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Edward Curtin

"'Todos somos marioneta', contestó el sospechoso, diciendo más verdades de las que podría haber entendido en ese momento".

~ Lisa Pease, citando el interrogatorio de la policía de Los Ángeles a Sirhan Sirhan.

Cuando el senador Robert Kennedy fue asesinado el 5 de junio de 1968, el público estadounidense cayó en un trance hipnótico en el cual han permanecido desde entonces. La abrumadora mayoría aceptó lo que las autoridades gubernamentales presentaron como un caso fácil en el que un joven palestino-estadounidense, Sirhan Sirhan, había asesinado a RFK por su apoyo a Israel, una acusación falsa cuyas ramificaciones se hicieron eco a lo largo de los años. El hecho de que esto fuera completamente falso y haya sido rebatido por pruebas abrumadoras no hizo ninguna diferencia.

Sirhan no mató a Robert Kennedy, pero sigue en la cárcel hasta el día de hoy. Robert Kennedy, Jr. que tenía 14 años en el momento de la muerte de su padre, ha visitado a Sirhan en la prisión y afirma que es inocente y que cree que había otro pistolero. Paul Schrade, un ayudante del senador y la primera persona a quien dispararon esa noche, también dice que Sirhan no lo hizo. Ambos tienen muchas pruebas. Y no son los únicos.

Existe un vasto cuerpo de evidencias documentadas para probar este hecho, un argumento indiscutiblemente lógico, presentado por escritores e investigadores serios. Lisa Pease es la más reciente. Es una razón por la que un grupo de 60 estadounidenses prominentes ha pedido recientemente la reapertura no sólo de este caso, sino también los de JFK, MLK y Malcom X. La sangre de estos hombres exige a gritos la revelación de la verdad que el estado de seguridad nacional de los Estados Unidos y sus cómplices de los medios de comunicación han luchado tan poderosamente para mantener oculta durante tantos años.

El hecho de que hayan trabajado tan duro para lograrlo revela lo peligrosa que sigue siendo la verdad sobre estos asesinatos para este gobierno secreto que libra una guerra propagandística contra el pueblo estadounidense y guerras reales en todo el mundo. Es un gobierno de demócratas, republicanos y sus aliados de inteligencia que actualmente trabajan conjuntamente para confundir al pueblo estadounidense y provocar a Rusia en un juego de lo más peligroso que podría conducir a una guerra nuclear, una posibilidad que asustó tanto a JFK y a RFK después de la Crisis de los Misiles Cubanos, que se dedicaron a poner fin a la Guerra Fría, reconciliarse con la Unión Soviética, abolir el armamento nuclear, reprimir el poder de la CIA y retirarse de Vietnam. Por eso los mataron.

La red de engaños que rodea a la ahora oficialmente desacreditada operación de propaganda del Russiagate dirigida por el Partido Demócrata, que ha fortalecido a Trump para redoblar sus operaciones en contra de Rusia (un objetivo del Partido Demócrata), es un ejemplo de la pérfida y sofisticada mutualidad de este juego para el control mental de las masas.

El asesinato de los Kennedy, la nueva Guerra Fría y la guerra contra el terrorismo de hoy en día son dos extremos de una operación de inteligencia vinculada.

Además, más que cualquier otro asesinato de los años 60, es el asesinato de Bobby Kennedy el que ha permanecido más envuelto en la mayor ignorancia.

Es una de las mayores historias de éxito propagandístico de la historia de Estados Unidos.

En su nuevo y exhaustivo análisis del caso, A Lie Too Big To Fail ("Una mentira demasiado grande para fracasar"), Lisa Pease lo expresa sucintamente en la conclusión de su desenmarañamiento de las mentiras oficiales que han hipnotizado a la opinión pública:

El asesinato de los cuatro principales líderes de la izquierda política en un período de cinco años -el presidente John Kennedy en 1963, Malcolm X en 1965, y Martin Luther King, Jr. y el senador Robert Kennedy en 1968- representó nada menos que un golpe de Estado ralentizado en la escena política.

