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Miguel Alba

El tiempo siempre pone esa distancia necesaria para analizar con sensatez las cosas. “Tardarán meses antes de que podamos ver con perspectiva la gestión del tema catalán. En qué se ha fallado, qué se ha hecho bien. El asunto tiene demasiadas aristas y es sencillo caer en el análisis visceral que te pide el cuerpo después de ver todo lo que sucede ahora mismo en el día a día. Una de las primeras conclusiones que están claras es que el Estado tiene que volver a recuperar las conexiones con Cataluña. Tiene que volver a tener su hueco, volver a estar presente de una manera activa y, especialmente, volver a saber lo que pasa allí. Ha habido reuniones con inversores que me han preguntado: ¿El CNI no se ha enterado de lo que estaba sucediendo en Cataluña?” Quien reflexiona, un presidente del Ibex, construye un profundo silencio para armar su respuesta ante la labor de los espías españoles. “Quiero pensar que sí, que sabía lo que estaba sucediendo, pero hay determinadas situaciones, como el tema de las urnas del referéndum, que indican la contrario. Si el Gobierno aseguraba con tanto ahínco antes del 1-O que no iba a haber urnas imagino que era porque desde el CNI tenían controlado la desarticulación del aparataje del referéndum. Por desgracia, no fue así”.

El asunto de las urnas puso en el disparadero al CNI entre algunos miembros del Gobierno. “Se equivocaron el 9-N y la volvieron a pifiar el 1-O”, señalaban días atrás desde el Ejecutivo sobre el Centro Nacional de Inteligencia, dirigido por la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. ¿Dónde estaban las famosas cajitas de plástico?. Esta era la gran pregunta de las vísperas del 1-O. Durante semanas, los cuerpos de seguridad y los efectivos del CNI buscaron sin éxito la pieza más deseada del referéndum ilegal. Carles Puigdemont se jactaba, en declaraciones a los medios informativos, especialmente extranjeros, que "tenemos diez mil". Parecía una bravuconada. Pero las tenía. Desde hace al menos tres semanas, según narran ahora los propagandistas de la secesión.  La laguna del CNI con las urnas fue más que patente. La fuga de Puigdemont a Bruselas vuelve a señalar de nuevo al centro de mandos de la Cuesta de las Perdices. ¿De verdad no conocía el Gobierno la espantá del ‘Mesías’ del procés? La respuesta de Moncloa ante las primeras informaciones de El Periódico indica que el Gobierno no tenía idea alguna del ‘erasmus’ del expresident. Dato preocupante teniendo en cuenta que Puigdemont mantiene una escolta de dos mossos que, desde el día anterior a la marcha a Bruselas, están bajo control del Ministerio del Interior. Por tanto, deben comunicar al organismo que dirige Zoido dónde están en cada momento. ¿Y el CNI? “Un par de agentes le siguieron hasta la frontera pero no pudieron actuar porque hay libre circulación de personas por el espacio europeo y, en ese momento, Puigdemont y los exconsellers fugados no estaban acusados de delito alguno”, señalan fuentes policiales.

¿Qué ha hecho la Cuesta de las Perdices durante los años en los que el independentismo catalán, con expresa traición a los principios constitucionales, ha ido socavando pueblo a pueblo, ciudad a ciudad, el sentimiento de pertenencia a España? ¿Qué saben allí del Centre de Seguretat de la Informació de Catalunya (Cesicat), surgido con el apoyo de empresas especializadas israelitas?

Después de Madrid, donde está la sede central del CNI, Cataluña es con diferencia la comunidad que dispone de más agentes secretos. Históricamente tenían su sede principal en la confluencia de la calle Balmes con la Ronda Universitat de Barcelona, pero todo cambió hace nueve años, tras los atentados islamistas del 11-MAlberto Sainz, nombrado director del CNI pocos meses después, puso en marcha un plan para hacer frente a ese nuevo terrorismo. Una de sus medidas fue potenciar al máximo la delegación en Cataluña y convertirla en división. Decenas y decenas de agentes fueron enviados a partir del año 2004 con la misión principal de buscar confidentes en mezquitas, asociaciones y grupos musulmanes, para detectar a posibles terroristas o a quienes estuvieran en proceso de apoyar el uso de las armas. Esa presencia en Cataluña de grupos islamistas preocupantes para la seguridad del Estado llevó también a que las principales agencias de espionaje del mundo aumentaran su presencia en la comunidad y a que algunas que no contaban con ella, la abrieran.

En los últimos años, cuando el procés se asentó en una potente velocidad de crucero, un nutrido grupo de agentes ha cambiado su objetivo de trabajo y ha pasado a dedicarse al independentismo. Una parte lo hace trabajando en la calle y buscando información sensible, pero otro grupo, el formado por los analistas, convierte los datos aportados por sus compañeros y por otras fuentes de información en claves sobre lo que está pasando en los cenáculos catalanes y trata de descubrir cuáles van a ser los pasos que van a dar desde la antigua CiUERC, pero también desde el resto de los partidos catalanes, como el PSC, los 'comunes' o la CUP. “En algunos momentos, lo tenían todo bastante controlado porque tenían gente dentro del núcleo independentista”, comentan desde el mundo policial. Tanto, que los ‘indepes’ comenzaron a poner todo tipo de barreras de información pese a que los barridos en las sedes encargadas por ERC y el resto de grandes partidos no detectaron ningún teléfono pinchado. Medidas de seguridad que siguen realizando periódicamente. “La transversalidad del secesionismo, especialmente cuando ANC y Ómnium fueron ganando peso, dificultó esa labor de control del CNI. Faltaron recursos para abordarlo todo”, explican estas mismas fuentes.

Esta necesidad de recursos, obligó a que algunos de los oficiales de inteligencia que hasta hace unos años trabajaban en todo lo relativo a ETA, fueran reconvertidos a la investigación del secesionismo ante la disminución del grado de amenaza de la banda terrorista y el importante ‘tijeretazo’ del presupuesto que ha sufrido el organismo en las épocas duras de la crisis económica. Una parte de ellos se ha sumado al equipo que trabaja sobre el tema de la independencia, una de las prioridades actuales del CNI. De hecho, los grandes temas, como es el secesionista, son controlados directamente por el director del CNI, Félix Sanz Roldán, encargado de crear el caldo de cultivo contrario al procés desde que Artur Mas decidió iniciar el pulso al Estado.

¿Merece la pena gastar algo más de 200 millones en mantener abierta una carcasa que por lo visto en el episodio catalán no garantiza la seguridad del país y la unidad del Estado? Absolutamente. No nos podemos permitir el no disponer de un CNI, columna vertebral de todo país desarrollado, con personal y recursos para defender con eficacia los intereses nacionales. Está en juego nuestra seguridad y, lo que es más importante, nuestra libertad. Pero, el CNI debe realizar también un importante ejercicio de autocrítica. En febrero de 2016, San Roldán explicaba, en un almuerzo organizado por el Club Siglo XXI, las líneas generales de actuación del CNI. En un momento dado, al hablar sobre el desafío secesionista catalán aseguró que “el CNI hace en Cataluña lo mismo que en Alcázar de San Juan” y en cualquier otro sitio de España. Quizás ése ha sido el problema. En Alcázar de San Juan no hay ningún Puigdemont.

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