Valentin Katasonov

Las celebraciones con ocasión del 60 aniversario de la firma del Tratado de Roma se celebraron en Roma el 25 de marzo con la participación de los líderes de los 27 Estados miembros de la UE.

Hace exactamente 60 años, el 25 de marzo de 1957 en Roma, seis Estados europeos –La República Federal de Alemania, Francia, Italia, Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo- firmaron un acuerdo sobre la eliminación de todos los obstáculos a la libre circulación de personas, bienes y servicios, y capital. Se creó un grupo de integración denominado Comunidad Económica Europea (CEE) o el Mercado Común. Este fue el comienzo de la integración europea, que después de seis décadas de desarrollo dinámico, ahora está sufriendo una crisis estructural.

Durante 60 años, el Tratado de Roma también sufrió metamorfosis. Las últimas enmiendas se hicieron por el Tratado de Lisboa (oficialmente denominado Tratado de Lisboa sobre la modificación del Tratado de la Unión Europea y del Tratado constitutivo de la Comunidad Europea), que entró en vigor en 2009.

El Tratado de Roma no apareció desde cero. La creación de la CEE fue precedida por el Tratado de París de 1951 entre los mismos seis Estados, que preveía la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). En junio de 1955, en Mesina, la reunión de los Ministros de Asuntos Exteriores de los Seis terminó con la decisión de comenzar a preparar un nuevo acuerdo más amplio y firmarlo en la capital italiana.

La literatura sobre la historia de la integración europea da la versión oficial de que este proyecto es de origen exclusivamente europeo. Al igual que la idea de una "Europa unida" ha sido una preocupación constante de los políticos europeos desde el Sacro Imperio Romano. Sin embargo, durante el período de la Historia Moderna, Europa fue un espacio de continuas guerras y redistribución de las fronteras estatales. Basta con mencionar los mayores de estos conflictos: la Guerra de los Treinta Años del siglo XVII, las Guerras Napoleónicas de finales del siglo XVIII y XIX, la Guerra Franco-Prusiana de 1870-1871, dos guerras mundiales... Antes del final de la Segunda Guerra Mundial, los europeos nunca lograron llegar a un acuerdo no sólo para cualquier tipo de integración, sino siquiera ni para la simple preservación de la paz en el continente.

La Paz de Westfalia en 1648, coronando la sangrienta Guerra de los Treinta Años, proclamó el principio de la soberanía nacional como el valor fundamental de la civilización europea. Y los europeos acariciaron este principio hasta mediados del siglo XX. El rechazo de este principio sólo puede explicarse por el hecho de que después de la Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos comenzaron a interferir activamente con la vida del Viejo Mundo. En abril de 1948 entró en vigor el plan presentado por George C. Marshall, Secretario de Estado de los Estados Unidos. De hecho, este plan era un trato: asistencia financiera y económica a los Estados Unidos a cambio de concesiones políticas por parte de Europa. Debido a las condiciones de este plan, Washington logró influir en las elecciones parlamentarias y la formación de los gobiernos de los países europeos, neutralizar a Charles de Gaulle en Francia y promover a los políticos afines en los gobiernos de los países europeos. Y el «pueblo elegido» fue, ante todo, el que apoyó la idea de unos «Estados Unidos de Europa», este «nuevo Sacro Imperio Romano».

La idea de una "Europa unida" fracasó en primer lugar porque el objetivo principal de la Segunda Guerra Mundial fue establecido por los impulsores extranjeros de la carnicería mundial, es decir: si no se iba a la destrucción, entonces culminaría en una subordinación a la Unión Soviética. El error de los defensores de esta tesis que se encontraban detrás de la escena fue que su proyecto implicaba originalmente la división de Europa entre el Tercer Reich de Hitler y el resto de Europa. Pero resultó diferente. La Unión Soviética se convirtió en una superpotencia, reforzó su posición en Europa y consiguió varios estados europeos en su esfera de influencia.

A la base del proyecto "Europa unida", Estados Unidos puso la idea de crear un solo puño "euroatlántico", amenazando a Moscú. Una parte orgánica del proyecto fue el desmantelamiento gradual de las soberanías nacionales con la transferencia del centro de control de Europa a un nivel supranacional. En otras palabras, el proyecto americano de "Europa unida" era un proyecto para transformar el Viejo Mundo en una semicolonia del Nuevo Mundo.

