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Por Pedro Vázquez*

Si recientemente, el anuncio explícito de apertura del proceso de secesión de la comunidad autónoma de Cataluña ha incendiado las portadas de la prensa española e internacional,  el proceso que lo ha originado ha quedado oculto, y sigue estándolo, a ojos de los analistas políticos y geoestratégicos. En realidad, no es de sorprender que una comunidad autónoma proclame sus deseos independentistas, es el fin del proceso continuado que desde 1975 se ha venido gestando y desarrollando.

La  constante cesión de competencias del Estado y, por tanto, pérdida de soberanía del conjunto de los españoles sobre una parte de su territorio, ha sido un proceso in crescendo y sin ningún tipo de retrocesión, esto es, nunca una autonomía ha cedido una o varias de sus competencias. El hecho de que algunas de estas competencias  sean exclusivas, impide, de facto, la actuación del Estado en cuestiones verdaderamente lesivas para el conjunto del pueblo español, como podrían ser la enseñanza y la sanidad. Este proceso de pérdida de la autoridad del gobierno de la nación sobre sus territorios lleva a situaciones verdaderamente sangrantes y vergonzosas. Por ejemplo: somos un país en el que te pueden multar por usar exclusivamente la lengua oficial del país. Estas multas lingüísticas son habituales en el Nordeste para todos aquellos comerciantes que rotulen exclusivamente en la lengua oficial y común de la Nación.  No sólo eso, en Cataluña no se considera al español como lengua vehicular de la enseñanza, y a pesar de las sentencias en contra de tal desatino, se hace caso omiso y hoy en día es absolutamente imposible para un ciudadano español recibir la educación en español en ciertas partes de España.

En el plano educativo, se da el contrasentido de que un español viviendo en París sí tiene la posibilidad de que sus hijos reciban la educación en español y en una serie de centros públicos (Liceo Español de París), sin embargo, en Cataluña no puede. Es más, en muchos países extranjeros, tanto del ámbito comunitario como extracomunitario, ningún empresario recibirá ninguna multa si rotula en español su establecimiento, cosa que no puede hacer en la citada comunidad autónoma española.

Explicar a los extranjeros que el idioma oficial del país está excluido de la enseñanza o penalizado en su propio país indica varias cosas: la debilidad de la propia nación que permite estas prácticas y la hostilidad de los gobiernos regionales que aplican estas normas respecto al conjunto de los españoles, sus símbolos y, en general, las señas de identidad de su cultura , especialmente eso, su cultura.

Pero en realidad, el anuncio abiertamente independentista del gobierno regional, es un desarrollo natural en aquellos países que se desprenden de parte de su soberanía a favor de entes menores.  Esto último siempre ha quedado olvidado en el debate sobre el modelo de estado. La Historia raras veces da una ley única que siempre se cumpla, pero en el caso  de las pérdidas paulatinas de soberanía del gobierno nacional, la Historia siempre muestra la misma enseñanza y es que siempre el ente menor acabará proclamando su independencia. El proceso contrario, esto es, entes independientes que van cediendo parte de su soberanía a favor de una estructura superior es el proceso opuesto. Se observa tanto en la formación de los Estados Unidos como en el de la Unión Europea. Son dos procesos antagónicos : subir y bajar la escalera, aunque puedan tener , en algún momento, un punto de encuentro.

En cuanto a ejemplos de “bajada de la escalera”, esto es, de cesión paulatina de soberanía de un ente global o continente a otro inferior o contenido, con el resultado final de la proclamación de independencia, la Historia da tantos ejemplos como uno se quiera buscar: los acuerdos del emperador romano con reyes germánicos ocupando territorios imperiales (phoedus), con sumisión nominal de los reyes al emperador, y que finalizaron  con la disgregación del imperio. Obsérvese que federal y feudal tienen la misma etimología. La concesión de cierta autonomía por parte del gobierno británico a las colonias americanas, la progresiva destrucción del reino de Bélgica, con dos países funcionando de facto por separado, la organización del imperio zarista como federación de repúblicas soviéticas, la reestructuración de Yugoslavia como estado federal, con progresivo aumento de las competencias de cada estado hasta la sangrienta guerra de secesión final… La propia Cataluña, habiendo obtenido un estatuto de autonomía del gobierno de la República, se proclamó independiente en 1934, etc… . Tantos ejemplos como quiera buscar el paciente lector.

La Historia es implacable con todos los pueblos que ceden soberanía a sus partes y no ofrece más que un solo final. Por supuesto, esta enseñanza fue olvidada por sistema por los distintos gobiernos de España. También se olvida hoy cuando el partido socialista propone más federalismo para acabar con estas tensiones. De nada serviría. Es más, las aceleraría.

Hay otra lección que la Historia (obsérvese la mayúscula) proporciona como ley inapelable.: “Afronta el desafío, no apacigües”. El apaciguamiento al retador sólo prolonga la agonía del retado, lo hace pasar por cobarde y no evita el enfrentamiento final contra un desafiante cada vez más crecido.  Los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial ilustran el terrible fracaso del “apaciguamiento del retador”. Mientras Hitler exigía una y otra vez nuevos territorios amenazando con una guerra apocalíptica, las reacciones de los gobiernos occidentales siempre fueron las de ir a apaciguar al germano. Ante el continuo rearme, tampoco respondieron con un rearme por aquello de no contribuir a la escalada de violencia. El resultado fue que al final la guerra fue inevitable (basta con que una de las partes se lo proponga), cogió a los ejércitos occidentales mal armados y peor entrenados y todos los que optaron por las políticas de apaciguamiento y de compromiso quedaron relegados al basurero de la Historia, con más pena que gloria y, lo peor de todo, como ejemplo de lo que no se debe hacer. La respuesta que Churchill dio a Chamberlain tras la enésima reunión de apaciguamiento de Hitler y cesión de Checoslovaquia  (“Os traigo la Paz con Honor”) fue lapidaria y certera: “Habeis retrasado la guerra y acarreado el deshonor”.

