Luis Rivas

Emmanuel Macron empieza a temer por su reelección en 2022. Su empeño en repetir el duelo con Marine Le Pen podría jugar en su contra, según señalan los sondeos realizados a mitad de su mandato.

Los dos años y medio que restan para los nuevos comicios presidenciales puede parecer mucho tiempo, pero el "tempo" político francés, cuya sociedad vive en campaña permanente, nada tiene que ver con el cronológico.

Cuando se cumple la mitad de su estancia en el palacio del Elíseo, Emmanuel Macron ve cómo su ventaja con respecto a Marine Le Pen, su más que probable rival en la segunda vuelta, se reduce de forma peligrosa para él.

El diario "Journal du Dimanche", del pasado 3 de noviembre, publicaba un sondeo de la empresa IFOP, según el cual el mandatario francés obtendría un 27% de apoyo en la primera vuelta y un 55% en la segunda y definitiva. Por su parte, la jefa de Reagrupación Nacional encabezaría la primera vuelta con un 28% y se quedaría en un 45% en la final.

Una diferencia de solo 10 puntos porcentuales que contrastan con los 37 obtenidos por Macron en 2017. Le Pen pasaría del 33% en 2017, al 45%. Esa diferencia podría saltar por los aires dependiendo de la actitud de la oposición, de los candidatos de izquierda y derecha eliminados en la primera vuelta. Es ahí donde los deseos de reelección de Macron corren peligro.

Nada menos que 6 de cada 10 electores de "La Francia Insoumisa" (LFI), la principal formación de la izquierda, preferirían votar antes por Le Pen que por Macron, según indican los sondeos de opinión. El llamado "cordón sanitario" republicano, que volcaba sus votos contra lo que consideran extrema derecha, se resquebraja un poco más cada día y no parece que ni en la izquierda más extrema, representada por LFI, ni en la derecha de "Los Republicanos" (LR) —anti Le Pen— nadie esté alarmado por esa realidad.

Ya en los comicios de 2017, solo un tercio de los votantes "insumisos" de Jean-Luc Melenchon escogió la papeleta de Macron en el duelo final contra Le Pen. Dos años y medio después, y tras las reformas acometidas por el líder de "La Republique en Marche (LReM) y las que llegan —recortes en pensiones y seguro de paro— líderes de "La France Insumise" se reafirman en la idea que no van a decantarse ni por Macron ni por Le Pen.

En otras palabras, la extrema izquierda no hará ningún esfuerzo en frenar la llegada de Marine Le Pen a la presidencia de Francia.

"Alianza rojinegra"

Los "macronistas" empiezan ya a denunciar una alianza "rojinegra". Lo cierto es que tanto en la izquierda como en la derecha están hartos de que el presidente quiera volver a convertir las presidenciales de 2022 en un duelo con Le Pen. Según sus críticos, es para Macron la única manera de asegurarse la victoria, gracias al ya citado "cordón sanitario".

La estrategia de Emmanuel Macron, hasta el momento, ha funcionado como él imaginó. Hizo añicos a la centroderecha, captando para sus huestes a buena parte de los principales líderes del antiguo partido de Nicolas Sarkozy. Dividió a los verdes, aunque eso no es muy complicado pues ellos solos crean sus divisiones internas, y despiezó al centro izquierda. Eso tampoco fue muy difícil, pues el Partido Socialista cayó en un abismo tras el mandato de François Hollande y se consolaría ahora con no bajar del 5% del electorado.

Por su parte, "La France Insoumise", única fuerza de izquierda que pudo hacer frente a Macron, ha sufrido una serie de divisiones ideológicas que se acentúan ahora con su alineamiento con las tesis anti "islamófobas" que la penetración del islam político está inoculando en la izquierda francesa.

Los defensores del republicanismo y el laicismo tradicional de la izquierda no comprenden esta deriva, que muchos tachan de clientelismo político en busca de un voto pretendidamente homogéneo de los musulmanes franceses. "LFI" estaría ahora, según los mismos sondeos, en un 11% de apoyo popular, por debajo del 14,8% que obtuvo Melenchon en la primera vuelta de 2017.

