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Se ha producido una fuerte explosión en Ashrafiyeh, un barrio cristiano de Beirut, en el que 8 personas han muerto, entre ellas un general de los servicios secretos de seguridad libaneses, Wissam al-Hassan, además de unas 80 personas que resultaron heridas. Al principio parecía un atentado indiscriminado dentro de la tensión sectaria que se vive en el Líbano, pero al pasar las horas y trascender la muerte en la explosión de un alto cargo de la seguridad como era al-Hassan, han empezado a correr los rumores y las opiniones de que este atentado guarda mucha conexión con el conflicto que vive el vecino  Siria.

Bien conocido es que Wissam al-Hassan era un conocido opositor al régimen de Assad y una figura muy conocida en Líbano, cercana al líder suní Rafik Hariri que fue asesinado en un atentado en 2005.

Precisamente hace unas semanas, se desactivó un plan para atentar contra Al Hasan que condujo a la detención de
Michel Samaha, un importante político aliado del presidente sirio Bashar al-Assad y que provocó una enorme tensión en la política del Líbano. Samaha confesó en el interrogatorio su participación en la transferencia de explosivos desde Siria al norte de Líbano. Las bombas iban a ser utilizadas en una campaña de atentados ideada para amplificar las tensiones sectarias.

La explosión ha causado una gran y densa nube de humo negro acompañada de llamaradas, según las imágenes que han ido llegando a las agencias de noticias desde la capital libanesa. Varios edificios han resultado muy destruídos y muchos vehículos estacionados en la zona quedaron también destrozados.

La explosión se produjo en un momento del día en el que las calles del centro de Beirut se encuentran muy concurridas, una hora en la que muchos padres recogían a sus hijos de los colegios. La explosión ha podido escucharse desde otros barrios alejados de la zona como Mar Mikhail, a unos dos kilómetros del lugar del atentado.
 
Ashrafiyeh es un barrio residencial de mayoría cristiana. La explosión ha afectado la sede del cristiano Partido Falangista, enfrentado con Damasco.
 
Ultimamente ha habido enfrentamientos en el norte del país, y en general en las zonas cercanas a la frontera con Siria. Existe casi desde el comienzo de la revolución en Siria el peligro muy posible de que la violencia sectaria se contagie al país vecino, cuya situación ya de por sí es de todo menos estable políticamente y en otros sentidos. La oposición acusa a Hezbolá, la milicia chií que domina la vida política libanesa de apoyar y combatir al lado de las tropas de Assad.
 
El peligro de que la guerra civil siria acabe contagiándose a su vecino es cada vez mayor, no sólo por la participación de Hezbolá, sino porque muchas de las divisiones sectarias que marcan los combates en Siria también tienen su reflejo en Líbano. Este país vivió un salvaje conflicto entre 1975 y 1990, pero nunca ha acabado de pacificarse del todo.

Varios miembros del Parlamento libanés, pertenecientes a la oposición, han relacionado el atentado con el conflicto en la vecina Siria. "No hay duda de que el régimen sirio del presidente Bashar al-Assad está detrás", ha afirmado rotundo Carlos Eddé, líder del Bloque Nacionalista Libanés, un partido secular adscrito a la coalición 14 de Marzo.

"Al-Assad quiere extender el estado de guerra civil para justificar la violencia", ha dicho. El otro dedo señala también a Hezbolá y Irán: "No hay duda de quién es responsable", ha dicho, "solo un grupo tiene la posibilidad de utilizar explosivos en el Líbano".

 

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