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La guerra filipino-estadounidense, la primera guerra de liberación nacional del siglo XX, fue un conflicto bélico acaecido entre Filipinas y el ejército invasor de Estados Unidos de América desde el 4 de febrero de 1899 hasta el 16 de abril de 1902.

El gobierno estadounidense había asegurado a los rebeldes filipinos que su único interés residía en derrotar a España, y de paso, ayudar a los filipinos a conseguir la independencia. El presidente estadounidense McKinley había declarado públicamente que la anexión de las Filipinas, "habría sido, de acuerdo a nuestro código moral, una agresión criminal". Pero tras la derrota de España a causa de la Guerra hispano-estadounidense, los Estados Unidos se volvieron contra los filipinos, quienes les habían proporcionado importante ayuda militar e información logística, y se apoderaron de las Filipinas convirtiéndola en una colonia estadounidense. McKinley explicaría que "los filipinos eran incapaces de auto gobernarse", y que Dios le había indicado que no podían hacer otra cosa más que "educarlos y cristianizarlos", a pesar de que las Filipinas ya habían sido cristianizadas por los españoles a lo largo de varios siglos.

Comienza el primer Genocidio Filipino

Según el  Padre Fray Manuel Arellano Remondo, "la población disminuyó por razón de las guerras", se refiere indudablemente a las víctimas de la Guerra entre la primera República de Filipinas de 1898 y Estados Unidos de Norteamérica.

Esa disminución de la población filipina nos lo señala luego otra fuente, esta vez norteamericana, como constituyendo "la sexta parte de la población filipina".

La fuente norteamericana a la que nos referimos es la del historiador James B. Goodno autor del libro ThePhilippines: Land of BrokenPromises, Nueva York, 1998, cuya página 31 nos suministra esa importante cifra y dato. Si hemos de creer que fue la sexta parte de la población filipina la que pereció como víctima de las sangrientas masacres perpetradas por la soldadesca invasora de Estados Unidos entre 1898 y 1902, las bajas de una población total de nueve millones sumarían, de hecho, a un millón y medio (1,500,000).

Y, diga lo que se diga, este hecho histórico es evidencia de nada menos que un genocidio cometido en contra del pueblo filipino que precisamente es de habla española. Si ahora se puede inclusive decir que el español nunca se habló en Filipinas, ese resultado es la evidencia misma del genocidio perpetrado durante la guerra filipino-usense que se prolongó hasta 1907, ----incluyendo la masiva resistencia armada puesta frente a la invasión militar de Estados Unidos, por parte del segundo presidente y general de la República Filipina de 1898, Macario Sacay y de León.

Lo que pasó después ha sido varias veces revisado por los historiadores, desde los que lo consideraron una rebelión filipina, pasando por quienes reconocen que el conflicto fue una guerra en toda regla, hasta los que, en base a los resultados del conflicto, llaman a estos sucesos el «genocidio filipino». En efecto, los norteamericanos aplastaron sin contemplaciones el levantamiento filipino, pero de camino se llevaron por delante a un millón y medio de civiles filipinos, masacrados de numerosas formas a cual más cruel. En uno de los más vergonzosos episodios de esta sangrienta represión, el general Jacob Smith llegó a ordenar la ejecución de cualquier filipino mayor de diez años.Las masacres indiscriminadas de filipinos se prolongaron hasta 1913.

El Segundo Genocidio Filipino.

Entre el 3 de febrero y 3 de marzo de 1945 la ciudad de Manila, la Perla de Oriente, fue bombardeada indiscriminadamente por la aviación estadounidense.

La misión era desalojar a los japoneses que la habían ocupado desde 1941. Muchos filipinos vieron en la ocupación japonesa la oportunidad de liberarse del yugo yanki que desde 1898 había sojuzgado y destruido la cultura hispánica y la lengua española que eran seña de identidad de la nación filipina.

