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Joan Arnau

La política española se ha convertido en un jeroglífico. Se han producido cambios inesperados, y la estabilidad ha dejado paso a sacudidas periódicas.

Si nos fijamos solo en las disputas entre partidos, no saldremos de la confusión. Los cambios en la política española están determinados por una batalla donde los auténticos contrincantes permanecen ocultos. En ella interviene por un lado el avance de un proyecto de saqueo y degradación impuesto a golpe de dictados que vienen del exterior, desde el FMI o la Comisión Europea, y por otro las resistencias, especialmente desde una mayoría social enfrentada a los recortes y que ha adquirido una representación política decisiva.

Este es el marco en el que se está decidiendo la configuración de un nuevo modelo político.

A partir de 2010 empieza a agrietarse el modelo bipartidista que había garantizado la estabilidad política durante casi cuatro décadas. La oleada de recortes ejecutada por Zapatero hundió al PSOE a mínimos históricos. Posteriormente, los nuevos ataques de los Gobiernos de Rajoy erosionaron el apoyo social al PP. Como respuesta a los ataques, se ha producido un salto cualitativo en la representación política de la mayoría social que se enfrenta a los recortes. Si en 2008 agrupaba 2,5 millones de votos, en 2016 eran 14,9, dos de cada tres. Determinando cambios primero en los Gobiernos municipales y autonómicos, y luego en el Gobierno central.

Estos dos fenómenos han configurado un nuevo mapa político. Ya no es posible que ningún partido aglutine por sí mismo una mayoría suficiente para gobernar. Es imprescindible tener en cuenta el avance electoral de la mayoría progresista. Por eso ha sido necesario "abrir" el modelo político, integrando en sus niveles más altos a fuerzas como Podemos o Ciudadanos.

El viejo modelo bipartidista ya no puede ejecutarse como antes y uno nuevo se está configurando pero no está cerrado.

Esta no es una "disputa entre políticos". Nos afecta directamente a todos. El modelo político establece la forma concreta a través de la que se gobierna el país, al servicio de unos u otros intereses.

Lo que no puede discutirse

Cuatro fuerzas políticas se presentan como los pilares de un nuevo modelo político: PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos. Suele ponerse el peso en las diferencias entre ellos, que evidentemente existen. Poco tiene que ver Podemos, cuyo nacimiento está vinculado a la oposición a los recortes, con el PP, que los ha ejecutado sin muchos miramientos.

Pero casi nunca se menciona lo que estas cuatro fuerzas comparten. Todas ellas coinciden en aceptar como marco ineludible los límites que no pueden siquiera discutirse: la mayor participación en la estructura militar norteamericana, a través de la OTAN; los mandatos principales de la UE; el mayor grado de penetración y expolio del capital extranjero; el grueso de los beneficios de la oligarquía, especialmente los de la banca y los principales monopolios.

Se puede arremeter contra la Corona, pero nadie, ni la "vieja" ni la "nueva" política, ha levantado la voz contra nuestra participación en la misión de la OTAN en los países bálticos, a pesar de haberse conocido que un eurofighter español ha disparado un misil en Estonia. Se cargan las tintas contra corruptos como Bárcenas, pero no se dice una sola palabra contra el sistemático saqueo del capital extranjero sobre las riquezas nacionales.

Ninguna de estas cuatro fuerzas políticas son monolíticas. Sería un error valorarlas por un solo aspecto. PSOE, y especialmente Podemos, contienen, en su base de votantes pero también de afiliados e inscritos, una parte importante de la mayoría social que se ha posicionado contra los recortes. Se puede comprobar en cada una de las luchas populares, en las que participan de forma destacada.

Incluso el PP, y sobre todo Ciudadanos, junto a sus rasgos más conservadores tienen un componente patriótico, al actuar como un muro de contención contra los intentos de fragmentación, especialmente en Cataluña.

Pero es necesario remarcar que existen unas "reglas del juego" que todos deben aceptar, desde PP y PSOE a Ciudadanos y Podemos, para poder ser admitidos en la mesa de la alta política. 

Una reforma "controlada"... ¿por quién?