Macron, siguiendo la lógica de su plan, ha comenzado a proponer medidas más duras contra la inmigración, ha denunciado el comunitarismo y se preocupa también por las cuestiones de identidad. En definitiva, los asuntos tradicionalmente favoritos de el ex Frente Nacional. El atentado dentro de la Prefectura de París del funcionario de policía convertido al islam le sirvió de ocasión para poner en segundo plano la reacción de Le Pen. El ataque de un ultraderechista a una mezquita le trastocó el discurso.

Solo las protestas sociales podrían hacer cambiar sus planes y obligarle a variar su política a más de dos años de la elección presidencial. Pero a la división de los opositores hay que sumar la de los sindicatos. Los "chalecos amarillos", que han visto disminuir su apoyo popular, han decidido sumarse a las manifestaciones que van a recorrer las calles de Francia a partir del 5 de diciembre, con la idea de iniciar una "huelga indefinida". La "convergencia de luchas" favorecerá políticamente —salvo milagro— solo a Marine Le Pen.

Pedofilia, neofeminismo y ecología: la alcaldía de París, en la tormenta

Pedofilia, favores económicos, ecología y feminismo lésbico son algunos los componentes del cóctel que amenaza con hacer implosionar la alcaldía de la capital de Francia.

La reelegida alcaldesa de París, la socialista Anne Hidalgo, se sentía feliz tras su victoria en las municipales del 28 de junio. Su coalición con el Partido comunista (PCF) y la formación Europa, Ecología Los Verdes (EELV) fue respaldada por los parisinos con una holgada diferencia ante sus rivales.

Pero la toma de posesión de los nuevos miembros del Consejo Municipal se convirtió en un espectáculo imprevisto. Bajo las ventanas de la alcaldía, unas decenas de manifestantes feministas verdes, es decir de su propia mayoría, se manifestaban con pancartas que decían: "Ayuntamiento de París: bienvenidos a Pedoland". La protesta iba dirigida contra el responsable de Cultura de la alcaldía, Christophe Girard, al que acusan de haber favorecido económicamente a su presunto amigo y famoso escritor, Gabriel Matzneff, sobre el que pesa una investigación por "violación de menores".

A Girard, un veterano del ayuntamiento que durante veinte años ha sido el gran manitú de la cultura y jefe de las subvenciones oficiales para de cientos de artistas en la capital, se le acusa de haber sufragado durante dos años la estancia en un hotel a Matzneff, a petición de la Fundación Yves Saint Laurent; además, le habría facilitado un apartamento de protección oficial y una beca del Consejo Nacional del Libro. El adjunto de la alcaldesa prefirió dimitir y encendió la ira de Hidalgo frente sus acusadores, o más bien, acusadoras, como veremos más adelante.

Matzneff, premio al pedófilo

Gabriel Matzneff, es un escritor francés que ha publicado varios libros con un contenido casi único: su atracción sobre niñas menores y la defensa de la pedofilia. Agasajado con premios —el último, el Renaudot de 2013— era una figura que siempre disfrutó de invitaciones en los platós de televisión. En una de estas emisiones culturales, en 1990, una participante le acusó de alardear en sus libros de sodomizar a muchachas menores. Pero nadie se inmutaba y sus obras siguieron vendiéndose.

En enero pasado, un libro escrito por una antigua víctima de Matzneff se convirtió en un best-seller con ventas en 25 países. En Le consentement ('El consentimiento'), Vanessa Springora, 48 años, relata su experiencia con Matzneff cuando solo tenía 14 años.

Springora, ahora directora de la editorial Juilliard, escribe que conoció a Matzneff cuando tenías 13 años y "cayó sobre su influencia" durante dos años seguidos. Dos años de relaciones sexuales que incluso la madre de la autora y conocida del escritor prefirió no perturbar; hubiera pasado por una retrógrada en los ambientes culturales de Saint-Germain-des-Prés.