El bombardeo, estilo alfombra, que en 1945, adrede se ordenó sobre un Intramuros de habla española(juntamente con los distritos de Ermita y Binondo, donde también se hablaba el idioma criollo, o chabacano del español), queda considerado como una medida genocida tomada, no tan solamente en contra de las existentes iglesias católicas sino en contra también de la población filipina que rezaba en español en esas mismas iglesias.

Cuando los estadounidenses tomaron de nuevo Manila la ciudad había quedado totalmente arrasada. Muy pocos lugares se salvaron de las bombas. Ningún bombardeo del siglo XX ha  sido tan brutal y sistemático como la destrucción de Manila. Según algunos cálculos, unos 100.000 filipinos murieron a manos de los japoneses y a causa del despiadado bombardeo yanky.

Lo duro no fue la destrucción, sino el desprecio que se hizo de las vidas humanas. EE UU y Japón, en nombre de la justicia y la libertad, destruyeron la justicia y la libertad de un pueblo, su cultura y su historia.

No, no fue casual el bombardeo. El plan estadounidense para borrar la influencia española en el archipiélago, culminaba con este bombardeo, pues muchos españoles e hispanofilipinos murieron en el bombardeo. Al acabar la guerra, muchas familias españolas, incapaces de soportar el acoso y recuperar el antiguo esplendor, regresaron definitivamente a España con esa tristeza profunda de quien pierde sus raíces.

Estados Unidos impuso la educación en inglés, favoreció la prensa y la comunicación en su lengua. Arrinconó toda muestra de cultura española. Alimentó una leyenda negra contra España como potencia colonizadora. En suma, acabo con la clase culta filipina y tuvo a su disposición a un pueblo ignorante incapaz de defenderse.

El Genocidio de la Cultura Hispánica por los Estados Unidos de Norteamérica

Vivieron muchos filipinos que rechazaron,muy de pleno y muy enérgicamente,la imposición usense del idioma ingles sobre sus hijos y sobre su gobierno.Dehecho,fue brutalmente destruido por el neocolonialismo que habla ingles tal como queda representado por las fuerzas invasoras de EEUU que vinieron a estas islas desde 1898.El Filipino de aquellos tiempos,tanto el ordinario de la masa común como el de la capa social adinerada,nunca fue consultado sobre el idioma official que preferiría utilizar.

La preponderancia del idioma español no solamente nos lo atestigua su uso cuotidiano y oficial por la inmensa mayoría de los filipinos de los años 10 y 20 sino que hasta en los años 30 y 40 cuando la industria holiwoodense del cine norteamericano encontraba un potente mercado filipino para sus películas habladas en español.

Se cometieron, por lo visto, dos verdaderos genocidios (uno entre los años 1899-1907 y otro en 1945) cuyos resultados posteriores todavía los podemos ver en la circular #59, serie de 1996, expedida por la actual "ComissiononHigherEducation", o la "Comisión de alta Educación", (CHED) por la que no se le quiere dar el menor espació a unas asignaturas regulares de español, a escoger frente al árabe, en el programa universitario de la "educación" de Filipinas. El truco consiste en no darle créditos en unidades a las asignaturas de español, o de árabe.

La nefasta constitución Cory de 1987 y unilateralmente suprimió la oficialidad como la docencia regular de este idioma en los colegios filipinos. Esta medida "legal" constituye, a sabiendas o no, otra fase más de la agenda genocida en contra de los filipinos de habla-hispana, estén vivos o muertos; porque lo que se persigue, como objetivo final, es privar al entero pueblo filipino de su memoria como pueblo para luego entorpecerlo y económicamente explotarlo de forma absoluta.

A pesar de esas medidas genocidas, quedan casi medio millón de filipinos que todavía son de habla hispana fuera de los de habla criolla que suman más de un millón aparte. Éstos se reparten entre Zamboanga, Basilan, Cotabato y Cavite. Su ventaja es vivir como una comunidad separada.

Estos actuales supervivientes de habla-hispana podrían potenciarse mediante un atinado programa recastellanizador por parte del gobierno español de nuestros días mediante la Agencia Española de Cooperación Internacional y el Instituto Cervantes de Manila.

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