Opinión

 Esta semana el cálculo político, la ambigüedad, las tácticas y el ahora sí, ahora no del gobierno de la Generalitat han quedado atrás para aprobar la convocatoria del Referéndum ilegal del 1 de octubre y, por extensión, determinar las bases para la futura aprobación de la ley de transitoriedad que dibujará los primeros pasos de la República catalana. Llegar hasta aquí implica el fracaso de todos: los independentistas, los constitucionalistas y la tercera vía.

Fèlix Riera

altUna nación, una verdadera nación, está construida sobre la base de la historia, la tradición, su cultura, las cosas que unen a sus habitantes -no en las que les separan- y, sobre todo, en un interés común para lograr el bienestar y el progreso de sus habitantes, para preservar su raza, sus valores y su forma de vida.

Luis Eugenio Togores

Sir John H. Elliott regresó hace unos meses a Cataluña. Visitó el monasterio de Poblet, primaveral y perdido. Se asomó al balcón del Ayuntamiento de Barcelona, donde recordó el fiasco de Companys. Y adelantó a un grupo de privilegiados parte del contenido de su próximo libro, una imponente -y previsiblemente polémica- historia comparada de Cataluña y Escocia.

John H. Elliott

De pronto, el establishment parece no temer tanto a quienes se han echado al monte en Cataluña como al españolito vulgar y corriente. No me refiero, desde luego, al que vive acogotado en Cataluña, porque ese en su inmensa mayoría, a fuerza de haber sido abandonado, anda desaparecido en combate, sino aquel que, en el resto de regiones, empieza a perder la paciencia con los “hechos diferenciales” y, sobre todo, con esta tropa de burgueses que, acostumbrados como están a que se les consienta todo, tan pronto montan un Maidán, como se marchan a las fiestas de La Merced a beber Gin Tonic.

Javier Benegas

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