Si alguien desea entender lo que le ha sucedido a Estados Unidos desde este golpe, y por lo tanto a sus innumerables víctimas en casa y en todo el mundo, uno debe entender estos asesinatos y cómo los presuntos asesinos fueron manipulados por los organizadores del golpe y cómo el público fue engañado en una operación de control mental a gran escala. No es cosa del pasado, pues las fuerzas que mataron a estos líderes gobiernan hoy en día en Estados Unidos, y su crueldad ha influido en las acciones de casi todos los líderes políticos en los años transcurridos desde entonces. Una bala en la cabeza cuando se habla en serio de paz y justicia es un recordatorio no tan gentil de que hay que atenerse a las normas o sufrir las consecuencias.

"Pero la forma en que la CIA se apoderó de Estados Unidos en la década de 1960 es la historia de nuestro tiempo", escribe Pease, "y muy pocos lo reconocen. No podemos resolver un problema que ni siquiera somos capaces de admitir que existe".

Nada podría ser más cierto.

Lisa Pease ha reconocido el problema desde hace mucho tiempo, y durante los últimos veinticinco años se ha dedicado a arrojar luz sobre la culpabilidad de la CIA, particularmente en el caso de Robert Kennedy. Pocas personas poseen el valor y la gracia para pasar gran parte de sus vidas recorriendo este camino de la verdad. El alcance de su investigación es deslumbrante, tan deslumbrante por su gran cantidad de detalles que un crítico sólo puede mencionar algunos de ellos aquí y allá. Ella ha escrito un libro que es desalentador por su amplitud. Exige atención y perseverancia, ya que consta de más de 500 páginas con más de 800 notas a pie de página. Este libro seguirá siendo un referente para futuras investigaciones sobre el asesinato de RFK, ya sea que uno esté de acuerdo o en desacuerdo con todos sus detallados hallazgos y especulaciones. Porque este libro es tan vasto y meticuloso en su examen de todos los aspectos del caso que seguramente se pueden encontrar áreas que uno podría cuestionar o con las que podría estar en desacuerdo. 

Sin embargo, Pease prueba fundamentalmente que Sirhan no disparó a RFK y que hubo una conspiración organizada y llevada a cabo por oscuras fuerzas de inteligencia que sí lo hicieron. Estas mismas fuerzas trabajaron con el Departamento de Policía de Los Ángeles y con elementos federales, estatales y judiciales para asegurarse de que Sirhan fuera acusado rápidamente de ser el asesino solitario y enviado a prisión después de un juicio ficticio. Y los medios de comunicación cumplieron con su función asignada de reafirmar el argumento del gobierno para proteger a los verdaderos asesinos y asegurarse de que el encubrimiento tuviera éxito.

Sin duda, otros investigarán más a fondo este caso. Sin embargo, creo que no se necesita más investigación, ya que, al igual que con los otros asesinatos, los análisis adicionales sólo darán lugar a pseudodebates sobre las minucias. Estos debates sólo servirán para prolongar el control alucinatorio que tienen los autores de estos crímenes sobre la posibilidad de un día de rendición de cuentas, sugiriendo que no sabemos realmente lo que ha ocurrido. Esta es una vieja táctica destinada a retrasar para siempre tal día de rendición de cuentas.

Los hechos están claros para que todos puedan verlos si tienen una voluntad de verdad. Todo lo que se necesita ahora es un tribunal público, previsto para finales de este año, en el que se le presenten los hechos fundamentales y claros de estos casos al público estadounidense. En el caso del asesinato de Robert Kennedy como en el de los demás, basta con tener un poco de conocimiento, y sólo aquellos que están cerrados a la lógica y las pruebas básicas se negarán a ver que las fuerzas del gobierno conspiraron para matar a estos hombres y lo hicieron porque ellos buscaban la paz y la justicia, lo que era y es hoy en día toda una amenaza para las fuerzas belicistas de la riqueza y del poder que controlan el gobierno de los Estados Unidos.