En el caso de la modélica transición española (que sólo costó un millar de muertos), los continuos retos nacionalistas siempre fueron afrontados por los distintos gobiernos de la Nación desde la óptica del apaciguamiento y del compromiso, a cambio de la “lealtad” de la otra parte. El resultado no podía ser otro que lo que es en la actualidad, el continuo desmantelamiento del Estado y la pérdida de hecho, del control político en estos territorios españoles.

Ahora, una vez más, los distintos movimientos hispanófobos lanzan un nuevo reto. No es necesario ser profeta para saber que éste o cualquier gobierno lo que intentará es llegar a un acuerdo en lugar de enfrentarse a los hechos. La Historia ha sido muy clara con los que actúan así frente a los retos y el final sólo puede ser catastrófico.

El contraejemplo francés.

A la pregunta de qué habría pasado si el estado no hubiese cedido soberanía a los territorios queda respondida claramente en el contraejemplo francés. Un estado unitario que no reconoce más pueblo que el pueblo francés y cuya soberanía se ejerce en la totalidad del territorio nacional y de ultramar, sin fisuras, sin compromisos con poderes locales ni oligarquías autóctonas. Los resultados son odiosos si los comparamos con nuestro infortunado país. Teniendo los mismos problemas de separatismo y con los mismos protagonistas: vascos y catalanes, el pueblo mantiene su soberanía sobre la totalidad de su territorio sin tensiones dignas de mención. Incluso apenas han notado el terrorismo de ETA, porque los terroristas, al igual que los depredadores, sólo se ceban en quien da muestras de debilidad, sólo en quien viene a dialogar y a buscar un compromiso.

Lógica contra sentimiento.

Algunos analistas políticos de la situación en la que nos hallamos envueltos hacen hincapié en los argumentos lógicos que demostrarían una inviabilidad de un país como la autonomía del Nordeste independiente y, por tanto, concluyen que no se producirá. Craso error. El planeta está lleno de países imposibles sobre el papel y que funcionan perfectamente. Recordemos algunos:

-Andorra: menos de 100.000 habitantes, no tiene mar ni recursos naturales ni moneda propia, lo que sí posee es una mayor renta per capita que muchos países de la Unión Europea.

-San Marino

-Liechtenstein

-Mónaco:

-El Vaticano: Imposibilidad viviente donde las haya, menos de 300 habitantes. Posee el mejor servicio de Inteligencia del mundo. Ha hecho caer regímenes que aterrorizaron al mundo y su influencia es absoluta en corazones y mentes de una cuarta parte de la Humanidad.

Por el contrario, existen países muy viables sobre el papel y con grandes recursos (todos los países africanos) y que no son más que lamentables estados fallidos.

Los distintos movimientos hispanofóbicos de España sólo apelan al sentimiento, tal vez porque saben que es su terreno, puesto que en el lógico apenas tienen algo que hacer. Ese sentimiento les blinda frente al razonamiento. Se trata, sobre todo en el caso de catalanes y vascos de un sentimiento de superioridad y orgullo frente a los demás pueblos celtibéricos, a los que sólo ven de dos maneras: o como al pobre inmigrante que viene mendigando un puesto no cualificado en la economía propia o como el militar que se encarga de arrearles de forma cíclica cuando intentan la secesión.  Ambas impresiones son peyorativas. Frente a estas presentaciones de los otros, los hispanófobos cultivan su propia autoimagen como gente emprendedora, eficiente y de la que viven todos los demás parásitos peninsulares.

Ciertamente, esta autoimagen que hispanófobos vascos y catalanes se dan a sí mismos es, como poco, cuestionable.  Se puede demostrar fácilmente que ambas comunidades autónomas han venido siendo las agraciadas de costosas inversiones públicas a cuenta de todos los españoles. Realicemos el siguiente experimento: consigamos mapas de carreteras de España de distintos años comenzando desde los años 50 del pasado siglo hasta hoy y veamos los tramos de autovía que se van formando poco a poco sobre la epidermis topográfica de la Nación. Veremos la desatención de infraestructuras de casi todo el país excepto en las provincias vascas y catalanas. Teniendo en cuenta que el promedio de coste de kilómetro de autovía es de 6 millones de euros, nos daremos cuenta de hasta qué punto todo el país ha estado aportando esfuerzo y dinero y a quién se los ha aportado.

Así pues, el trasfondo de los movimientos secesionistas es irracional, sentimental, si se prefiere el término y eso les blinda frente a cualquier intento de sensatez y de cordura. Es, además una constante en Cataluña, que desde 1640 lleva protagonizando asonadas contra el gobierno del resto de España, tanto en la época de los Austrias como en la de los Borbones, como en la República. Y no hay dos sin tres como dice el proverbio.

Las acciones de compromiso y de apaciguamiento por parte de los gobiernos españoles sólo son percibidas como debilidad y claudicación de los mismos y triunfo de la postura reivindicativa. No parece que estas actitudes de este gobierno o de los otros vayan a cambiar. No es que no quieran ver la realidad, es que se ha instalado la cobardía ante los retos como una forma de actuación intelectual y física que ha sido la causa de grandes desastres nacionales y que anuncian otros mayores.

* Licenciado en Ciencias Físicas, DEA del doctorado de Paz y Seguridad Internacional del Instituto Universitario “Gutiérrez Mellado” y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid. Es de alférez del Ejército del Aire (RV)

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