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Thomas Flichy de La Neuville

La Nueva Atlántida, la isla secreta, que podría haber envenenado el mundo [1]

En 1627, se publicó la Nueva Atlántida, un pintoresco cuento de hadas escrito originalmente en latín por Francis Bacon. Fue rápidamente traducido al francés e inglés, y atrajo una considerable atención. El sueño de Bacon puede ser muy entretenido y colorido, no obstante, somos afortunados de que nunca se volviera real. En efecto, la Nueva Atlántida se habría vuelto nuestra pesadilla. El proyecto cultural y político de Bacon para la dominación mundial se habría vuelto tóxico, tanto para la población de su isla, como subversivo para los reinos distantes saqueados por la secta feliz, que habría controlado la Casa de Salomón [2].

Una isla secreta y feliz, cuyo deseo es gobernar el universo.

En el cuento de hadas de Bacon, la Nueva Atlántida [3] gobernaba el mundo, pero su dominio era ignorado por su ingenua periferia geopolítica: “Aquí estamos nosotros en el seno de Dios, una tierra desconocida” [4] explicaba su representante. Los navegantes británicos que habían descubierto este extraño país, ciertamente se sorprendieron: “Esta isla feliz donde ahora estábamos […] conocía a la mayoría de naciones del mundo […] e incluso nosotros en Europa, a pesar de todos los descubrimientos remotos y navegaciones de esta última era, nunca escuchamos ni el menor indicio o atisbo de esta isla. Encontramos esto maravilloso y extraño, ya que todas las naciones tienen conocimiento unas de otras” [5]. Ellos estaban incluso un poco asustados cuando escucharon a las autoridades afirmar que: “El fin de nuestra fundación es el conocimiento de las causas y movimientos secretos de las cosas, y el agrandamiento de los límites del imperio humano” [6].

Incluso resultaba más sorprendente que el poder en la Nueva Atlántida, era menos ejercido por el rey que por una sociedad secreta [7]: “Deben entender, mis queridos amigos, que entre los excelentes actos de aquel rey hay uno por encima de todos que tiene preeminencia. Tal fue la construcción y la institución de una orden o sociedad, que llamamos la Casa de Salomón, la fundación más noble […] y la linterna de este reino” [8]. Ahora bien, ¿quién inspiraba las regulaciones decididas por la Casa de Salomón? Bacon respondió: “Moisés, por una cábala secreta decretaba las leyes de Bensalem, que ellos ahora usaban” [9].

A pesar de que la isla parecía ser cristiana, las mismas fuentes de la cristiandad habían sido modificadas de manera extraña. En efecto, el gran libro contenía “todos los libros canónicos del Viejo y Nuevo Testamento, según como los tenéis […] y algunos otros libros del Nuevo Testamento que no fueron escritos en aquel tiempo” [10]. ¿Cuáles eran esos otros libros? Nadie lo sabe. En cualquier caso, varios pueblos colaboraban en la Casa de Salomón. Además de los nativos, encontramos “hebreos, persas, e indios” [11]. Pero, ¿cómo podía mantener la secta su dominación sobre la población?

El poder interno de la Casa de Salomón: Engañando a la población

En la Nueva Atlántida, la dominación política descansa sobre el engaño. A este respecto, todos los sentidos son fijados como objetivo. Aparentemente, la televisión, el cine, y la imaginería son usados actualmente: “Tenemos […] casas de perspectivas, donde mostramos todas las luces y radiaciones, y de todos los colores […]. También todas las coloraciones de la luz, todas las ilusiones y engaños de la vista, en figuras, magnitudes, movimientos, colores, todas las muestras de las sombras […]. Conseguimos los medios para ver objetos a lo lejos, como en los cielos, y remotos lugares; y representamos las cosas cercanas como si estuvieran lejanas, y las cosas lejanas como cercanas, haciendo distancias fingidas. […] Hacemos arcoíris, halos, y círculos artificiales sobre luz”.

Los sonidos también son manipulados: “Tenemos […] casas de sonidos, donde practicamos y mostramos todos los sonidos y su generación […]. También tenemos diversos ecos artificiales y extraños que reflejan la voz muchas veces, y como si estuvieran lanzándola; y algunos que devuelven la voz más fuerte de lo que llegó, algunos más agudos, y algunos más graves. Si, algunos hacen que la voz recibida difiera en las letras o sonido articulado”.

La Casa de Salomón dispersa olores artificiales y modela los gustos: “Tenemos también casas de perfumes, con lo que unimos también las prácticas del gusto […] imitamos olores, haciendo que todos los olores se respiren de otras mezclas respecto a aquellas que los dan. Hacemos igualmente diversas imitaciones del gusto, para que engañen al paladar de cualquier persona”.

Todavía más interesante resulta que la Casa de Salomón inicie procesos bio-miméticos: “También imitamos el vuelo de los pájaros: Tenemos algunos aparatos de vuelo en el aire: Tenemos barcos y botes para ir bajo el agua”. Para manipular a las masas, la secta tiene casas de engaños para los sentidos, que producen “falsas apariciones, imposturas, e ilusiones y sus falacias” [12]. La fortaleza interna de la Casa de Salomón –que ha desbancado al poder del rey [13]– está de tal manera basada en el engaño. ¿Isla feliz? Para los manipuladores puede ser, pero ciertamente no para la población. ¿Qué hay de las naciones del mundo, acaso encuentran su felicidad en la dominación de la Nueva Atlántida?