Pease escribe:

Cualquiera que haya mirado de cerca y honestamente las pruebas se ha dado cuenta de que más de una persona estuvo involucrada en la muerte de Robert Kennedy. ¿Por qué los periodistas no pueden ver esto? ¿Por qué los medios no pueden explicar esto? Porque los medios de comunicación y el gobierno son dos caras de la misma moneda, y los que desafían la versión de la historia del gobierno, como han comprobado numerosos reporteros, muy a menudo pierden estatus y a veces carreras enteras. Kristina Borjesson publicó una antología de tales historias en su libro Into the Buzzsaw, en el que los periodistas describen cómo perdieron sus carreras cuando expresaron una verdad que el gobierno no quería que se expusiera.

Lisa Pease revela tales verdades. Yo estoy informando sobre su trabajo. Por lo tanto, los medios de comunicación, excepto un par de reporteros extraordinarios, como Tom Jackman del Washington Post, probablemente nos ignorarán a ambos. Sin embargo, la publicación en la que usted está leyendo esto está del lado de la verdad, y en la revelación de la verdad se encuentra nuestra esperanza.

Dado que más de una persona estuvo involucrada en el asesinato de RFK, hubo - ipso facto- una conspiración. Esto no es una teoría, sino un hecho. El hecho de una conspiración. Durante más de cincuenta años, los reporteros de la corriente dominante se han sentido intimidados por esta palabra "conspiración", gracias a la CIA. Muchos otros han sido agentes de inteligencia que se hacían pasar por periodistas, regurgitando las mentiras. Esto es un hecho.

La historia oficial es que después de dar su discurso de victoria por ganar las Primarias Demócratas de California de 1968, Kennedy fue asesinado a tiros por Sirhan Sirhan mientras caminaba por la abarrotada despensa de un hotel, Sirhan estaba de pie a su izquierda, a una distancia de entre 3 y 6 pies de distancia. El revólver de Sirhan contenía ocho balas, y mientras disparaba, fue atacado por un grupo de hombres grandes que lo sometieron. Todos los testigos sitúan a Sirhan frente a Kennedy y todos dicen que estaba disparando un arma.

Hecho: Como la autopsia mostró definitivamente, RFK fue disparado desde atrás a quemarropa, tres balas entraron en su cuerpo y el disparo fatal se dirigió hacia arriba en un ángulo de 45 grados de 1 a 3 pulgadas detrás de su oreja derecha. Ni una bala del arma de Sirhan alcanzó al Senador. Además, una grabación de audio muestra que esa noche se dispararon muchas más balas que las ocho de la pistola de Sirhan en la despensa del hotel. Es imposible que Sirhan haya matado a RFK.

Permítame repetirlo: el hecho de que haya más de un pistolero, contrariamente a lo que afirma el gobierno, equivale a una conspiración. Entonces, ¿por qué mentir sobre eso?

Lo que es asombroso es que la conclusión obvia de tan sencilla lógica silogística (Sirhan al frente, balas en la espalda, y por lo tanto....) que un niño podría entender ha sido rechazada por las autoridades durante cincuenta y un años. El hecho de que las autoridades gubernamentales -el LAPD, la Oficina del Sheriff, el Fiscal de Distrito, funcionarios del gobierno federal y estatal, el FBI, la CIA- hayan hecho desde el principio todo lo posible para culpar a "un asesino solitario", Sirhan, demuestra que son parte de un encubrimiento coordinado, lo que a su vez sugiere su participación en el crimen.

El hecho de que Robert Kennedy fuera disparado por la espalda y no por delante, donde Sirhan estaba de pie, nos recuerda a la película de Zapruder que muestra que JFK fue asesinado por la derecha y no por la espalda desde un 6º piso desde el que supuestamente le disparó Oswald. Esa inesperada evidencia cinematográfica estuvo oculta para el público durante muchos años, pero cuando finalmente fue vista, el argumento a favor de una conspiración del gobierno se solidificó.