En los últimos meses se han producido enormes cambios. Rajoy ya no reside en la Moncloa, mientras Pedro Sánchez ha pasado de ser defenestrado por el aparato del PSOE a convertirse en presidente del Gobierno.

Todo está cambiando en la política española, pero bajo formas y ritmos controlados. Aquí no se ha producido la hecatombe del viejo bipartidismo que sí ha sucedido en Grecia. Y no es casualidad.

Las claves de esta reforma política controlada y "desde arriba" se fijaron en 2013. Entonces la respuesta a la oleada de recortes llegó a su cénit de movilización, amenazando con desbordarse. Fue en ese momento cuando se publicó un artículo titulado "Informe confidencial al embajador Salomon". Alan Salomon era entonces el embajador norteamericano en Madrid. En él se afirmaba que EEUU "no puede permitir que una pieza militar clave para el Norte de África como España entre en un periodo de desestabilización política, social y económica descontrolado". Y se llamaba a que "como ocurrió en los años 70 con la transición", las grandes potencias imperialistas con intereses en España debían coaligarse para "ayudar y controlar la situación española", o "en su caso pilotar esta segunda transición en favor de: salvar y reconducir el vigente régimen partitocrático; o influir en la reforma de la Constitución (...) con o sin la monarquía, a la vista de cómo se vayan decantando los acontecimientos". Advirtiendo sobre la inexistencia de nuevos dirigentes "no contaminados con el régimen hoy fallido", pero asegurando que, "llegado el momento, los nuevos protagonistas de la reforma aparecerán".

Podemos leer los acontecimientos posteriores desde aquí. Ha irrumpido un poderoso viento popular que ha impuesto importantes cambios. Pero también hemos visto cómo los grandes centros de poder, internacionales y nacionales, no solo no han quedado al margen de los cambios sino que han tomado la iniciativa para pilotarlos al servicio de sus intereses.

La "vieja política" bipartidista no solo no ha desaparecido sino que en las últimas generales siguió concentrando el 55,69% de los votos, y todas las alternativas de Gobierno pasan bien por el PSOE, bien por el PP.

Se ha producido una renovación completa de la "casta política", ampliable a las élites del Estado. Pero se ha hecho "desde arriba". Fue la Corona quien inició el proceso, con la llegada al trono de Felipe VI. A él le siguió un recambio de todos los líderes de los principales partidos, a izquierda y ahora a derecha, que ya pertenecen a la generación "postransición".

Lo que empieza a dibujarse es un nuevo modelo político donde, a cambio de algunas concesiones (mayor transparencia, limitación de la corrupción...), el dominio político de los grandes centros de poder no solo no salga malparado sino que se fortalezca.

En primer lugar imponiendo una inestabilidad y fragilidad política permanente. Sin posibilidad de un Gobierno fuerte, y con las principales instituciones del Estado permanentemente cuestionadas. Generando una debilidad que facilite la intervención por parte de los más poderosos.

En segundo lugar, instaurando un modelo político que subordine todavía más España a Washington. Permitiendo una mayor penetración del capital norteamericano en la economía nacional, o blindando nuestra implicación en la maquinaria militar yanqui.

En tercer lugar, intentando encauzar, eliminar o minimizar la influencia política y social de la organización popular. Atacando y marginalizando desde los sindicatos a partidos incómodos y organizaciones revolucionarias.

No es la primera vez que esto sucede. Ya pasó en la transición, donde el cambio a un régimen democrático trajo evidentemente más libertades, que beneficiaron a todos, pero culminó en un modelo político "de hierro" donde el poder de la oligarquía o el hegemonismo norteamericano se hizo más fuerte.

No hay nada decidido. Vivimos una situación política especialmente móvil. El avance del movimiento popular genera problemas al hegemonismo norteamericano y a la oligarquía española para cerrar definitivamente el modelo político en los términos que pretenden instaurar. 
Esta es la auténtica batalla política, más allá de las disputas entre partidos, que se está decidiendo hoy. Y su resultado final va a influir directamente en nuestras vidas.

Fuente: deverdaddigital.com

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