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Ramiro Barreiro

MONTEVIDEO (Sputnik) — Los planes que tenía Argentina para el 27 de octubre de 2010 se trastocaron poco después de que saliera el sol. Ese era el día indicado para la realización del Censo nacional, pero antes de empezar, la cuenta ya daba en negativo.

Luego de varios intentos por reanimarlo, a las 09.11 horas se constataba la muerte del expresidente Néstor Kirchner (2003-2007), la figura más importante por ese entonces de la política argentina.

Como sombras de esa realidad, fuimos muchos los periodistas que tuvimos que cambiar los planes y correr al ritmo de una jornada que sería histórica, pero por un hecho impensado.

También en forma intempestiva, ese día quedaríamos divididos por un oscuro río de tinta cada día más ancho, que nació en los medios, se propagó a la sociedad y que todavía hoy recibe torpemente el nombre de grieta.

Con la pérdida de Kirchner nació el kirchnerismo, y contra él (y la formación del mito consagrado por la muerte) se lanzó la grieta desde las páginas y pantallas del Grupo Clarín, con quien Kirchner llegó a tener una buena relación hasta que su esposa asumió el Ejecutivo, en 2007.

Entonces, comenzaron las elucubraciones acerca de la muerte del exmandatario, y hasta se dijo que había sido asesinado y que el féretro en el que lo velaron estaba vacío.

Aún hoy, si existe una grieta ideológica en Argentina esta se encuentra determinada por la figura de Néstor Kirchner. Se es o no K, esa es la cuestión.

"Sin abandonar el diálogo constante, la adecuación a los interlocutores en su círculo más amplio y tomar decisiones que significan mover la maquinaria administrativa, Kirchner había basado su vida en un borde, un límite, una frontera movediza e inestable. Le faltaba la vara del equilibrista", describe a Sputnik el sociólogo Horacio González, de la Universidad de Buenos Aires.

Nace el llamado

La crisis económica de 2001 es una escisión en la historia contemporánea de Argentina.

Tal como pudo verse en el último año en Chile, la economía fue apenas una mecha que despertó décadas de opresión y desigualdades.

Néstor Kirchner cumplió aquel axioma de Simon Bolivar, que dice que la única transformación posible es cuando se encuentran los liderazgos sociales con los liderazgos políticos.

"Lo que deja es lo que llamaríamos la esencia de un llamado pues en eso consistía la política", define González; "de alguna manera la tuvo, entre la militancia y los temas extraordinarios, parte de la vieja utopía nacional y popular, que estaban vacantes y a la espera de ese llamado, y moverse en el interior de anquilosados aparatos de gobiernos".

En contrapartida, para el exdirector de la Biblioteca Nacional argentina, "a estos (las instituciones de Gobierno) había que vitalizarlos con la savia que emanaba de los militantes de la memoria y la memoria de los militantes".

Kirchnerismo

Tal vez la figura de Kirchner no brilla tanto como la de otro expresidente, también determinante para la democracia argentina, como lo fue Raúl Alfonsín (1983-1989).

El descrédito de su imagen, sus todavía no resueltas causas judiciales y su último papel, más preocupado por cuidar las espaldas de su mujer y presidenta que de su propio legado, le impiden acceder al respeto de la sociedad toda, como ocurre con el radical.

"Kirchner hoy se identifica con muchas cosas, pues su recuerdo está vivo y no es difícil que perdure en esta época tan desnutrida de ideas", resalta González.

Esa diferencia entre las figuras de uno y otro líder también la siente el actual presidente, Alberto Fernández, quien en aras de cerrar esa ilusoria grieta, cita más en sus discursos a Alfonsín, una figura que une a la sociedad, que a su amigo Kirchner, quien despierta odios y amores por igual.

"El Gobierno actual recupera la memoria de Kirchner pero por diversas razones -entre ellas la pandemia- no consigue todavía realizar esa juntura dinámica entre lo que se mueve en forma creativa en la sociedad y lo que debe moverse en el Estado para completar en conjunción una movilización mutua de la vida popular y la vida política institucional", resalta González.

Nadie sabe si aquel 27 de octubre de 2010 se rompió también el proyecto de continuidad del matrimonio Kirchner. Ni siquiera sabemos todavía si la actual gestión de Fernández-Fernández es parte de aquello.

Según González, "ambos sabían que una continuidad de ese tipo daría más oportunidad a los desestabilizadores. La continuidad, de algún modo, actúa ahora en la memoria de los que los acompañamos como parte de aquel llamado".

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