Tras el veto impuesto por Rusia y China al proyecto de resolución del Consejo de Seguridad sobre Siria, propuesto por países occidentales que advertía a Damasco con el uso de la fuerza, y el aplazamiento de otro proyecto propuesto por Rusia, encaminado a prolongar el mandato de la Misión de Observación de las Naciones Unidas en Siria (UNSMIS) e impulsar el diálogo entre los rebeldes y el régimen de Bashar Asad, la situación en el país árabe es muy incierta.

El Consejo Nacional Sirio (CNS), con sede en Estambul, exige la retirada inmediata de Asad y pide a la comunidad internacional una intervención diplomática o, si fuera necesario, militar, para poner cese a un conflicto que provocó más de 10.000 muertos, según la estimación de la ONU.

Ofrecemos a continuación la opinión de tres sirios residentes en Moscú. Al margen de los errores que achacan al actual régimen, los tres rechazan en términos categóricos cualquier intervención militar extranjera, elogian la postura de Rusia frente a la crisis en su país y niegan que el CNS tenga derecho de hablar en nombre de todos los sirios.

Maurice Al-Ead, un joven sirio que estudia en Moscú, está convencido de que la causa fundamental de la crisis es “el interés de Occidente por debilitar a Siria como nación, además de provocar la caída del régimen de Asad”.

“Recordemos que el Ejército de Siria es el único ejército árabe en el Oriente Próximo capaz de hacer frente a la injerencia foránea en los asuntos regionales”.
Al-Ead considera que “el CNS representa a sí mismo, no a la mayoría de los sirios” y advierte de que “una intervención militar en Siria derivaría en una reedición de lo ocurrido en Irak”.

Califica de positivo el papel de Moscú en el arreglo del conflicto. “Siria habría muerto sin el veto de Rusia” en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Recomienda al Ejército gubernamental “lanzar una operación a gran escala” contra los insurgentes. “De lo contrario, la crisis va a continuar. En Siria hay un gran número de terroristas financiados desde fuera. A menos que el Estado los frene, los disturbios se prolongarán por varios años y el país se convertirá en un segundo Afganistán”.

En cuanto a las negociaciones, “sólo son posibles con la oposición interna”, a su modo de ver.

Mohamed Al Jouhari, presidente del Centro Cultural Sirio en Moscú y partidario del Frente Popular para el Cambio y la Liberación (FPCL, oposición interna), opina que la crisis actual es consecuencia de problemas económicos y sociales surgidos en la década de 1980 y “respuesta incorrecta del Gobierno a las demandas de democracia y reformas socioeconómicas”.

“El Estado tiene gran parte de culpa de lo que está pasando ahora pero también hay otros responsables, algunos países de Occidente y del Golfo Pérsico que aprovecharon la situación en beneficio propio. Proporcionaron finanzas y armamento a la oposición y a diversas formaciones. Como resultado, Siria se ahoga en un baño de sangre”.

El abismo entre el pueblo y el régimen, a la par con varias décadas de opresión y estado de emergencia, generaron una crisis hacia marzo de 2011.

“Las primeras protestas eran pacíficas pero las provocaciones por parte del Estado y sus servicios secretos hicieron a los manifestantes tomar las armas (…) La revolución ya rebasó su contenido original. Ya no se trata de una revolución sino de bandas armadas financiadas por Qatar, Arabia Saudí, etcétera. El pueblo llano se ha visto al margen, quiere libertad pero no a este precio”.

Al Jouhari sugiere a Damasco “cumplir la voluntad de la oposición, en particular, excarcelar a los presos políticos (…) y autorizar las manifestaciones pacíficas”.

Ninguna ala de la oposición, según él, representa a todo el pueblo, y menos, el CNS cuyos integrantes residen en el extranjero. “La oposición interna sí que cuenta con el apoyo en Siria. Se requiere un diálogo nacional pero el Gobierno rehúsa dar pasos en esta dirección”.

Otro partidario del FPCL, el profesor de Economía Khaled Osmane, también considera que el CNS “no tiene nada que ver con el pueblo sirio y se aprovecha de la inestabilidad en el país”.

“Quieren entrar en Siria en los tanques de la OTAN y tomar el poder, tal y como ocurrió en Irak”.

Si no fuera por la “postura histórica” de Moscú, en Siria se reeditaría el llamado guion libio’ según Osmane: “Rusia nos protegió de la esclavitud, la ocupación y la división del país”.

Él recomienda a Moscú “seguir presionando sobre el régimen y la oposición”. “Una de las exigencias es formar un Gobierno de unidad nacional que no puede incluir exclusivamente a los representantes de Baaz (Partido del Renacimiento Árabe Socialista).

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