Valery Kulikov*

El cambio en el equilibrio global, la redistribución del poder, las incertidumbres geopolíticas, junto con las dudas sobre la fiabilidad de los Estados Unidos como aliado, están llevando a la cuestión de cuán independiente es realmente la UE.

La respuesta a esta pregunta es particularmente importante en estos días, en la víspera de que la nueva Comisión de la UE comience su trabajo el 1 de noviembre. Sin responderla, será imposible entender a qué intereses va a defender y proteger: los de la propia Europa unida y sus ciudadanos, o los intereses de los Estados Unidos, que se han acostumbrado a ordenar a los políticos de la UE durante las últimas décadas. Para lograr este fin, Washington ya ha comenzado a imponer sanciones a la UE para obtener influencia sobre sus élites.

Hablando de una Europa independiente, debemos definir la noción de independencia como la capacidad de establecer las propias prioridades y tomar las propias decisiones en materia de política exterior y seguridad, junto con los medios institucionales, políticos y materiales para realizar estas elecciones, ya sea en cooperación con terceros o solos.

Solo la parte que puede describirse como un actor estratégicamente independiente puede establecer reglas internacionales, en lugar de estar sujeto a las decisiones de otras potencias.

Durante algún tiempo, Europa disfrutaría de diferentes niveles de independencia estratégica. En el comercio, la UE tiene los medios y la voluntad de ejercer influencia internacional. Al mismo tiempo, debe reconocerse que las potencias europeas carecen de la soberanía económica y financiera necesaria debido a la disposición financiera conocida como el euro, con el único Banco Central decidido las políticas monetarias para todos los países de la unión, mientras que él mismo vive a la sombra de la Fed situada en Nueva York. Además, debe reconocerse que los tratados firmados en los últimos 20 años por países europeos han privado a los parlamentos nacionales de su soberanía, que ya no tienen la influencia económica, financiera o militar para tomar decisiones autónomas en su propio interés.

En cuanto a la esfera militar en sí, la brecha entre las ambiciones y realidades europeas es profunda y amplia. Los países europeos no gozan de soberanía militar, ya que están sujetos a la cadena de mando de la OTAN en este asunto. Desde la firma del Tratado de Maastricht, todos los miembros de la UE, incluidos los países neutrales, se vieron obligados a reconocer la primacía de la OTAN en materia militar.

La publicación austriaca conocida como Contra Magazin señaló en abril que los estados de la UE se vieron obligados a marchar tras de Washington en todas sus aventuras militares, incluidas Bosnia y Herzegovina, Kosovo, Afganistán, Irak, Libia, Siria y Yemen como verdaderos vasallos. Por lo tanto, los europeos tienen la misma responsabilidad de las recientes guerras estadounidenses que los propios Estados Unidos, incluida la responsabilidad de la hambruna en Yemen, que fue provocada por la amplia cooperación militar entre Arabia Saudita y la coalición liderada por Estados Unidos.

Al mismo tiempo, Washington sigue siendo el líder indiscutible del bloque militar, por lo que si el Pentágono decide usar sanciones para subvertir un centro de poder económico potencialmente hostil, Europa seguramente lo seguirá.

En este sentido, la reacción demostrada por Donald Trump a la llamada expresada por el líder francés Emmanuel Macron para crear una fuerza armada independiente en Europa fue particularmente reveladora. Trump describió esta propuesta como ofensiva en su Twitter, sugiriendo que Francia debe aumentar sus gastos en las necesidades de la OTAN antes de proceder con la creación de un ejército paneuropeo.

Anteriormente, Angela Merkel comentó sobre la idea de crear un ejército europeo independiente, y señaló que Europa debe tener una propuesta sobre el establecimiento de un verdadero ejército europeo. Además, ella cree que los tiempos en que Europa podía confiar en otras partes para sus necesidades de seguridad han quedado atrás. Según el canciller alemán, los viejos aliados ahora cuestionan las alianzas pasadas.

