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Diaphane Polaris

Una muy triste noticia nos llegó desde el Lejano Oriente el domingo 25 de octubre de 2015: se trata de la desaparición a la edad de 84 años de una figura ineludible de la contracultura y el esoterismo de Moscú, Yuri Mamleev. Un hecho desastroso que nos ofrece la oportunidad de volver al rumbo y al trabajo poco conocido en nuestras regiones de este metafísico inconformista que se fue, en esta noche otoñal, a rasgar el espeso velo de la materia para, en última instancia, afrontar los misterios que han empapado tanto sus escritos como su existencia.

Por lo poco que sabemos de sus datos biográficos, podemos decir que Mamleev nació en Moscú en diciembre de 1931, hijo de un padre psiquiatra que murió en 1937 en un Gulag. Mamleev empezó a escribir a finales de los años cincuenta cuando enseñaba matemáticas de día en la universidad y presidía por las tardes el muy secreto círculo de “Yhuzinskiy”, que reunía en su apartamento de Moscú a filósofos y místicos que estaban orientados al estudio de las doctrinas tradicionales perennialistas así como prácticas orientadas hacia el camino de la mano izquierda. Aprovechó en primer lugar la reducida audiencia de este círculo de fieles para leer en voz alta sus escritos, lo que le permitió obtener con bastante rapidez, gracias a la comunicación de boca en boca, una cierta notoriedad dentro de la cultura underground de la capital; de hecho, aunque ninguno de los textos se publicó oficialmente hasta la década de 1980, inicialmente distribuyó sus escritos a un número limitado de lectores que acudieron a escucharlo y grabar sus historias en cinta. Una doble vida asignada en la clandestinidad que se explica principalmente por el contexto político de la época: Mamleev estaba, con razón, aterrorizado ante la idea de que la KGB pudiera caer sobre sus escritos y enviarlo a languidecer durante décadas en un hospital psiquiátrico o acabar sus días, como su padre, en un Gulag o en las cárceles del poder.

Este clima de clandestinidad casi permanente, que golpeó a los sedientos de espiritualidad alternativa durante la era soviética y los llevó a un estado de cuasi disidencia, estaba marcado precisamente por una diferencia importante con los agitadores de la contracultura estadounidense de la época que, bañados en el relativo confort clorofórmico del flower power californiano, independientemente de las referencias muy lejanas que las nutrían. El sistema, que actuaba como una aplanadora materialista, tuvo precisamente el efecto, a través de su horizontalidad decapitante, de trasladar la figura del místico al rango de renegado y de reforzar, en el joven Yuri, su aspecto sulfuroso dándole un aura de perversidad espiritual que preservó sus escritos de la normalidad castrante y del conformismo lúgubre, al autorizar los reflejos de una búsqueda profunda de una trascendencia desenfrenada que tendía sin piedad al vértigo metafísico.

A lo largo de su obra literaria, se notará una fascinación por la representación contemporánea de la muerte que a menudo, en sus novelas, va acompañada de un toque de humor sardónico, violencia ultra nihilista y perversión erótica que sin dudarlo iba deslizándose de lo poético y divertido hacia lo deliberadamente grotesco e indignante. Una fascinación suavizada por un deseo de absoluto que lo llevó a frecuentar diversas sectas y círculos místico-religiosos que constituían un verdadero pequeño mundo paralelo en la Rusia de la época, fuente de inspiración para su novela Le couloir du temps donde el lector se encuentra inmerso en una suerte de patio subterráneo de milagros, de una interzona periférica a los suburbios de la capital rusa y donde, para resumir brevemente, una galería de personajes ruinosos tejen la trama de una fábula metafísica posmoderna confundida en un ensueño infernal, pero, sin embargo, impresionado por este hiperrealismo brutal que, por su credibilidad, invita a la reflexión.

En 1975, Yuri Mamleev dejó su Heartland natal para emigrar a los Estados Unidos, donde enseñó literatura rusa en la Universidad de Cornell en el Estado de Nueva York. En 1980, se publicó su primer libro al otro lado del Atlántico, titulado Sky above hell and other stories, una recopilación de varias historias inusuales y extrañas ambientadas en un telón de fondo del drama alucinatorio dostoyevskiano. Tan pronto como se publicó, el libro se ganó el favor de la prensa estadounidense. En 1981 y 1982, Mamleev asistió al congreso "El psicoanálisis y la cultura", antes de regresar a su continente natal y establecerse en París, donde volvió a enseñar literatura rusa en la escuela de lenguas orientales. “El clima espiritual me sienta mucho mejor aquí”, dijo. Luego se convirtió en miembro del International Pen Club, manteniendo estrechos vínculos con su Rusia materna, donde adquirió una nueva audiencia entre la generación más joven.

