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Por Leonel Nodal

Tal como se esperaba, la oposición siria aceptó la orden de Washington de aplicarse un maquillaje que facilite darle mayor respaldo militar y procurar su reconocimiento como gobierno de transición, mientras proseguían sus sangrientos actos terroristas y el presidente Bashar el Assad insistía en la propuesta de una solución mediante el diálogo político.

La decisión de nombrarse a partir de ahora Coalición Nacional para las Fuerzas de Oposición y la Revolución Siria (CNFORS), equivalente al relanzamiento comercial de un viejo producto con una nueva marca, fue adoptada al amanecer del domingo último, al término de una maratónica reunión de una semana en Doha, capital de Qatar, que contó con la presencia del secretario general de Liga Árabe.

No podía ser de otro modo después de que Hilary Clinton descartara a sus hasta entonces privilegiados protegidos del Consejo Nacional Sirio (CNS) como “una pandilla de exiliados irrelevantes que no han puesto un pie en Siria durante décadas”, al tiempo que insistió en conectarse con “los que combaten y mueren”, en una evidente opción por los grupos armados que desangran al estratégico país árabe.

Clinton, quien ya declaró que se apartará de la administración de Barack Obama durante su segundo mandato, se mostró alarmada por lo que denominó “el secuestro de la revolución” por elementos extremistas islámicos y yihadistas, como si desconociera que son los mismos mercenarios entrenados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) usados en sus acciones desestabilizadoras en Afganistán, Iraq, Libia, Serbia, entre otros países.

Tras airadas disputas por el liderazgo de la nueva Coalición, de la que algunos se apartaron disgustados, bajo fuertes presiones de diplomáticos norteamericanos la asamblea escogió como presidente del CNFORS a Moaz al Jatib, un religioso musulmán y activo crítico del gobierno, que buscó asilo en El Cairo este año y de quien dicen fue imán de la espléndida Mezquita de los Omeyas de Damasco.

Como vicepresidentes fueron nombrados el empresario Riad Seif, aupado por Estados Unidos como el principal impulsor de la nueva Iniciativa para Siria, el proyecto presuntamente plural y democrático que pretende aplicar el CNFORS, y Suhair al Atassi, una mujer a la que presentaron como afamada activista antigubernamental.

Con anterioridad, el relegado CNS eligió como nuevo presidente al ex profesor de geografía George Sabra, nacido en una familia cristiana y calificado de disidente de la izquierda comunista reconvertido en socialdemócrata. Como segundo al mando resultó electo Muhammad Faruk Taifur, miembro de la Hermandad Musulmana ,  movimiento islamista radical, opuesto al estado secular establecido en Siria por el gobernante Partido BAAS.

Interrogado por la prensa acerca de lo que deseaba de la comunidad internacional, Sabra respondió: “armas, armas, armas”, con lo cual resulta obvio el curso escogido por la renovada coalición opositora.

Por su parte, Seif quedó evidenciado como “el hombre de Washington” en Damasco a partir de las revelaciones de sus reuniones regulares con funcionarios de la embajada de Estados Unidos en Damasco, para informales de sus actividades y suministrar evaluaciones sobre la gestión del gobierno de al Assad, según los cables clasificados publicados por Wikileaks.

Tres días antes de la anunciada renovación de la cúpula opositora de unos 50 o 60 miembros, a la que se pretende incorporar a jefes militares de los grupos armados que operan en el país, el diario The New York Times publicó una extensa nota de su corresponsal  Anne Barnard, en la que relataba las atrocidades cometidas por los “combatientes rebeldes que se vanaglorian de combatir a la dictadura”.

Al respecto subrayaba “el creciente disgusto de la población con la destrucción sin sentido, actuación criminal y el asesinato a sangre fría de prisioneros”, conclusiones apoyadas por numerosos testimonios de residentes en Alepo, Idlib y otras localidades donde operan las bandas armadas.

La difusión de un video en el que se pudo apreciar a “milicianos rebeldes” en las afueras del poblado de Saraqueb,  golpeando y pateando a soldados del ejército sirio heridos, a los que gritaban “perros de Assad”, y luego los ejecutaban con ráfagas de rifles automáticos, sacudió a la opinión pública mundial, en otra prueba del tipo de revolución que preconiza Hilary Clinton.

Realmente, resulta sorprendente que después de las experiencias vividas por los pueblos de Iraq y Libia como resultado de la agresión de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, todavía se pretenda convencer a alguien en este mundo de que la guerra en Siria tiene propósitos humanitarios y aspira a establecer un régimen de libertad y democracia.

En contrapartida, pasado el revuelo provocado por las elecciones en Estados Unidos y una vez conocida la reelección de Barack Obama, toda la prensa internacional volcó su atención a una sorprendente entrevista exclusiva concedida por el presidente sirio, Bashar el Assad a la televisora Rusia Today , en la que expresó su certeza en la derrota  de la oposición terrorista, al tiempo que renovó su oferta de un diálogo político para superar la actual crisis.

El gobernante aclaró, sin embargo, que la solución pacífica solo puede emanar de tratativas entre los partidos dispuestos a sentarse en la mesa de negociación, en la que deben exponer sus programas políticos y propuestas.

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