Es evidente que el transcurso de la legislatura se está complicando más de lo que inicialmente pudo pensar Mariano Rajoy y que, en paralelo, dentro del Ejecutivo se han producido enfrentamientos inconvenientes y cierta decepción sobre la capacidad personal de algunos ministros.

El titular de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, tiene abiertos frentes de discrepancia pública con el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, y con el de Industria, Energía y Turismo,  José Manuel Soria, quien además es el hombre fuerte del PP en Canarias. También son conocidas las tensiones que Montoro mantiene con el jefe de la Oficina Económica de la Moncloa, Álvaro Nadal, que es un valor en alza cerca de Mariano Rajoy y de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, y el escaso  aprecio que despierta en algunos dirigentes autonómicos del PP (el caso de Andalucía, donde se le achaca la responsabilidad del último fracaso electoral, es el más significado).

Otros ministros de segundo rango (como la titular de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, o el de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert e incluso el “pisacharcos” del Interior, Jorge Fernández Díaz, ya han demostrado su absoluta incapacidad para el cargo. Problema al que se debe añadir también el error de no haber incluido inicialmente en el Ejecutivo una vicepresidencia económica, que en principio fue asumida de forma oficiosa por el propio Rajoy, y que se debería subsanar cuanto antes.

Fuentes internas y solventes del PP, e incluso entornos próximos a ministros actuales con aspiraciones de ascenso, como Alberto Ruiz-Gallardón (y en menor medida José Manuel García Margallo), reconocen la urgente necesidad de acometer una restructuración del Ejecutivo después del verano, pudiendo servir incluso como “tiempo muerto” para disolver o retrasar la explosión social latente, a la espera de que la actitud de las autoridades europeas sobre el tratamiento de la crisis conlleve algún balón de oxígeno para España.

Rajoy está tocado psicológicamente. En sus últimas apariciones públicas se le ha notado “ausente”, con un discurso que no pasa del derrotismo: “He hecho todo lo que he podido y la solución del país ya no depende de mi”.

Las grietas internas en un Gobierno mal valorado (y cada vez peor), sus discursos contradictorios, la duplicación de comunicados… y la “otoñal” que se avecina de agitación social y de explosión política independista, son factores más que suficientes para dar credibilidad a una remodelación del Ejecutivo.

La decisión, su momento, su alcance y la relación de “nominados” es potestad exclusiva del presidente Rajoy. Pero entre los nuevos nombres que se podrían incorporar al Consejo de Ministros los mentideros de la política incluyen de forma razonable al citado Álvaro Nadal, a Josep Piqué y a Javier Arenas.

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