Sin embargo, no fue hasta 1989 antes de que estos escritos se publicaran oficialmente en Rusia. En 1993, regresó a vivir a Moscú, donde Alexandre Guelievitch Duguin lo había convertido en uno de sus maestros espirituales junto al poeta Yevgeny Golovin y el místico musulmán azerí Gueidar Dzhemal. Este encuentro de personalidades tan heterogéneas como apasionadas que produciría un fermento intelectual que luego fue descrito como los "verdaderos maestros de la élite esotérica de Moscú", donde la filosofía ortodoxa, el rechazo tanto del aparato comunista como del Occidente decadente se encontró febrilmente con el corpus guénoniano, las tesis de la Nueva Derecha francesa y la geografía sagrada antes de ser sintetizada, a finales de los 90, bajo la bandera doctrinal del neo-eurasismo. Sobre este tema, Yuri Mamleev fue un platónico absoluto y encontró importantes pasajes secretos en el alma rusa. Su literatura no solo estaba imbuida del alma eslava a través de este “realismo fantástico” también detectable en Gogol, Remizov, Fyodor Sologoub, sino que también estaba lúcidamente consciente del potencial de santidad representado por Rusia, un continente a caballo entre la filosofía occidental europeo y del Misticismo del Lejano Oriente, una especie de India blanca atrapada entre el Logos y la Tradición, dramáticamente lastrada por la melancolía y la locura de los hombres pero que, discretamente dotada de una llama inalterable, puede llegar a ser un polo escatológico crucial si este continente fuera a tomar conciencia de sí mismo.

Mamleev también fue el creador, en la Casa Central de Escritores en Moscú, de un nuevo movimiento literario - "realismo metafísico" - del que presidió el Club. Los fundamentos de esta corriente literaria se exponen en el capítulo "Metafísica y Arte" de su ensayo Le Destin de l'Etre; ensayo que proporciona las claves para descifrar metafóricamente sus novelas.

Se puede, además, desde un prisma filosófico, considerar la metafísica mamleeviana como una especie de misticismo invertido. "No hay imagen más espantosa que la que el hombre tiene de sí mismo": esta cita de Mamleev puede ilustrar, en forma de proyección, por qué su visión de la humanidad es similar en sus novelas a un cuadro de Bosco o de Brugel. Chatouny, su primer libro traducido al francés, es un buen ejemplo porque contiene todos los ingredientes que caracterizan al autor; una dicotomía entre el oscurantismo de la gente corriente en su lado más degenerado: un asesino en serie con inquietudes metafísicas, una secta de castrados, un autófago, una ninfómana zoofílica, etc., todos obsesionados con la búsqueda de la trascendencia chocando con muchos y profundas reflexiones metafísicas.

Vemos que la monstruosidad de los protagonistas es a menudo la representación encriptada de una interpretación oscurecida por el ego, una falsa identificación de uno mismo con el propio cuerpo, opuesta a lo que Mamleev llama “la religión del yo”, un yo que, eeguro que es más el ultraje de la emanación divina que el yo egoísta que, por otro lado, simboliza la rejilla samsárica.

Todo esto se explica claramente en su obra maestra. El autor, en esta obra doctrinal, llega incluso muy lejos al exponer más allá de los límites del entendimiento lo que llama "La Última Doctrina". Esta es una enseñanza sobre lo que no es, sobre lo que está más allá de Dios, desde lo absoluto y trascendente a Dios, a la realidad y al yo superior. Una salida de la totalidad no concebible por el intelecto pero que puede verse teóricamente; un ímpetu específico que "abre el ojo al abismo" y despierta la aspiración a la verdadera vida trascendente, destruyendo los principios previos fundados en la idea de realización, pero que solo pueden realizarse después de una reintegración en el todo.

La última doctrina no se ubica en la continuidad de la Tradición; se deja en algún lado, como primer y necesario paso en el camino iniciático del hombre...

Y todo lo que pertenece al ámbito del contacto real (y no indirecto) real (o más bien anti-contacto) entre este Ser y el abismo queda fuera de las posibilidades de nuestro lenguaje. Por tanto, esto no se puede decir ni de palabra ni en silencio sobre el absoluto y nuestro mundo...

Una perspectiva vertiginosa y que revive un poco el postulado de decir que la Tradición Iniciática está entre las letras y no en la tinta.

De los veinte libros producidos por Mamleev, solo cinco están actualmente traducidos y publicados en francés:

  • Chatouny, Robert Laffont, 1986, réédition Le Serpent à plumes, 1998.
  • La Dernière comédie, Robert Laffont, 1988.
  • Les Couloirs du temps, Le Serpent à plumes, 2004.
  • Le Monde et le rire, Le Serpent à plumes, 2007.
  • Destin de l’être, suivi de Au-delà de l’hindouisme et du bouddhisme, L’Age d’homme, 28 juin 2012.

Fuente: http://rebellion-sre.fr/reverence-iouri-mamleev-11-12-1931-25-10-2015/

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

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