Opinión

 La lucha de clases no ha concluido. El sistema neoliberal turbocapitalista nos quiere convencer del fin de la historia, esto es, del fin de la guerra de clases, desde 1989. Pero no se sostiene tal mentira. Como ha escrito una y mil veces Diego Fusaro, la guerra de clases ha mutado en “masacre de clases”. El mundo experimenta hoy una gestión unipolar de la lucha clasista, una gestión desde arriba, desde el polo dominante. Una clase dominante sumamente reducida en términos demográficos, pero omnímoda, gestiona la corriente general de la Historia, cual es la lucha entre dominantes y dominados. No se puede paralizar la lucha clasista mientras el modo de producción dominante sea el capitalismo, pero lo que sí ha terminado por ocurrir es que esta lucha se gestiona ahora por parte de la clase ultracapitalista en su beneficio.

Carlos X. Blanco

Benjamin Franklin aseguraba que la negligencia es causa de las mayores desgracias y, como ejemplo, citaba la historia del clavo: por un clavo se perdió la herradura, por la herradura se perdió el caballo, por el caballo se perdió el caballero y así hasta llegar a la pérdida del reino. Imaginen sí, además, clavo, herraduras, caballos y caballero se pierden por culpa del responsable, por estupidez o, peor todavía, por mala fe.

Miquel Giménez

 

 La comunidad mundial se está transformando. La pandemia actual es solo otra fase de una metamorfosis iniciada hace décadas. La intersección de nuestra vida física y digital es el campo de batalla, donde las últimas esperanzas de libertad están siendo aplastadas hasta la muerte. Pocos pueden ver esto porque la mayoría de las personas ya son víctimas del viejo orden mundial sacrificado ante el altar de la libertad.

Phil Butler*

 La literatura distópica se está volviendo cada vez más popular. No nos extraña: hay serios signos de que la humanidad avanza a pasos agigantados hacia un nuevo orden mundial. Y las distopías pueden contener pistas sobre qué tipo de orden es.

Redacción

 Julián Marías, en el segundo volumen de sus memorias, describió la Guerra Civil española de 1936 como «una ola de odio y criminalidad». En la semana de la aprobación de anteproyecto de Ley de Memoria Democrática, resulta pertinente recordar que el caso de Lluis Companys (detención en Francia, trasladó a España, consejo de guerra y fusilamiento) no es único, si no que hay otros muchos. Un buen ejemplo es el diputado socialista Julián Zugazagoitia. Pero hay más, y en ambos bandos. Sobre todo al principio de la guerra.

Redacción

 El principal problema de la sociedad rusa moderna no se encuentra en las razones sociales o económicas, se encuentra precisamente en la crisis de la identidad. Este problema es bastante antiguo: nuestra crisis de identidad surgió primero entre nuestras élites, especialmente de forma aguda después de las reformas de Pedro I. Gradualmente, esta crisis se extendió a otros estratos de nuestra sociedad, primero a la llamada "intelectualidad", y luego a las grandes masas, que, sin embargo, estaban perdiendo el estatus de ser personas y adquirieron el estatus de ser masas. La oclocracia es esencialmente una pesadilla política para cualquier civilización, pero esto es exactamente en lo que se convirtió nuestra práctica política en los años noventa. El oligarca en la cima y las masas desunidas, no identificadas y traumatizadas, debajo.

Anton Bryukov

En esta edición de nuestro programa hablaremos de la "operación Navalni" en los medios internacionales.

Dmitri Polikárpov

 

 Presentación hecha en el seminario “Ser femenino”. Feminismo, Platonismo, Tradicionalismo. Mujer vista desde la derecha

Alexandr Bovdunov

Salvo muy honrosas excepciones, como Asturias y la Comunidad Valenciana, donde sus dirigentes políticos, muy bien asesorados por cierto, han sido capaces de controlar la segunda oleada de la covid-19, España en su conjunto simplemente ha aprendido a convivir con la pandemia y a reaccionar tarde, ex post, ante el aumento de contagios. Mención aparte merece ese desastre político llamado Comunidad de Madrid.

Juan Laborda

 


 

Juan Laborda

Salvo muy honrosas excepciones, como Asturias y la Comunidad Valenciana, donde sus dirigentes políticos, muy bien asesorados por cierto, han sido capaces de controlar la segunda oleada de la covid-19, España en su conjunto simplemente ha aprendido a convivir con la pandemia y a reaccionar tarde, ex post, ante el aumento de contagios. Mención aparte merece ese desastre político llamado Comunidad de Madrid.

Además de batir todos los récords mundiales de contagios, además de intentar trucar las cifras, además de no hacer ningún tipo de prevención previa para frenar la oleada, además de no confinar cuando las cifras se desbordaban, como hacen el resto de comunidades, han negado la mayor, la brutal incidencia del virus en su comunidad. Son los negacionistas patrios de la covid-19. Merecen todo nuestro desprecio. Para entender el percal de esta tropa me remito a un tweet que la otrora directora general de la Salud Pública de la Comunidad de Madrid, Yolanda Fuentes, donde simplemente sugería que no hay nadie al mando de nada por estos lares de la capital del Reino.