El poder externo de la Casa de Salomón: Espionaje industrial

La Nueva Atlántida sería incapaz de seguir siendo geopolíticamente independiente y económicamente rica si su dominación no estuviera basada en el discreto saqueo industrial de las naciones distantes, en la que operan sus nativos. En efecto, la Nueva Atlántida tiene la intención tanto de proteger su identidad cultural como de asegurar simultáneamente su riqueza económica [14]. ¿Cómo actúa? No envía muchos espías al extranjero sino que los selecciona cuidadosamente [15].

Para el rey ciertamente, la cosa más importante es saber lo que está sucediendo en el extranjero: “Mantenemos un comercio, no por el oro, la plata o las joyas, no por las sedas, no por las especias, no por cualquier otra mercadería material, sino solo por la por la primera criatura de Dios, que fue la luz; tener la luz, digo, del crecimiento de todas las partes del mundo [16]”. Los servicios de la Nueva Atlántida están cuidadosamente organizados de la siguiente forma: “Para los diversos empleos y oficios de nuestros conciudadanos, tenemos doce que navegan hacia países extranjeros bajo los nombres de otras naciones, (para ocultar el nuestro), que nos traen los libros y resúmenes, y los patrones de experimentos de todas las demás partes. A estos los denominamos mercantes de la luz. Tenemos tres que reúnen los experimentos, que están en todos los libros. A estos los denominamos depredadores. Tenemos tres que reúnen los experimentos de todas las artes mecánicas, y también de las ciencias liberales, y también de las prácticas, que no figuran como artes. A estos los denominamos hombres del misterio. Tenemos tres que prueban nuevos experimentos, tal como ellos los consideran buenos. A estos los denominamos pioneros o mineros. Tenemos tres que dibujan los experimentos de los cuatro anteriores en títulos y tablas, para dar mejor luz para el dibujo de nuestras observaciones y axiomas fuera de ellos. A estos los denominamos compiladores” [17]. No solo están los servicios de inteligencia divididos en departamentos especializados, sino que también están estructurados gracias a una jerarquía interna que distingue a los novatos de los aprendices. Todos estos agentes prestan juramento de secreto.

De este modo, parece que la isla feliz, que había emplazado la concentración del conocimiento en las manos de los afiliados del templo de Salomón, rinde culto a los avances técnicos en detrimento de las personas. Por ello no sorprende la razón por la cual sus nativos son apenas mencionados. En la Nueva Atlantis, los seres humanos cuentan en tanto que procuran inteligencia a la Casa de Salomón. Los esclavos silenciosos son felices porque así dijeron sus maestros.

NOTAS:

[1] Thomas Flichy de La Neuville, Profesor en la academia militar de Saint-Cyr.

[2] Debería apuntarse que Francis Bacon, además de sus talentos filosóficos, fue un maestro en criptología.

[3] Bacon estaba detrás de la colonización inglesa de Norteamérica y de este modo puede ser considerado un padre fundador de los Estados Unidos y Canadá.

[4] Francis Bacon, The New Atlantis, London, 1845, p. 269

[5] Francis Bacon, op. cit., p. 222

[6] Ibid., p. 253

[7] Para Frances Yates, la Nueva Atlantis tiene sus raíces en la tradición hermética-cabalista del Renacimiento, aunque esta se vuelve racionalizada en una dirección del siglo XVII.

[8] Ibid., p. 233

[9] Ibid., p. 243

[10] Ibid., p. 222

[11] Ibid., p. 222

[12] Ibid., p. 262

[13] Según Peter Dawkins, la formulación de Bacon de un Estado de doble majestad, se convirtió en la base para la constitución no-escrita que redactó John Locke en los dos tratados, y para la constitución escrita creada por los padres fundadores estadounidenses.

[14] Según Chloé Houston, “La ciudad del sol, de Tommaso Campanella, escrita en 1602 pero no impresa hasta 1623, y la Nueva Atlántida de Francis Bacon, publicada póstumamente en 1627, son ejemplos clásicos de la utopía aislacionista: Cuidadosos con sus fronteras, herméticos en sus tratos con el mundo exterior […]. El narrador y su compañía alcanzan el país de Bensalem tras una tormenta, donde se encuentran con funcionarios que no les permiten aproximarse más allá de cierta distancia. Estos funcionarios, cuando abordan el barco de los visitantes, llevan consigo frutas extrañas para protegerse de la contaminación; ellos permiten que la compañía entre en su país, pero bajo estrictas condiciones, y les alojan en dependencias especiales”. Chloé Houston, “No Place and New Worlds: The Early Modern Utopia and the Concept of the Global Community”, Spaces of Utopia: An Electronic Journal, nr. 1, Spring 2006, pp. 13-21.

[15] Cuando el rey había prohibido a todo su pueblo la navegación en cualquier parte que no estuviera bajo su corona, hizo no obstante este decreto por el cual cada doce años deberían salir de este reinos dos barcos designados para varios viajes; que en cada uno de estos barcos  debería haber una misión de tres de sus conciudadanos o hermanos de la Casa de Salomón, cuyo recado fuera únicamente darnos conocimiento de los asuntos y estado de aquellos países a los cuales fueron designados, y especialmente de las ciencias, artes, manufacturas, e invenciones de todo el mundo; y además, traernos libros, instrumentos y patrones de todo tipo.

[16] Ibid., p. 235

[17] Ibid., p. 235

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