La razón detrás de las palabras de Angela Merkel se vuelve particularmente clara en el contexto de las amenazas directas de Estados Unidos de abandonar la Unión Europea sin apoyo militar si Bruselas continúa desafiando sus órdenes militares. Tales declaraciones, en particular, se hicieron el pasado mes de mayo, durante la reunión de representantes militares y políticos de la UE con Michael Murphy, quien es responsable de mantener las relaciones con Bruselas en la Casa Blanca. Según este funcionario estadounidense, cuando llegue la crisis y falle la defensa de la UE, sus ciudadanos no estarán muy impresionados con el hecho de que Bruselas solo estaba adquiriendo armas de sus propios fabricantes. Por lo tanto, Estados Unidos le ha presentado a Europa una opción difícil: garantizar la seguridad de sus fronteras solo o fortalecer sus capacidades militares dentro de la OTAN. ¿Cuál fue la respuesta de Europa a Washington? Bueno, no es un secreto.

Como ha sido señalado por la Política Exterior, la decisión de Washington de retirarse del Plan de Acción Integral Conjunto subrayó la irrelevancia estratégica de Europa y la incapacidad colectiva de sus líderes para enfrentarse a los Estados Unidos o alterar su pensamiento sobre un tema de suma importancia. Según esta publicación, el resultado práctico de toda esta situación fue desastroso, ya que las principales potencias europeas habían cedido efectivamente a la opinión de la administración Trump de que el acuerdo con Irán es inadecuado y debe ser reemplazado o complementado por acuerdos adicionales.

La negligencia encubierta de Washington hacia Europa como si no fuera más que un viejo vasallo se evidencia en el documento redactado por el Consejo Atlántico de los Estados Unidos, una organización cuya actividad es reconocida como indeseable en la Federación de Rusia. Este documento fue preparado por Washington en anticipación del lanzamiento del trabajo de la nueva Comisión Europea, encabezado por Ursula von der Leyen. Este documento describe a las principales autoridades europeas todos los pasos inmediatos que deben tomarse para que la UE persiga de manera efectiva políticas beneficiosas para la Casa Blanca. En particular, se exige a la Comisión Europea que se adhiera a sus políticas anteriores, promoviendo una no disimulada hostilidad a Rusia, creando obstáculos en la construcción de Nord Stream 2, brindando asistencia a Ucrania en su supuesta lucha contra la llamada "agresión rusa", tomando el comportamiento de las autoridades polacas como un ejemplo que todos los países europeos deben seguir. La "recomendación" sobre el uso de Polonia como modelo a seguir en las relaciones entre Europa y Rusia se basa en el hecho de que una parte importante de las élites polacas gobernantes siguen sospechando patológicamente de Rusia, ya que Varsovia es liderada por un partido que ha transformado su odio contra la Federación de Rusia en una ideología, y no es un secreto que la difusión de tales políticas en la UE provocará más odio y conducirá a la desestabilización del espacio europeo.

Al mismo tiempo, Washington está tratando de promover sus propios intereses en Europa, independientemente de las necesidades de sus aliados europeos. De hecho, en estos días los políticos franceses y alemanes no son los únicos que hablan de la necesidad de buscar mejores relaciones con Rusia. Según el jefe del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, Heiko Maas, la cooperación es el único camino hacia la paz sostenible en Europa. Esta declaración fue hecha en anticipación de la sesión plenaria del foro ruso-alemán conocido como el Diálogo de Petersburgo.

Sergei Lavrov, jefe del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, confirmó recientemente el interés de Rusia en la restauración completa de las relaciones dañadas con la Unión Europea:

“Todavía estamos abiertos al objetivo común largamente prometido y largamente proclamado de la creación de un espacio humano y económico unificado desde el Atlántico hasta el Pacífico. En un sentido más amplio, vemos la posibilidad de una asociación euroasiática más amplia”.

*politólogo experto

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