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Juan Laborda

La evidencia se amontona contra las bases teóricas del neoliberalismo. La teoría monetarista de Milton Friedman, Hayek y compañía, pura entelequia; la eficiencia de los mercados financieros, pura entelequia; la teoría de fondos prestables, pura entelequia; la ley de Say, pura entelequia; la exogeneidad del dinero, pura entelequia… Jamás la teoría económica había alcanzado el descrédito actual. Jamás los economistas habíamos sido tan inservibles e irrelevantes como en el momento actual. Urge, por lo tanto, cortar sano, desmontar y acabar con todas y cada una de estas teorías y estructuras que además de aumentar la ineficiencia de la economía han generado la mayor acumulación y concentración de riqueza de la historia reciente. Si no lo hacen, pondrán de manifiesto que el problema de fondo no es la incompetencia económica, que también. ¡No!. El dilema es otro, perpetuar un neo-feudalismo, basado en el instinto de clase, donde los poderosos amasan su riqueza porque, según ellos, se lo merecen. Y no quieren ceder un ápice de su posición actual.

Tras la Gran Depresión tuvieron más suerte que nosotros ahora, porque existían un abanico amplio de economistas –Michal Kalecki, Joan Robinson, Nicholas Kaldor, Piero Sraffa, John Maynard Keynes…- que destrozaron académicamente a la ortodoxia dominante y a la alternativa monetarista que encabezaba Friedrich Hayek. Aprovecharon su conocimiento para cambiar el rumbo de la historia. Pero de nuevo hay quien intentó reescribirla. Las ideas de Hayek fueron rescatadas del baúl de los recuerdos a mediados de los 70 por poderosas fundaciones privadas, netamente conservadoras, pero esta vez de la mano de auténticas ocurrencias, concretamente la “academia” que “aportaba” Milton Friedman y la escuela de Chicago, sin duda, uno de los episodios más negros de la historia de la Teoría Económica. Debemos ser claros, tal como mantiene George Blackford, en “Economists Should Stop Defending Milton Friedman’s Pseudo-science”, toda la teoría y metodología de Milton Friedman simplemente es pseudo ciencia, de carácter puramente ideológico. Pero vayamos por partes. Veamos primero como Nicholas Kaldor destrozó la teoría económica de su maestro, Friedrich Hayek, y, a continuación, hagamos lo mismo con la pseudo ciencia de Milton Friedman.

Kaldor contra Hayek

Sin duda uno de los episodios intelectuales más apasionantes de la historia económica fue aquel en el que Nicholas Kaldor destrozó todas y cada una de las teoría y conjeturas económicas de quien fuera su maestro en la London School of Economics, Friedrich Hayek. Ahora, simplemente sería imposible porque los medios solo se hacen eco de la pseudo ciencia, que es quien defiende académicamente la posición de sus acreedores, me explico, ¿verdad?

La Teoría del Ciclo de Hayek (1929-1931), brevemente, se fundamenta en los siguientes puntos. En primer lugar, si no hubiera sistema bancario que ofreciera crédito no habría ciclos ya que todo estaría en equilibrio. Es el dinero lo que desequilibra la demanda y oferta para bienes de capital y de consumo. Durante la expansión hay un alargamiento del período de producción (incremento en la producción de bienes de capital en relación a los de consumo, pero ambos aumentando), y durante la contracción se recorta el período de producción (caen la cantidad de bienes de capital producidos en relación a consumo, pero ambos caen). Es el denominado “Efecto Concertina”.

Sin embargo, Hayek tuvo un grave problema: Nicholas Kaldor, que fuera su estudiante, se había convertido al keynesianismo, y fue “destrozando” sus teorías del ciclo. Para Kaldor, la proporción de bienes de capital en relación a bienes de consumo debería en realidad caer en vez de subir durante una expansión. Al partir de excesos de capacidad, durante la fase inicial de recuperación se demanda más empleo que capital. Lo contrario ocurre en las caídas: como no se pueden despedir máquinas se echa a gente a la calle, lo que provoca un colapso en la demanda de bienes de consumo.

Hayek absorbió estas lecciones de su viejo alumno en sus trabajos posteriores (1939,1941). Propuso que la expansión del crédito en el mínimo del ciclo expandirá la demanda de bienes de consumo, lo que incrementará beneficios en dichas empresas y sus precios, y aumentarán la inversión. Como los precios de los bienes de consumo aumentarán, los salarios reales caerán, aumentando beneficios. Cuando los beneficios aumentan, puede ser razonable para los empresarios invertir para una mayor producción. Esta nueva inversión se dirigirá hacia métodos de producción intensivos en mano de obra (efecto Ricardo). El efecto de la primera inversión aumentará la demanda de bienes de capital, mientras que el efecto Ricardo lo disminuirá. Si la inversión aumenta, los beneficios aumentan más, y cuanto mayor sea el aumento en beneficios mayor será la caída en salarios. Habrá un momento en el que la caída en salarios supere los beneficios extra de la ampliación de capital, y por lo tanto disminuirá la inversión. Para Hayek es el exceso de consumo (precios más altos, y caídas de salarios reales) lo que hace que se desacelere la actividad y revierta. El exceso de demanda causa recesiones y no el exceso de oferta.

De nuevo Kaldor le rectificó, al demostrar que el efecto Ricardo sólo era posible en circunstancias muy especiales y altamente improbables. Kaldor sostenía que el subconsumo y la sobreproducción como causantes de la crisis. Obviamente Hayek pasó a la irrelevancia académica.

La pseudo-ciencia de Milton Friedman

Pero mucho peor, sin duda, que las teorías de Hayek fueron las enseñanzas de Milton Friedman. Desde un punto de vista metodológico suponen la base de la epistemología dominante en la economía ortodoxa o neoclásica actual, el instrumentalismo. Una hipótesis es pertinente con tal de que permita hacer predicciones o calcular las coordenadas de un nuevo equilibrio. El realismo de los postulados no tiene importancia (ejemplo: hipótesis de mercados eficientes, hipótesis racionalidad agentes económicos, relaciones de causalidad en la identidad de la cantidad de dinero…). “Las Teorías no son más que una herramienta, no pretenden revelar el verdadero funcionamiento de las economías” argumentaba el propio Milton Friedman. Frente a ello, debemos levantar la voz y atribuir gran importancia al realismo de las hipótesis: se debe partir de la realidad, con sus principales hechos estilizados, y no de una situación hipotética ideal.

El problema es que hay economistas que ocupan puestos relevantes en prestigiosas universidades y puestos de responsabilidad en agencias gubernamentales e instituciones internacionales que aceptan estos argumentos y no parecen darse cuenta de hasta qué punto este tipo de razonamientos pseudo-científicos provocan daño a la sociedad en su conjunto. La Escuela de Chicago impuso el dogma de las expectativas racionales: los agentes saben y están de acuerdo sobre la distribución de probabilidad verdadera de las noticias futuras, de manera que los mercados ciegamente valoran correctamente los activos. Las autoridades económicas y financieras a lo largo del mundo han utilizado estos argumentos para legitimar decisiones económicas y políticas, que han acabado generando desempleo, pobreza, y un stress medioambiental como nunca en la historia reciente, y que en el fondo han constituido el germen de la actual crisis económica y financiera. Por todo ello hoy más que nunca es necesaria reforzar un paradigma alternativo, alrededor de la escuela postkeynesiana, para recuperar el prestigio perdido de la ciencia económica.

Fuente: Vozpopuli

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