Libros Recomendados


Por Pedro Pitarch*

De la intervención de ayer del ministro de defensa, don Pedro Morenés, en el congreso de los diputados, sobre los presupuestos de 2013 sorprende su mención, vía “larguis huevis”, de la financiación de las misiones de las FAS en el exterior, las comúnmente conocidas como misiones de mantenimiento de la paz. Don Pedro afirmó que se estaba trabajando “en la dotación previa de las partidas 128, 228 y 668 del presupuesto de Defensa con una cantidad más aproximada a la que finalmente invertimos”. Añadía que consideraba oportuno “comenzar conversaciones con el ministerio de hacienda” sobre ello. Fue una formulación bastante ambigua sobre un tema de especial importancia y sensibilidad para las Fuerzas Armadas (FAS). Por novedosa e inesperada, obliga a poner las orejas tiesas y hacia delante (como hacen los caballos de don Fernando cuando perciben algo inquietante). Me explicaré un poco.

Los países que participan en misiones de paz se mueven, en general, entre dos modelos básicos de financiación. El primer modelo, de “crédito ampliable”, consiste en consignar en sus presupuestos de Defensa una pequeña cantidad inicial para esas misiones, sabiendo que, a lo largo del correspondiente ejercicio económico, esa dotación se irá incrementando en función de las necesidades reales de gasto. El sistema se basa en la imprevisibilidad de tal gasto así como, muchas veces, en su urgencia. Hay muchas necesidades que surgen o pueden aparecer durante el desarrollo de las operaciones, y que es prioritario atenderlas por afectar directamente a la seguridad de las tropas desplegadas. Este modelo permite, asimismo, planear y preparar la ejecución de una operación en la que, de manera sobrevenida, se quiera participar. Se sabe lo realmente gastado cuando se ha acabado de pagar todo. Por ello, a la presentación pública de los presupuestos, el gasto de Defensa es indefectiblemente menor del que al final va a ser (si se participa en misiones de paz).

El segundo modelo, digamos de “crédito cerrado”, consiste en incluir en los presupuestos de Defensa la cantidad concreta que se asigna para esas misiones. Es más “amarrón” que el anterior. El gasto está predeterminado y limitado (como la práctica totalidad del resto de gastos). Las necesidades sobrevenidas, no previstas, hay que atenderlas detrayendo el dinero de otro sitio. Normalmente de otras partidas del propio presupuesto de Defensa. Es más complicado, porque puede obligar a reprogramar en mitad de un ejercicio. Limita la libertad de acción e incrementa los tiempos de reacción de todos: gobierno, las FAS y las tropas. Incrementa inicialmente, en términos contables, los presupuestos de defensa al presentarlos a la opinión pública. Obliga, en las situaciones imprevistas, a acudir a los respectivos parlamentos para la aprobación de los gastos sobrevenidos.

El primero, el de crédito ampliable, es el modelo español. La cantidad presupuestada para las misiones es muy reducida. Durante el correspondiente año, aunque la mayoría de las actividades son previsibles, todos los gastos, programados o no, se atienden mediante ampliaciones de crédito con cargo al llamado fondo de contingencia. Es un sistema que funciona bien. La contabilidad es más sencilla y las necesidades se pueden atender con prontitud. No supone reprogramación de gastos. Por mi experiencia podría decir que es el sistema preferido por las FAS y el gobierno de cada momento. Es bien conocida la histórica y multisecular renuencia de los gobernantes sobre la piel de toro, para acudir a las respectivas cortes o parlamentos, para poner la mano por cada nuevo gasto no programado. Sin embargo es, lógicamente, el sistema que prefieren las oposiciones (especialmente cuando su expectativa de ser gobierno es más bien canija).

Para que no se me acuse de inconsistencia, mencionaré un tercer supuesto de financiación. Es practicado por países muy pequeños y de cultura muy diferente a la nuestra. Se podría denominar de “crédito cerrado recuperable”. Combina el de crédito cerrado con la expectativa de devolución del gasto. Es, en la práctica, un “crédito casi cero”. Demanda participar exclusivamente en misiones sufragadas por otros, por ejemplo, las de Naciones Unidas (NU,s). Como se sabe, las misiones de cascos azules se cargan a los presupuestos de esa organización. Claro que es una financiación más bien magra, de acuerdo con unas tablas y módulos restrictivos y poco flexibles, preestablecidos por las propias NU,s. En nuestra cultura es una financiación muy insuficiente, ya que los países occidentales, cuando despliegan fuerzas en el exterior, tratan de proporcionar a sus soldados las mejores condiciones de vida posibles. Y así debe ser, pero es muy caro (ejemplo más elemental, el agua de boca es mucho más cara en Qala i Now que en Solares; y no digamos la de ducha).

Y es que todo es relativo. Incluido lo que dice el ministro de defensa. Esperemos que lo aclare y no se trate de un cambio de modelo. En 1995, en mi primera misión en Bosnia-Herzegovina, supe de un país bañado por el Pacífico que practicaba la financiación de “crédito cerrado recuperable”. Un país pequeño con un Ejército equivalente a seis batallones. Tenía permanentemente dos en el exterior “trabajando” como cascos azules. Y con el dinero que recibía de NU,s recuperaba los gastos de esas expediciones. Y, todavía, le sobraba para el pago de la mayoría de los gastos de los otros cuatro batallones, que estaban en casa “descansando” y preparándose para la siguiente rotación. Claro que, aunque ingerían alimentos cinco o seis veces al día, el menú era indefectiblemente una suerte de “nasi goreng” militar (arroz, pollo y verdura, todo muy especiado). Y, encima, siempre estaban sonrientes. Bueno, y no sigo más con esto, que tampoco quiero dar ideas al Sr. Montoro.

* Teniente general del Ejército (R)

CANAL

 

elespiadigital.com
La información más inteligente

El Tiempo por Meteoblue