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Roberto R. Ballesteros y Marcos García Rey

Las actas de la policía secreta de la República Democrática de Alemania desmontan el mito de que la Stasi mantuviera una relación fluida con ETA, según el investigador Ibon Zubiaur.

La memoria colectiva moderna conoce las actividades vigilantes y represivas de la Stasi, la policía secreta de la República Democrática de Alemania (RDA), por el film 'La vida de los otros'. En ese largometraje ganador del Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 2007, el director Florian Henckel describe con maestría cómo los agentes de la Stasi controlaban a los artistas para que no subvirtieran el orden establecido del comunismo imperante.

Durante años, la historiografía y diversas piezas periodísticas relacionaron a la Stasi con la organización terrorista ETA. En principio, su lucha ideológica y armada contra el "fascismo" y el capitalismo permitía dibujar una estrategia común de intereses para ETA y la Stasi. Sin embargo, una investigación de la Fundación Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo aparecida este mes de diciembre y escrita por Ibon Zubiaur desmiente el mito de que esas dos organizaciones tuvieran una estrecha relación entre 1950 y 1990, periodo en el que estuvo activa la Stasi.

El autor analizó por vez primera 1.200 de los 14.000 documentos a los que tuvo acceso del archivo del antiguo Ministerio para la Seguridad del Estado de la RDA. Entre sus conclusiones, cabe destacar que la Stasi ignoró a ETA y no la apoyó porque esta no se hallaba en su radar geográfico de influencia, porque le parecía una utopía la creación de un estado vasco entre Francia y España, porque el marxismo leninista de ETA era inferior ideológicamente al "socialismo real existente" en la RDA y, finalmente, porque despreciaban su violencia terrorista. 

Para la inteligencia de la RDA, que llegó a contar con 100.000 agentes y 200.000 informadores, a pesar de cierta cercanía ideológica por su anticapitalismo y antifascismo, ETA era casi más un problema que un posible aliado. La prevención del terrorismo exterior a la Alemania comunista era una de las prioridades de la Stasi. En una de las actas que analiza Zubiaur, se alude a las conversaciones de Argel de mediados de los ochenta entre enviados del Gobierno de Felipe González y dirigentes etarras. La Stasi concluye: "ETA no supone un peligro ni riesgos de seguridad para la RDA y sus aliados ni cabe esperar de ella actividades hostiles".

Además, el desprecio ideológico es patente en la documentación investigada. Según su autor, para la Stasi, "ETA Militar era un grupo nacionalista radical que persigue objetivos no realistas y contrarios a los intereses de la clase trabajadora". Añaden los documentos analizados que las fuerzas detrás de ETA Militar "ni siquiera pueden ser calificadas de socialdemócratas. Muchos de sus líderes son nacionalistas conservadores".

Escasos contactos personales

La investigación de Ibon Zubaiur sostiene que los servicios de inteligencia de la RDA solo comienzan a prestar cierta atención a ETA en septiembre de 1980, una vez que la democracia ya ha recorrido un tiempo en España. Esa fecha no es señalada por el autor como un hito casual, sino que fue entonces cuando aparecieron por Berlín tres integrantes de ETA Político-Militar: Luc Edgard Groven alias 'Eric', Manuel Cecilia Cecilia y Ramón Díaz-Miguel Maseda. Los dos últimos tenían nombres falsos y sobre la identidad del primero la Stasi nunca tuvo claro si era genuina. Pero la documentación sí deja claro que 'Eric' era belga y miembro del aparato de relaciones internacionales de la organización terrorista vasca.

Los tres miembros de ETA habían acudido a la capital de la RDA a recoger armas de las manos de un colaborador cercano del famoso terrorista de origen venezolano 'Carlos el Chacal'. El acta de la Stasi reza así: "Bajo la dirección de 'Eric' se realizó a través de Berlín Oeste, el 4.11.80, el transporte de armas facilitado por el grupo de 'Carlos', a través de la RFA y Francia hasta España". La Stasi controló el movimiento de los tres terroristas en todo momento, pero se limitó a eso, a supervisar sus andanzas y a mirar para otro lado en la entrega de armas en territorio de la RDA. Apenas se registran oficialmente más visitas de etarras a la Alemania comunista.

