipe de Asturias permanece en puerto por la misma razón, y lo más probable es que no vuelva a zarpar.

En medio de este panorama de austeridad y deterioro, el Ministerio de Defensa español se ufana en lograr la cuadratura del círculo; hacer más con menos. Con unos recursos disminuidos debe afrontar el reto de renovar las fuerzas armadas y adaptarlas para actuar en nuevos escenarios y guerras no convencionales.

La pregunta que surge en esta encrucijada es: ¿qué fuerzas armadas necesita el país? El general de División Jesús Argumosa considera que lo primero debe ser definir qué es lo que quiere España, para, a continuación, valorar cómo y con qué se debe llevar a cabo esa política de defensa. El primer paso, por tanto, debe ser analizar qué riesgos y compromisos deberán asumirse en el futuro. «Dicho llanamente, empezar la casa por los cimientos y no por el tejado», explica este militar. Reconoce que «los recortes son necesarios y hay que entenderlos», aunque a continuación defiende que se lleven a cabo de una forma racional. Señala como posibles gastos sobre los que actuar «una prudente racionalización de las bases que contemple el cierre de algunas de ellas» o «revisar la orgánica de las unidades, ya que con las nuevas tecnologías una brigada a lo mejor ya no necesita contar con el mismo número de hombres que antes». Precisamente, el avance tecnológico es uno de los aspectos en los que España no puede perder el paso, destaca el general. «Es algo fundamental e irrenunciable», apunta, y como ejemplo recurre a la operatividad y eficacia de los aviones no tripulados que el ejército estadounidense ha desplegado por todo el mundo.

Jorge Ortega, general de División y director del Área Editorial del Grupo Atenea, comparte la misma opinión. Según él, España, pese a ser a día de hoy un país puntero en este campo, corre el riesgo de quedarse descolgado. La falta de fondos de las fuerzas armadas -explica el general Ortega- está provocando que las empresas nacionales del sector deban buscar negocio en el plano civil, lo que implica una menor especialización y, por tanto, una menor investigación y desarrollo.

Los desafíos según expertos

La recién aprobada Directiva de Defensa Nacional -la primera que firma Mariano Rajoy como presidente del Gobierno- establece la defensa de Ceuta y Melilla como eje principal de la política de seguridad. Las ciudades autónomas no están cubiertas bajo el paraguas de la OTAN. Es decir, ante un eventual ataque a sus enclaves en el norte de África España no recibiría la ayuda militar de sus socios de la Alianza Atlántica y debería hacer frente a la amenaza con sus propios medios. «Marruecos puede intentar desviar la atención de una situación interior convulsa con la reivindicación de Ceuta y Melilla. Ante esto debemos contraponer unos medios militares creíbles y temibles que hagan desistir al posible enemigo de cualquier acción», advierte el general Ortega.

El Sahel es otra de las áreas que España no puede dejar al descubierto al tratarse del patio trasero de Europa. Los secuestros de cooperantes españoles por milicias radicales aliadas de Al-Qaida han llevado al Gobierno a apoyar activamente una intervención de la Unión Africana en el norte de Malí. «Y si para lograr estabilizar la región es necesario intervenir, España tendría que hacerlo», opina Ortega. Ante situaciones de este tipo el Gobierno debe contemplar en la remodelación de las fuerzas armadas su posible despliegue militar en un terreno donde hasta ahora nunca se había planteado su presencia, y ello en un momento en el que el Ministerio de Defensa se encuentra al límite de sus recursos económicos.

Son las acertadas las misiones en el exterior aprobadas por Defensa

Entre los aspectos que el titular de Defensa ha reconocido que se quieren potenciar se encuentran las misiones en el extranjero. Actualmente España tiene marcado un techo de 3.500 soldados participando en un mismo momento en escenarios internacionales. Morenés avanzó ante la comisión de Defensa del Congreso el pasado julio su intención de aumentar este límite en un futuro. El general Argumosa resalta la importancia de estas misiones en el exterior: «A Afganistán no van solo unos soldados, va la imagen de toda España». Defiende la necesidad de contar con una capacidad de proyección internacional, «ya que, si no participas junto a tus aliados, estos al final te obvian. En cambio, si estás a su lado, te respetan y te prestan su apoyo».

La política de defensa nacional afronta enormes retos con pocos recursos. España debe adaptarse en el plano militar a los nuevos tiempos. Pese a las dificultades económicas, es «el momento de sentar las bases para crear unas nuevas fuerzas armadas para una nueva era», concluye el general Argumosa

Fuente: hoy.es/Ander Azpiroz

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