Durante mucho tiempo los historiadores sólo tenían evidencia indirecta de tales declaraciones. Sin embargo, en 2000-2001 en Estados Unidos se desclasificaron documentos de los primeros años de la posguerra pertenecientes al Archivo Nacional, lo que permitió aclarar la forma en que Washington estaba implantando la idea de una "Europa unida". El periódico británico "TheGuardian" publicó muchos de esos documentos del gobierno estadounidense

Gracias a las publicaciones del periódico británico TheGuardian, se pusieron a disposición documentos del gobierno estadounidense que revelaban la participación directa de la inteligencia estadounidense en el desarrollo e implementación del proyecto de una "Europa unida" en los años cincuenta y sesenta. Así, el memorándum del 26 de julio de 1956, firmado por el general William Donovan, jefe de la Oficina de Servicios Estratégicos, predecesor de la CIA, contenía instrucciones directas para promover el proyecto de un Parlamento Europeo supranacional.

El puesto avanzado de Washington en el Viejo Mundo se convirtió en el Comité Americano para una "Europa unida", creado en 1948 y encabezado por el mismo General Donovan. El general Donovan incluyó en el comité a Allen Dulles, que fue el director de la CIA años más tarde. El comité también incluyó a Walter Bedell Smith, el primer director de la CIA.

De los documentos desclasificados se siguió que el Comité Americano para una "Europa unida" financió una organización federalista denominada "Movimiento Pan Europeo". Por ejemplo, en 1958, este Comité cubrió el 53,5% de los gastos del Movimiento Europeo. Las fuentes financieras de los federalistas europeos fueron cuidadosamente camufladas. Un vínculo importante para ello fueron las Fundaciones Caritativas Americanas, que habían servido como una excelente pantalla para el Departamento de Estado y los servicios secretos durante décadas. En particular, la Fundación Rockefeller y la Fundación Ford fueron utilizadas para financiar a los federalistas europeos. La conexión de su "caridad" con la inteligencia americana era muy intensa. Así que en 1950, un antiguo empleado de la Oficina de Servicios Estratégicos, Paul Hoffman, coordinó al Jefe de la Fundación Ford y al Jefe del Comité Americano para una "Europa unida".

El Departamento de Estado de EE.UU. Siempre manejó los procesos de integración europea. He aquí un solo ejemplo: el Memorándum del 11 de junio de 1965, preparado por el Departamento Europeo del Departamento de Estado, contenía una instrucción para el francés Robert Marjolin, Vicepresidente de la Comunidad Económica Europea, quien fue instruido para seguir el procedimiento que conducía a la creación de una Unión Monetaria Europea.

Es de notar que en los planes de Washington el establecimiento de la "Europa unida" sólo se planificó para el continente. Gran Bretaña, siendo el aliado más cercano de los EEUU, fue asignado para ser un estado autónomo que serviría de acoplamiento para la conexión entre los EEUU y la "Europa unida” del futuro.

Así, en realidad, la actual retirada de Gran Bretaña de la UE significa sólo el regreso al concepto original de integración europea, el que se desarrolló en Washington.

Estos detalles de la historia de la creación de la UE no se mencionaron durante las celebraciones del jubileo en Roma el 25 de marzo de 2017. Y esto demuestra que al menos uno de los objetivos del proyecto se alcanzó: Europa continental se convirtió en una semicolonia de América. En cuanto al otro objetivo del proyecto - la transformación de la "Europa unida" en un "puño de hierro" que cuelga sobre el vecino oriental - no hay nada en particular que añadir.

Hoy en día, Europa no se ve como un puño, sino como una mano con los dedos extendidos. Ayer mismo había 28 estados en la UE, hoy son 27.

No excluyo que para el próximo aniversario -el 70 aniversario del Tratado de Roma- veremos tantos estados como en 1957, es decir, seis. Sin embargo, es más probable que no haya ni siquiera seis de ellos: Italia, que acogió a los participantes de la celebración, puede estar preparando su fuga del "paraíso europeo".

De hecho, el escenario de la preservación de Europa unida en una forma reducida es el más optimista. Por alguna razón, recuerdo la Conferencia de Paz de París de 1919-1920, que fue casi exclusivamente europea. Esa vez Estados Unidos no había interferido abiertamente en los asuntos de Europa todavía, y los europeos no podían llegar a crear una "Europa unida"; sólo trataron de elaborar garantías de una paz europea, pero tampoco lograron hacerlo. Dos décadas más tarde Hitler comenzó una guerra que se convirtió en la II Guerra Mundial.

En contra de lo que antecede, el pensamiento con el que quiero finalizar este artículo puede parecer extraño: si bajo el gobierno de Donald Trump, Estados Unidos debilita su presencia en Europa, puede desatarse una pelea que podría ser mucho más grave que la que comenzó el 1 de septiembre de 1939. Europa, "por sí misma", se inclina no a la integración, sino a las guerras intestinas.

(Trad. Olga Vladimirova)

CANAL

 

elespiadigital.com
La información más inteligente

galeria de videos

elmundofinanciero