Aunque en el caso de RFK no ha aparecido ninguna prueba en vídeo, el LAPD se aseguró de que no se viera ninguna prueba fotográfica que contradijera las mentiras oficiales. Como escribe Lisa Pease:

Menos de dos meses después del asesinato, la policía de Los Ángeles dio el paso extraordinario de quemar unas 2.400 fotos del caso en el incinerador de desechos médicos del Condado de Los Ángeles. ¿Por qué destruir miles de fotos en un incinerador si no había nada que ocultar? La policía de Los Ángeles guardó cientos de fotos inocuas de la escena de la multitud que no mostraban a ninguna chica con un vestido de motas ni actividades o individuos sospechosos. ¿Por qué se conservaron esas fotos? Quizás porque esas fotos no tenían nada que justificara su destrucción.

Si bien "quizás" es una palabra suave, el encubrimiento de "la chica del vestido de motas" no necesita un quizás. Docenas de personas reportaron haber visto a una chica sospechosa y con curvas en un vestido blanco con motas negras junto a Sirhan en la despensa y en otros lugares. También fue vista con varios otros hombres. Las pruebas de su participación en el asesinato son abrumadoras, pero el Departamento de Policía de Los Ángeles hizo todo lo que estaba en sus manos para negarlo, intimidando a los testigos y permitiéndole escapar.

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Sandra Serrano: "Yo estaba allí. Vi a la chica del vestido a motas. La oí decir: 'Le disparamos a Robert Kennedy'". 

Sandra Serrano, una trabajadora de la campaña de Kennedy y valiente testigo, fue acosada por el sargento Enrique "Hank" Hernández, interrogador de la policía conectado con la CIA. Ella estaba sentada afuera en una escalera de incendios de metal tomando un poco de aire cuando la chica del vestido a motas, acompañada por un hombre, salió corriendo y bajó las escaleras, gritando: "Le hemos disparado, le hemos disparado". Cuando Serrano le preguntó a quién habían disparado, la chica respondió: "Hemos disparado al senador Kennedy". Luego ella y su compañero, a quienes Serrano había visto subir las escaleras con Sirhan, desaparecieron en la noche. Poco más de una hora después del tiroteo, Serrano fue entrevistada en televisión en vivo por Sander Vanocur, de la NBC, donde relató esto. Y hubo otros que vieron y oyeron a esta chica decir lo mismo cuando ella y su compañero huyeron de la escena del crimen. Sin embargo, el LAPD, liderado por el Teniente Manuel Peña, también afiliado a la CIA, quien fue sacado de su jubilación para llevar a cabo la investigación denominada "Senador de la Unidad Especial", trabajó con Hernández y otras personas para desacreditar a la muchacha como algo intrascendente.

Lisa Pease cubre todo esto y mucho más. Ella muestra cómo Sirhan fue obviamente hipnotizado, cómo el juicio fue una farsa, cómo la policía destruyó las pruebas de los marcos de las puertas de la despensa que demostraban que se dispararon más que las 8 balas de la pistola de Sirhan, cómo el oficial DeWayne Wolfer manipuló las pruebas balísticas, etc. A través de años de indagación en los registros de la corte, archivos, transcripciones, la biblioteca pública, y haciendo innumerables entrevistas, ella demuestra sin lugar a dudas que Sirhan no mató a Kennedy y que el asesinato y el encubrimiento fueron parte de una operación de inteligencia muy sofisticada que involucró a muchos actores y sectores. Ella muestra cómo sin importar la ruta que Kennedy tomara en el hotel esa noche, los asesinos tenían todas las salidas cubiertas y no le permitirían salir con vida.