Es en este nuevo escenario de segunda oleada donde nos tenemos que preguntar si, desde un punto de vista de la política económica, se está haciendo todo lo necesario para paliar los efectos perversos de la pandemia, tratando de proteger las rentas de las familias, evitando que el tejido de nuestras Pymes se hunda. La respuesta es que no. Salvo el diseño de los ERTE, que supone el derecho al subsidio de desempleo para los trabajadores temporalmente despedidos en virtud de los planes de ajuste del empleo temporal debido a la covid-19, sin que se exija una contribución mínima previa ni se reduzca el derecho acumulado, la inmensa mayoría de las medidas tomadas, y que han sido muchísimas, se han planteado bajo una restricción ficticia, la necesidad de preservar el control presupuestario por encima de todo.

Medidas fiscales insuficientes

Las medidas fiscales adoptadas inicialmente por el Gobierno español representaban alrededor del 3,5% del PIB, es decir, unos 37.000 millones de euros, estando sujetas a cambios tanto en la utilización como en la duración de éstas. Fueron complementadas con otras relativas a exenciones, aplazamientos, flexibilidad, ampliaciones de plazos o recortes en cotizaciones sociales o pagos de impuestos. Desde un punto de vista macro-financiero, a su vez, se tomaron iniciativas encaminadas a aliviar los problemas de liquidez de las empresas y familias españolas, con multitud de avales y líneas de crédito, pero sin garantizar ninguna renta, especialmente a los más vulnerables, mientras dure la pandemia en sus distintas oleadas. Y no nos engañemos, el fondo de recuperación europeo es un parche, cuyo impacto económico va a ser muy limitado, una vez que se haga inventario de los destrozos derivados de la covid-19.

En realidad, dicho fondo es una distracción de lo realmente importante: la austeridad masiva, que se mantiene. ¿Cómo es posible que en plena pandemia el consumo público de nuestro país apenas haya repuntado un 0,4% intertrimestral en el segundo trimestre? Simplemente, por el sacro santo mandamiento de mantener la austeridad fiscal por encima de todo, en un contexto donde los déficits presupuestarios se están disparando por la covid-19. Debido al gasto anticíclico y a los impuestos procíclicos, el presupuesto del sector público actúa como un poderoso estabilizador fiscal automático, por eso durante la recesión los déficits aumentan abruptamente. Si no fuera así acabaríamos en una Gran Depresión. La mejor política doméstica es la de buscar el pleno empleo y la estabilidad de precios, no la de perseguir déficits públicos o techos de deuda arbitrarios. El consumo público debería aumentar y mucho. Pero la realidad es que ni está ni se le espera.

Si esto no fuera poco, la situación en nuestra querida España se ve agravada por las sendas tomadas por nuestras élites a lo largo de nuestro pasado reciente, y avaladas en las urnas. El diseño que nos dimos como país hace tiempo que se tambalea, y sería necesario un nuevo pacto por nuestro futuro. El papel que nos 'asignaron' es inservible en los tiempos que corren. Por un lado, consolidó en nuestro país unas redes de poder especializadas en la extracción de rentas sin límites a la ciudadanía. Por otro, supuso una desindustrialización masiva, una tercerización de la economía y una bancarización excesiva. De aquellos barros, estos lodos.

Financiación destructiva

El problema de fondo ahora no es subir o bajar impuestos, sino terminar de una vez por todas con la austeridad fiscal. Quienes aún la siguen avalando no contemplaron, ni por asomo, la posibilidad de una recesión de balances, y/o una financiación destructiva, cargadas de caos y miseria. Lo más lamentable es que muchos responsables de la cosa pública aún siguen sin enterarse de lo básico. Los gobiernos no son ni familias ni empresas. Tienen el monopolio de crear dinero. El entorno actual permite aplicar otras políticas alternativas que no se están utilizando. Desde estas líneas no nos hemos cansado de proponerlas. ¡Es la hora de la economía política!

Permítanme dar un consejo final a aquellos que desde bambalinas mueven los hilos de la política de Sánchez. Hasta ahora todo parece cuadrar, un PP hundido electoralmente, el ascenso de Vox como reclamo masivo de votantes anti-trifachito, un Podemos atrapado en el Gobierno de coalición, y un Cs irrelevante electoralmente (por mucha encuesta trufada del CIS). Sin embargo, si al final no se protegen las rentas de los más débiles y no se apuntalan a nuestras pequeñas y medianas empresas, el ascenso de Vox podría descontrolarse. Y esa probabilidad no es baja.

Fuente: Vozpopuli

Las distopías literarias son un género muy joven. Y nació hace exactamente un siglo, en 1920, cuando la novela "Nosotros" fue escrita por el escritor ruso Yevgeni Zamiatin. Más tarde aparecieron otras distopías conocidas: "La fosa" (1930) de Andrei Platonov, "Un mundo feliz (Brave New World)" (1932) de Aldous Huxley, "La guerra de las salamandras" (1936) de Karel Chapek, "La granja" (1945) y "1984" (1948) de George Orwell, "451 grados Fahrenheit" (1953) de Ray Bradbury y demás.

Valentin Katasonov

CANAL

 

elespiadigital.com
La información más inteligente

El Tiempo por Meteoblue