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Acta de la Stasi sobre el etarra Luc Edgard Groven, alias 'Eric' 

Sin embargo, la Stasi sí envió colaboradores no oficiales a España. Ibon Zubaiur identifica a dos de ellos: 'IM Taler' e 'IM Bruno'. El primero era el alemán Klaus Croissant (1931-2002), abogado de Andreas Baader, uno de los líderes de la banda de Baader-Meinhof, en el proceso contra la Fracción del Ejército Rojo en 1975. Croissant fue condenado a dos años y medio de prisión en 1979 por su colaboración con la Baader-Meinhof. El segundo era el japonés Masao Adachi (1939-), destacado dirigente del Ejército Rojo Japonés.

A ese respecto, indica Zubaiur: "La pretensión de que un terrorista japonés y un abogado alemán pudieran aportar información relevante sobre ETA suena casi descabellada, aunque en el caso de Croissant debió de obedecer a su relación sentimental con Brigitte Heinrich ('IM Beate Schäfer'), infiltrada de la Stasi en Los Verdes que llegó a ser diputada en el Parlamento Europeo por esta coalición y mantenía buena relación con el aparato político del Movimiento de Liberación Nacional Vasco".

En todo caso, escasas y débiles fueron las relaciones de la Stasi con ETA. Un mito histórico más que se despeña.

Comentario: Es posible que alguna vez la URSS se haya ofrecido a ayudar a acabar con ETA a cambio de que España no entrase en la OTAN, y debilitar así a un órgano europeo del pentágono:

Fuente: El Confidencial

¿Fue ETA el brazo ejecutor de la CIA para impedir que España tuviese armas atómicas?

El arma nuclear secreta española

Raúl Fernández

(I)

Para el general Franco, un gobernante obsesionado con la idea de alcanzar para España la gloria y el poder de otrora tiempos en el complejo escenario internacional, el potencial destructivo de las dos bombas atómicas que Estados Unidos lanzó en 1945 sobre Hirosima y Nagasaki no pasaron en absoluto desapercibidas. A partir de ese momento, se fue urdiendo un complejo y ambicioso plan secreto con el objetivo de que España dispusiera de material nuclear en su arsenal.

Por demencial que pueda parecer este plan, hay que destacar que sorprendentemente España hacia el final de la década de los sesenta, por una extraña concurrencia de esfuerzo ciéntífico, económico y  de felices casualidades, probablemente había conseguido superar casi todos los obstáculos, y se encontraba, al menos teóricamente, en disposición de producir armamento nuclear, generando la consiguiente alarma tanto entre soviéticos como americanos, que veían con auténtico pavor la posibilidad de una singular a la par que imprevisible España en el selecto club nuclear.

Para Franco el ansiado arsenal nuclear representaba un instrumento de primer orden que haría que su sueño de situar a España en el escenario internacional se cumpliera, disponiendo de un arma disuasoria que además disminuyese significativamente la dependencia de Estados Unidos. Por otro lado, también sería un instrumento fabuloso de cara a la  hegemonía política y militar en el Magreb, sobre todo de cara al odiado Marruecos.

Precisamente los acontecimientos se precipitarían a causa de este último país, cuando se independizo en 1956. La crisis de Ifni y la prohibición de Estados Unidos a las fuerzas armadas españolas de utilizar material de guerra cedido en virtud de los acuerdos de 1953, terminaron de convencer a Franco y a su gabinete de la necesidad de llevar a cabo el proyecto.

Esta cadena de acontecimientos culmina en 1963, cuando el capitán general Agustín Muñoz Grandes encargó un informe de viabilidad sobre la posibilidad de construir un arma nuclear de forma secreta a la Junta de Energía Nuclear. Nacía “oficialmente” el ultrasecreto “Proyecto Islero”.

Pero como hemos señalado anteriormente, el entusiasmo de Franco había propiciado que desde finales de la década de los 40, se hubiesen dado pasos en este sentido, y así, en 1951 el propio Caudillo crea la Junta de Energía Nuclear.

El encargado de coordinar los recursos de los que se disponía fue el General Vigón, quien tras su muerte en 1955 daría paso a un enérgico Almirante Carrero Blanco, que no cejo en el empeño hasta su muerte, obsesionándose tanto o más que el propio Franco con este proyecto.

Paradójicamente, la financiación inicial del proyecto vendría de la mano de unos confiados Estados Unidos, quienes en el marco del programa Átomos para la Paz, en el año 1955 ceden al estado español la nada desdeñable cantidad de 350.000 $para el desarrollo de programas nucleares de ámbito civil. Ni que decir tiene que los fondos fueron desviados oportunamente al programa militar a través del Centro de Energía Nuclear Juan Vigón.