Una militante ecologista, ahora elegida miembro del Consejo de París, Alice Coffin, ha encontrado en Matzneff y su supuesto amigo Girard el centro de su batalla política. Cuando el adjunto de Cultura de Hidalgo recibía un aplauso casi mayoritario en la alcaldía tras su dimisión, Coffin gritó: "vergüenza, vergüenza" en una escena que inundó las redes sociales. Alice Coffin, que se define como "luchadora feminista y lesbiana", contribuyó en el pasado a la notoriedad de la cadena Russia Today en lengua francesa, cuando declaró en una emisión que "no tener marido me ha evitado ser violada, apaleada o asesinada".

Pelea entre feministas

La cruzada de Coffin contra la supuesta inmoralidad dentro del Ayuntamiento de París ha dividido al feminismo francés. Anne Hidalgo, que además de alcaldesa se declara feminista, se dice "asqueada de que el rumor, las amalgamas y las sospechas, provoquen la dimisión de su responsable de Cultura.

Otra famosa ensayista y periodista feminista francesa, Caroline Fourest, denuncia que "se señala a testigos como si fueran acusados, los abusos, como violaciones y a inocentes, como culpables". Fourest, que vive bajo protección por amenazas de islamistas, dice sentir repulsión por Matzneff, pero defiende la militancia por la igualdad de Girard.

El affaire Girard-Matzneff ha destapado, como en otros países de Occidente, las divisiones entre feministas universalistas y neofeministas interseccionales. Vuelve a poner también sobre la escena cultural francesa la polémica sobre conceptos importados de Estados Unidos, como la 'Cultura de la cancelación' (Cancel Culture), que podríamos definir como la lapidación pública de alguien que se atreve a desafiar las normas impuestas por los nuevos moralistas y puritanos de una parte de la izquierda occidental, y que se concreta con el boicot a la obra y la opinión de los herejes.

Pero el asunto no debe hacer olvidar que la pedofilia fue defendida durante años en Francia por intelectuales y medios de comunicación, al calor del Mayo del 68, para desafiar el marco tradicional o, siguiendo la famosa expresión del siglo XIX, "épater le bourgeois".

Diarios como Le MondeLibération, adalides del pensamiento progresista —o eso pretendían antes y ahora— preferirían ahora ver quemado parte de su archivo para olvidar cómo desde sus páginas se hacía propaganda del sexo con menores, incluyendo dibujos explícitos para, por ejemplo, enseñar a los niños cómo hacer una felación.

Intelectuales y prensa propedófila

El famoso periodista de extrema izquierda, Guy Hocquenghem, que ejercía en Libération, fue el creador del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR) y uno de los principales apologistas de la pedofilia. Otro conocido militante de la causa fue el también periodista y escritor Tony Duvet, que escribió libremente: "los pequeños de dos a tres años me gustan con locura. A los seis años, el fruto me parece ya maduro".

Superviviente entre los amantes de la sexualidad con impúberes es el conocido ecologista y antiguo líder del Mayo del 68, Daniel Cohen-Bendit, ahora ecomoderado y promacronista; la videoteca le perseguirá por declaraciones como "gracias a la sexualidad con menores he aprendido mucho sobre mí mismo". Sus compatriotas verdes alemanes llegaron a proponer en su país la legalización de la pedofilia.

En los años 70 y hasta el 2000, la lista de intelectuales franceses defensores de pedófilos amateurs o profesionales es larga. El 23 de mayo de 1977, en las páginas de Le Monde 80 miembros de la intelligentsia parisina entre ellos, Jean-Paul Sartre, Michel Foucault, Roland Barthes, Simone de Beauvoir, Alain Robbe-Grillet, Jacques Derrida o Philippe Sollers, firmaron una petición para pedir que la ley no criminalizara las relaciones sexuales de adultos con menores de 15 años.

Christophe Girard, el protagonista indirecto de la polémica, ve en los ataques de los ecologistas un intento de desestabilizar a Anne Hidalgo. En la lucha por el liderazgo de la izquierda francesa, los verdes han ganado puntos en las municipales. Anne Hidalgo, una de las pocas figuras socialistas con éxito electoral es una posible candidata a las presidenciales, pero deberá ponerse de acuerdo con los ecologistas o luchar contra ellos, lo que debilitaría a la izquierda y favorecería la repetición del duelo Macron-Marine Le Pen.

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