Aunque algunos de sus puntos más especulativos -por ejemplo, que Robert Maheu (Howard Hughes/CIA) era "el sospechoso de alto nivel más creíble en la planificación del asesinato de Robert Kennedy", que Kennedy recibió dos disparos en la cabeza por la espalda, etc.- están abiertos al debate, estos no desmerecen su argumentación sumamente convincente según la cual RFK fue asesinado, al igual que su hermano John, por una operación dirigida por la CIA que pretendía callar su voz de valerosa resistencia contra la guerra y la expansión del gobierno secreto, que se dedicó a la guerra, a asesinatos y a la explotación humana. El gobierno de los Estados Unidos actual.

Cuando Bobby Kennedy estaba entrando en la despensa de la cocina, fue escoltado por un guardia de seguridad llamado Thane Eugene Cesar, un hombre sospechoso durante mucho tiempo de ser el asesino. César llevaba un arma que desenfundó pero negó haber disparado, a pesar de las afirmaciones de los testigos de lo contrario. Convenientemente, la policía nunca examinó el arma. Hace tiempo que se sospecha que está afiliado a la CIA, y ahora Pease dice que ha encontrado pruebas que lo confirman. Ella escribe: "Es difícil exagerar la importancia de encontrar un agente de la CIA actual o futuro que sostenía el brazo derecho de Kennedy en el momento del tiroteo".

Sí, así es. Como ella afirma con razón, la toma de control de Estados Unidos por parte de la CIA en la década de 1960 es la historia de nuestro tiempo. Y nuestro momento es ahora. Nada de esto es cosa del pasado. Es crucial comprenderlo. Para aquellos que piensan que conocer la verdad sobre los asesinatos de los años sesenta es un ejercicio inútil reservado a los que viven en el pasado, necesitan recapacitar. Nuestro descenso a la guerra sin fin y a la propaganda de los medios masivos de comunicación para apoyarla es parte de un proyecto a largo plazo que comenzó con la eliminación de JFK, Malcom X, MLK y Robert Kennedy. Fueron asesinados por razones, y esas razones aún existen, aunque no físicamente, sino sólo en espíritu. Sus asesinos deambulan por el país porque se han convertido en un componente más profundo de la estructura institucional del gobierno y de los medios de comunicación.

Pease dice:

Fue horrible que Robert Kennedy nos fuera arrebatado tan pronto. Es horrible que un hombre haya soportado la culpa por una operación que no planeó y en la que no participó voluntariamente. Es horrible que la conspiración fuera tan obvia que las balas tuvieron que ser extraviadas y cambiadas para ocultarla. Y es horrible que los medios de comunicación nunca se hayan atrevido a decirle a la gente de este país que el gobierno nos mintió sobre lo que realmente encontraron cuando investigaron este caso. Hasta que los medios de comunicación puedan abordar la verdad sobre el asesinato de Robert Kennedy, y hasta que se pueda concientizar a la gente sobre el papel de la CIA en sesgar la verdad sobre temas de gran importancia, la supervivencia misma de Estados Unidos está en peligro. [...] Hemos estado peligrosamente cerca de perder la democracia debido a las historias falsas patrocinadas por la CIA sobre nuestra historia. Si Estados Unidos llegara a convertirse en una dictadura, el epitafio de nuestra democracia debe incluir el papel que los principales medios de comunicación, al ceder ante el Estado de Seguridad Nacional, desempeñaron para matarla.

Al escribir A Lie Too Big To Fail, Lisa Pease ha hecho su valiente parte para refutar la mentira que ahora está cayendo. Ahora nos toca a todos nosotros difundir la verdad centrándonos en los hechos fundamentales para que finalmente podamos recuperar nuestro país de manos de la CIA.

Entonces podremos decir junto a RFK y su poeta favorito, Esquilo:

Incluso en nuestros sueños, el dolor que no se puede olvidar cae gota a gota sobre el corazón, hasta que en nuestra propia desesperación, en contra de nuestra voluntad, llega la sabiduría a través de la terrible gracia de Dios.

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*sociólogo, Edward Curtin es Investigador Asociado del Centro de Investigación sobre la Globalización.