En 1963 se creó la Ley sobre la Energía Nuclear y se autorizó la que sería la primera central española: Almonacid de Zorita, en Guadalajara. Esta central, rebautizada con el nombre de José Cabrera, inició su actividad el 14 de julio de 1968.

Pero a pesar de todos los esfuerzos y tímidos avances, y de que la disponibilidad de Uranio en España no era problemática, al contar con reservas mineras, no había manera de construir un ingenio nuclear ni de conseguir el preciado Plutonio, y el proyecto, hacia el año 1965, si bien no fue cancelado, entró en una profunda fase de letargo.

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Bombas de Palomares en el National Atomic Museum de Albuquerque, Nuevo México.

Pero esta racha cambiaría en enero de 1966 con el incidente de Palomares, cuando el accidente de un B52 estadounidense y un avión cisterna provocó que el primero dejase caer cuatro bombas Mark 28 de 1,5 megatones cada una.

Era una oportunidad única, y técnicos españoles rastrearon la zona donde había explosionado la carga convencional de dos de ellas consiguiendo hacerse con varios restos, entre ellos al menos parte de un detonador, pieza fundamental del ingenio.

Los acontecimientos se precipitan, y así, en 1968 se instala el reactor Coral-1 en la sede de la Junta de Energía Nuclear, consiguiendo en 1969, en el más absoluto de los secretos, los primeros gramos de plutonio de tipo militar.

Las bases para la producción de un arma nuclear en España habían sido puestas…

(II)

España, a finales de la década de los 60del siglo anterior, gracias a un decidido apoyo político y económico desde las más altas instancias del Estado y a diversa vicisitudes, con la figura del almirante Carrero Blanco como gran valedor, se encontraba en disposición de fabricar armamento nuclear.

Hay que recordar que el desarrollo de la tecnología nuclear fue tan elevado y las aspiraciones tan ambiciosas que en 1957 se elaboran en España los primeros proyectos para la instalación de Zorita y Garoña. Paradójicamente, ese mismo año había empezado a funcionar la primera central civil norteamericana. La experiencia adquirida permitió además que la JEN (Junta de Energía Nuclear) construyera, con su propia tecnología, tres reactores de investigación (para sus propias instalaciones y para las universidades de Barcelona y Bilbao).

Según las estimaciones de los servicios de inteligencia norteamericanos, España, en la década de los 60, se encontraba en el quinto puesto mundial en cuanto a desarrollo de energía nuclear de doble uso. Sorprendente teniendo en cuenta el estado y las carencias de la economía en ese momento.

No obstante, aunque España poseía en 1970 la mayoría de los conocimientos técnicos para construir armamento nuclear, no podía hacerlo. Le faltaba el combustible. El cedido por Estados Unidos estaba insuficientemente enriquecido y sometido a estrictos controles por razones obvias.

Sin embargo, todo parecía favorecer este proyecto, incluso la política internacional…

En los albores de la década de los 70, un indignado De Gaulle ve cómo su sueño de una defensa europea independiente se esfuma al plegarse el Reino Unido a las doctrinas de Washington, renunciando, al menos oficialmente, al desarrollo de armamento nuclear al suscribir el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) el 1 de julio de 1968.

Pero una habilidosa diplomacia francesa, consciente de que esta batalla política no podría librarla en solitario frente al criterio de EE.UU. y la URSS, y recelosa de las decisiones de un excesivamente pragmático gobierno de Londres mirando hacia el otro lado del Atlántico desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, había sondeado al gobierno español desde principios de 1960 en busca de un aliado estratégico más fiable que los británicos.

Tanto el plan del general Charles de Gaulle como su sucesor al frente de la Presidencia de la V República, Georges Pompidou, consistía en que España se convirtiera en potencia nuclear y aliada suya, pero a la vez con autonomía respecto a Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Así , en un primer contacto a finales de 1963, el embajador de España en París fue convocado para proponerle la adquisición de una central nuclear. Se trataba de una planta que no necesitaba enriquecer el uranio para su funcionamiento y cuyos residuos constituían un subproducto de inapreciable valor militar: el plutonio.

Tras la firma del TNP, el gobierno francés planteó al español sin tapujos la venta de una central de grafito-gas, la primera que París estaba dispuesto a instalar fuera de sus fronteras. Para el gobierno español y la cúpula militar del momento no sólo estaba claro que Francia no se oponía a la idea de que España poseyera una bomba nuclear, además denotaba una necesidad imperiosa del gobierno de París en este sentido, por lo que se llegó a un rápido acuerdo. Nacía el proyecto de la Central de Vandellós I,  (eso sí, con un compromiso de “uso pacífico” de las instalaciones), crucial para el desarrollo del programa de armamento nuclear del régimen, y cuyo desenlace veremos en una próxima entrega…

(III)

Como vimos, fruto de la interesada colaboración francesa con el régimen español nacía el proyecto de la Central de Vandellós I, crucial para el desarrollo del programa de armamento nuclear liderado por el almirante Carrero Blanco.

Este acuerdo tenía muchas ventajas para España, ya que permitía dotarse del ansiado plutonio de uso militar en cantidades más que respetables ya que la central de Vandellós era ideal para obtenerlo. Además, como estaba construida con tecnología francesa, este país no permitía a la OIEA que inspeccionara sus instalaciones nucleares, estando el secreto salvaguardado. El compromiso de uso pacífico era puramente verbal, sin existencia de salvaguardas, y los pretendidos controles, a la sazón, totalmente inoperativos.

El 6 de marzo de 1972 entraría en servicio Vandellós I, que constaba de un reactor de tipo GCR (grafito-uranio natural) y refrigerada por gas, el único de este tipo construido en España. Este tipo de central, si bien no era extraordinaria desde el punto de vista del rendimiento energético, si demostró ser una excelente fuente para la obtención de plutonio militar, que en definitiva era lo que parecía esperarse de ella. Además, como ya vimos en la anterior entrega, en 1968 se instala el reactor Coral-1 en la sede de la Junta de Energía Nuclear, consiguiendo en 1969, en el más absoluto de los secretos, los primeros gramos de plutonio de tipo militar.

Aunque la simple existencia de Vandellós y de otras instalaciones, que abrían la posibilidad de fabricar armas atómicas, constituía una poderosa disuasión, el plan de fabricarlas seguía adelante, y en 1971, el Centro Superior de Estudios de la Defensa (CESEDEN), elabora un informe confidencial en el que se señalaba en sus conclusiones que “España podía poner en marcha con éxito la opción nuclear militar”.

Pero Estados Unidos no veía con buenos ojos la “opción nuclear española”. Ciertamente, a pesar del secretismo, la CIA ya tenía el foco puesto sobre el tema nuclear español y sus sorprendentes avances desde la década de los 60, pero lo que realmente convirtió este asunto en prioritario fue la negativa de España a ratificar el TNP, y la subsiguiente colaboración francesa. El asunto era evidente para cualquiera, y de acuerdo a la doctrina estadounidense “cuando España es importante, es peligrosa” (Henry Kissinger).

Lo que realmente hizo saltar todas las alarmas en Washington fue la llegada a la presidencia del Gobierno de Carrero Blanco, personaje considerado por EE.UU. hostil para sus intereses, extremo este que el Almirante tampoco se molestaba demasiado en disimular. El gobierno estadounidense sumó dos más dos y llegó a la rápida conclusión de que la conjunción de un Presidente del Gobierno español abiertamente enfrentado a sus intereses, que a su vez había sido y seguía siendo el gran impulsor del programa nuclear español era sinónimo de problemas y más problemas.

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Henry Kissinger (izquierda), con el presidente del Gobierno español, almirante Luis Carrero Blanco, en 1973 

Estados Unidos se mueve rápidamente al más alto nivel y pone en marcha su maquinaria diplomática. Así, el 19 de diciembre de 1973, el secretario de estado Henry Kissinger y el almirante Carrero Blanco mantienen una larga, acalorada e improductiva reunión en la que este último, a la vista de la dura negociación, esgrime un documento en el que un perplejo secretario de estado estadounidense toma conciencia de lo consolidado y avanzado del proyecto nuclear español y de que ni mucho menos se trata de un proyecto a largo plazo. Un conmocionado Kissinger regresa a Washington ese mismo día, y al siguiente, el 20 de diciembre, Carrero Blanco muere asesinado en un atentado.

La muerte de Carrero y posteriormente la de Franco lógicamente renaron el proyecto, pero ni mucho menos entró en vía muerta. La CIA advertía en 1974 que “España es uno de los países de Europa merecedores de atención por su posible proliferación (de armas nucleares) en los próximos años. Tiene reservas propias de uranio de moderado tamaño, un extenso programa de desarrollo nuclear (tres reactores operativos, siete en construcción y otros 17 más en proyecto), y una planta piloto para enriquecimiento de uranio”.

A partir de 1975, los sucesivos gobiernos, herederos de la doctrina de Franco y Carrero en esta materia, conscientes del potencial de un arsenal nuclear, siguieron desarrollando el proyecto como una poderosa herramienta de negociación en esos críticos años. De hecho en 1977 se anunció la creación de una planta de enriquecimiento de uranio, pero para Estados Unidos fue la gota que colmó el vaso de una situación totalmente inaceptable, y en 1981, bajo enormes presiones (con amenazas de sanciones económicas incluídas), y a la vista del complicado escenario político interno, un débil gobierno de España accede a la revisión de sus instalaciones “sospechosas” por la OIEA, con la firma de un acuerdo para someter estas instalaciones a verificación constante.

En 1983, el gobierno de Felipe González suspende los ambiciosos programas de energía nuclear, promesa electoral que figuraba en su programa para las elecciones de 1982, siendo aprobada una moratoria nuclear en 1984.

Finalmente, en 1987 se ratifica el TNP, dando por finalizado cualquier resquicio de alimentar el proyecto de obtención de la bomba atómica.

En cualquier caso ¿Alguien puede afirmar con seguridad si no se fabricó una bomba atómica?…

Fuente: ¿Qué aprendemos hoy?

En colaboración con QAH| Rumbo a la Historia 

La URSS se ofreció para combatir a ETA

Publicado en El País. JUAN GONZÁLEZ YUSTE

Washington 27 FEB 1979

La Unión Soviética habría ofrecido su ayuda al Gobierno español para combatir a la organización ETA a cambio de que España no ingrese en la OTAN, según una información aparecida ayer en el semanario norteamericano Newsweek.

La noticia, que se publicó en la sección Periscope, es muy breve, no está firmada y no se hace referencia en ella a las fuentes de donde procede. Indica que la oferta fue hecha por el primer ministro soviético, Alexei Kosiguin, al ministro de Asuntos Exteriores español, Marcelino Oreja, durante su reciente visita a Moscú.

El ministro español, prosigue la revista, rehusó discutir el asunto. El Gobierno español habría pedido la colaboración de expertos en la lucha antiterrorista de la República Federal de Alemania.

Por otra parte, Andrei Grorniko, ministro de Asuntos Exteriores soviético, manifestó ayer su satisfacción por la «positiva marcha» de las relaciones de la URSS con España.

La embajada de la URSS en España dijo ayer, con respecto a esta información, que «es puro infundio y persigue unos objetivos claramente provocadores», y reiteró el principio de no injerencia en los asuntos internos de los distintos países.

Moscú acusa a la CIA del asesinato de Carrero Blanco

Publicado en El País. FELIX BAYON

Moscú 10 FEB 1981

La CIA fue cómplice del asesinato del almirante Carrero Blanco, afirmaba ayer la agencia oficial soviética Tass, basándose en informaciones del libro del ex espía español Luis González Mata (más conocido por El Cisne). Tass dijo que «los agentes de la CIA supervisaron los preparativos del atentado contra Carrero Blanco y tomaron todas las medidas precisas para que no fallara. Washington», proseguía Tass, «quería eliminar a ese político franquista de tendencia nacionalista, que le impedía enrolar a España en la OTAN y se negaba a cumplir ciegamente todas las órdenes que recibía del otro lado del Atlántico». La agencia oficial soviética hace estas revelaciones dentro de la serie de noticias que viene difundiendo a raíz de las declaraciones del secretario de Estado norteamericano, Alexander Haig, quien recientemente acusó a Moscú de respaldar el «terrorismo internacional».

Sobre el asesinato de Carrero, Tass agrega que, en la víspera de su muerte, el almirante tuvo «una entrevista con el entonces secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, que acababa de llegar a Madrid. Esa entrevista», se añadía en la información de la agencia soviética, «fue fatal para Carrero Blanco».

Entre sus acusaciones contra la CIA, Tass destaca el asesinato de Aldo Moro -líder de la Democracia Cristiana italiana que no rechazaba del todo la participación del Partido Comunista en el Gobierno de su país-. Según Tass, «el hijo de Aldo Moro, Giovanni, declaró a los miembros de la comisión parlamentaria encargada de investigar el homicidio de su padre que un alto cargo de Estados Unidos advirtió a Aldo Moro, en un viaje suyo a ese país, del peligro que estaba corriendo y le aconsejó que se retirara de la política o que cambiara de línea de conducta Aldo Moro», concluía Tass, «no siguió ese consejo y los resultados ya son conocidos por todos».

Entre las intervenciones de la CIA en Europa, Tass hace referencia también a la «intentona antigubernamental» de los partidarios del general Spinola (Portugal, 1975).

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